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El Periódico Mediterráneo

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Enfermedad neurodegenerativa

Una enferma de 46 años con párkinson: "Todo comenzó con una pérdida de olfato"

El Hospital Clínic lidera un estudio internacional para identificar cuanto antes a las personas con más riesgo y alerta de que la anosmia, el estreñimiento, la depresión o los trastornos del sueño son síntomas previos a los problemas motores

Montse Cortijo, de 46 años y con párkinson, con su hija Martina. Jordi Otix

Montse Cortijo, de 46 años, tenía 32 cuando le diagnosticaron párkinsonNo dio importancia a los que fueron los primeros síntomas de esta enfermedad neurodegenerativa. "Al principio perdí el olfato. Además, en aquel entonces tenía un hijo de un año y, al darle la papilla, notaba que me temblaba la mano", cuenta esta barcelonesa.

Los médicos advierten de que, antes de tener problemas motores, los pacientes con párkinson desarrollan síntomas como la anosmia (pérdida de olfato), el estreñimiento, la depresión o las pesadillas. Por eso ahora el Hospital Clínic (Barcelona) lidera el estudio internacional 'Envejecimiento cerebral saludable' o 'HeBA' (por sus siglas en inglés, 'Healthy Brain Aging'), que busca información de 50.000 europeos sin problemas neurológicos de entre 50 y 80 años. El objetivo es identificar cuanto antes a las personas con un mayor riesgo de padecer párkinson. 

El diagnóstico que todo lo cambió

Montse achacaba aquel temblor en la mano tras darle de comer a su hijo al dolor que tenía en el hombro por sujetarlo pero, como este se intensificó, decidió ir al neurólogo. Le realizaron pruebas y le dieron el diagnóstico que todo lo cambió.

"Lo pasé bastante mal. No quería decírselo ni a mi familia, solo lo sabía mi marido y una compañera de trabajo. Pero al final debes aprender a vivir con esto y lo conté", relata. Montse era maestra de educación infantil, pero hace seis meses que le dieron la incapacidad absoluta. "El cambio fue bestial porque pasas a depender de la gente. Por ejemplo, a mí me encantaba conducir y ya no puedo. También acabé dejando el trabajo. Para mí lo más duro es depender de otras personas", añade. No llegó a tener depresión pero reconoce que, sobre todo al principio, lloró mucho.

"Pasas a depender de la gente. A mí me encantaba conducir y ya no puedo. Dejé el trabajo"

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A lo largo de estos 14 años, el párkinson de Montse ha ido avanzando. Los últimos años fueron muy duros: sus hijos tenían que ayudarla a levantarse de la cama, no podía ducharse ni vestirse sola. Pero una operación hace dos años la ayudó a mejorar. "Me colocaron unos electrodos que me dan unos pequeños impulsos porque el problema del párkinson es que las neuronas se van muriendo. He mejorado mucho, pero al menos ya puedo vestirme y ducharme sola. No puedo hacer otras cosas, como jugar a palas en la playa o nadar en la piscina", cuenta.

Los médicos creen que Montse desarrolló párkinson por una cuestión genética: su padre también lo sufría. Pero también sospechan que el estrés podría estar detrás de la enfermedad. "Dicen que el estrés puede ser un factor que despierte este gen", explica Montse. "Lo que me gustaría decirle a la gente es que el párkinson no es solo temblor. La lentitud, la rigidez, la pérdida de olfato son algunos síntomas aunque no haya temblor", dice. Ella acude cada seis meses al Hospital Clínic a hacerse pruebas y, una vez al año, le quitan líquido de la médula espinal y le hacen pruebas de memoria.

Adelantarse a la enfermedad

María José Martí es neuróloga de la Unidad de Párkinson y Trastornos del Movimiento del Clínic y la investigadora principal del estudio 'Envejecimiento cerebral saludable', en el que participan centros no solo de Barcelona, sino también de Luxemburgo e Innsbruck (Austria). "Con el párkinson ocurre como con muchas enfermedades neurodegenerativas: cuando se diagnostica, el paciente ya ha perdido un 60% de neuronas. Ya no podemos volver atrás. Sin embargo, hay medicamentos que sí podrían ser útiles si fuéramos capaces de diagnosticarlo antes", explica Martí.

Ese es el objetivo del estudio, que inicialmente consiste en un cuestionario web que las personas interesadas pueden responder en este enlace. Estreñimiento, depresión, pérdida de olfato o trastornos de la fase REM del sueño (pesadillas o hablar por la noche) son algunos de los síntomas que se presentan antes de los problemas motores del párkinson. "Buscamos ver si la población general presenta uno o muchos de estos síntomas que predicen la enfermedad y hacer una especie de paradigma que ayude a saber cuáles tienen más riesgo de desarrollar párkinson", cuenta la neuróloga.

El párkinson comienza a desarrollarse "unos 20 años antes", aunque "no da la cara hasta que hay muchas neuronas perdidas"

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Solo un 10% de los menores de 40 años tienen párkinson, pero la incidencia es de 800 casos por 100.000 habitantes en las personas de 80 años. Hay un porcentaje muy bajo de personas que lo heredan, aunque si tienes familia con párkinson corres mayor riesgo de desarrollarlo. Es, dice Martí, "una enfermedad de gente mayor", pero "probablemente comienza a desarrollarse 20 años antes", aunque "no da la cara hasta que hay muchas neuronas perdidas".

Por ejemplo, uno de los síntomas más significativos del párkinson es la pérdida de olfato. Un 80% de los pacientes con párkinson la sufren desde hace años. Otro 50% de estos enfermos tienen trastornos de sueño. "La gente no da importancia a lo de hablar por la noche y eso podría ser un síntoma", advierte la doctora. Este año, calcula, estarán listos los resultados del estudio.

Tratamiento

El párkinson no tiene cura y, por ahora, solo se tratan sus síntomas. Según Martí, en los últimos años, se hicieron varios estudios para buscar las causas de la enfermedad, por ejemplo, la genética. "Pero han sido muy poco efectivos y siempre llegamos muy tarde para curarlo", concluye esta médica.

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