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Incendios forestales

La vida tras un gran incendio forestal

Vecinos y visitantes de Casas de Miravete (Cáceres) tratan de recobrar la normalidad rodeados de un paisaje arrasado por el fuego. Los daños son importantes en sus aledaños y cunde la sensación de que Monfragüe se antepuso a sus casas

La vida tras un gran incendio forestal

La vida tras un gran incendio forestal. EL PERIÓDICO DE EXTREMADURA

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La vida tras un gran incendio forestal. Rocío Cantero

"Yo esto ya no lo voy a volver a ver verde. El último incendio que recuerdo aquí fue hace 30 años y ya se había recuperado", dice Mercedes Vaquero. Se afana limpiando con una manguera y agua a presión el patio de la casa de su hermana. Es una de las últimas de Casas de Miravete (Cáceres) y mira al pico del que toma el nombre el pueblo. La ubicación era ideal hasta hace una semana; pero la estampa ha cambiado en ese tiempo y al levantar la mirada desde la piscina, lo que antes era una idílica vista, ahora lo domina la negrura que ha dejado a su paso el mayor incendio forestal en lo que va de verano: 3.239 hectáreas arrasadas. La imagen provoca desolación. 

La misma negrura que enmarca su patio ahora rodea al pueblo, en algunos puntos muy cerca de las casas; y también la misma desolación recorre sus calles, mientras comienzan a evaluarse los daños. "Han desaparecido merenderos, se ha quemado la dehesa boyal y estamos reponiendo tuberías de agua que se han visto afectadas. Hemos tirado alcornoques que estaban quemados y suponían un riesgo. Nos queda tiempo aún para recuperar la normalidad", dice Juan Luis Curiel, el alcalde de esta localidad. Calcula que 1.800 hectáreas de las más de 3.200 quemadas por este fuego corresponden a su término municipal.

Tres días desalojados

Aún huele a humo. Es miércoles 20 de julio y los vecinos de Casas de Miravete llevan ya dos días de vuelta a sus viviendas, tras pasar tres desalojados por el fuego. Empiezan a digerir la secuencia que vivieron en la tarde del 14 de julio y sobre todo en la madrugada del viernes 15, cuando todo se precipitó y les obligaron a dejar el pueblo; pero todas las conversaciones giran aún en torno a ese momento. 

Mercedes Vaquero limpia el patio de su hermana de restos de cenizas. / SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

Mercedes Vaquero fue de las últimas en irse. Aguantó hasta el último momento porque no quería mover a su madre, que tiene 89 años. Ambas estaban pasando una temporada en el pueblo, como todos los veranos. Pero cuando el desalojo era inevitable ya, cogió el coche y se fueron a Almaraz, y luego de ahí a Cáceres, donde vive la mujer. "Fue horrible, en 15 minutos vi cómo corría el fuego", dice señalando al pico de Miravete

"El último incendio que recuerdo fue hace 30 años. Ya estaba igual; y ahora esto. Ya no lo veo más verde" Mercedes Vaquero - Veranea en Casas de Miravete

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Esa noche de premura por las llamas, el sentimiento imperante era la preocupación; pero ahora los ánimos oscilan entre el alivio porque no hay daño a las viviendas y la indignación, porque faltó poco. Muchos creen que les abandonaron para centrar los esfuerzos en el Parque Nacional de Monfragüe, hacia donde se dirigía el fuego en las primeras horas. "Hubo tres puntos en la zona de la montaña (de Miravete) durante todo el día. Y esos tres puntos fueron los que luego corrieron hacia el pueblo por la noche, en cuanto cambió el viento", dice un vecino. "Veías pasar los helicópteros y ninguno descargaba ahí, todos seguían hasta Monfragüe. Nos abandonaron", repiten otros. 

De lo que no tienen duda en el pueblo es que el incendio ha tenido detrás la mano del hombre, que fue intencionado y que tiene que ver con las limitaciones que impone el parque nacional a las actividades en algunos de esos territorios tanto dentro del espacio protegido como en sus inmediaciones. "Por la zona en la que comenzó el fuego, en la antigua N-V, no pasa nadie; y menos a las cuatro de la tarde en un día que hay 43 grados. Era el sitio perfecto para hacer algo así", dicen varios allí.  

"Económicamente es un palo. Entre animales, alambrada y el pasto perdido, puede haber 20.000 euros" Juan Carlos Grande - Vecino de Casas de Miravete

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El origen de este incendio en todo caso aún se desconoce, según confirmó la Consejería de Agricultura. Se está investigando por el Infoex y después se remitirán los datos recabados a la Guardia Civil, como es habitual en todos los incendios de gran dimensión. De momento están abiertas "todas las opciones", lo que supone que se desconoce el origen, pero también que no está descartado que la mano del hombre estuviera detrás, ni que fuera intencionado. Según datos del Ministerio del Interior, el 30% de los incendios son provocados de forma deliberada.

No está extinguido

El fuego de Casas de Miravete ya está controlado pero no extinguido y por tanto se mantienen los trabajos para acotar las reactivaciones que s pueden producir y seguir refrescando el terreno, labores que llevarán aún tiempo. En lo que hasta hace unos días acogió el puesto de mando de este incendio están a primera hora del pasado miércoles varios retenes del Infoex de Serradilla, Malpartida de Plasencia y Torrejón, y dos agentes del medio natural. Organizan las labores de vigilancia de esa mañana, que se centrará en varios puntos estratégicos del puerto. "Estos trabajos durarán muchos días, igual que en Las Hurdes (el otro gran incendio de lo que va de verano) porque el viento puede avivar una zona y que se reproduzca", dice María Madruga, la agente.

En uno de esos retenes está Florentino Ribela, que hace funciones de bombero forestal desde hace 30 años y en la última semana ha estado en distintos puntos de Casas de Miravete en jornadas sofocantes que llegaron a ser de 17 horas. "Con la ola de calor y el combustible que había, era pólvora", dice.  

El fuego ha quemado unas 1.800 hectáreas de Casas de Miravete con merenderos, su dehesa boyal...

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También coincide en ese análisis Víctor Gómez, bombero forestal de Jarandilla. Reconoce que ante esos incendios, la sensación que tienen es "de impotencia". "Tienen mucha violencia por la carga de combustible; y da pena porque las capacidades de extinción que tenemos son limitadas". Expresa que en las últimas semanas han tenido que trabajar en condiciones "extremas" allí por el calor y que le "dolía" ver a compañeros de más 60 años en unas condiciones físicas tan duras. Por eso se muestra también indignado con el origen intencionado que él también aprecia en muchos fuegos: "Que en una situación tan grave de incendios haya gente que sigue creando incendios, no lo puedo entender; y da mucha impotencia", subraya en varios momentos. 

La mañana en Casas de Miravete ya avisa de que en las horas centrales el calor apretará. En un corro en la plaza de la iglesia habla a la sombra con otros vecinos Ana García, que vive en Madrid pero está pasando el verano en el pueblo, como suele hacer. El tema inicial de conversación no era el incendio, pero salta rápido. Cuando se originó, Ana estaba sola con sus dos nietos. Fue uno de ellos el que le contó que había un fuego cerca. "No tenía coche y me asusté", reconoce. De hecho cuando llegó el desalojo, ella llevaba ya varias horas en un hotel de Navalmoral de la Mata con los dos niños, gracias a la ayuda de un vecino. Luego siguió hasta Madrid y volvió el lunes, cuando se permitió el regreso de los 10 pueblos evacuados por los incendios, tres de ellos a causa de este. "Fueron días desesperantes porque vas hablando con la gente del pueblo, pero no lo ves", reconoce. Sabía que no había daños en las viviendas, pero reconoce que al regresar a Casas de Miravete, le impactó la estampa: "Cuando sales de la autovía (A-5) y ves como está todo, es desolador", dice.

Indignación en Casas de Miravete

 En el otro extremo, el de la indignación, está María José Fernández, vecina desde hace 18 años de Casas de Miravete. Se le quiebra la voz y sostiene que el espacio protegido se antepuso al pueblo hasta que las llamas amenazaron con asaltarlo; pero resalta, eso sí, la gestión de los voluntarios de Cruz Roja y de los vecinos de Almaraz, tras quedar alojados allí provisionalmente. "La atención fue de diez", repite varias veces.

José María Felipe, en su tienda de Casas de Miravete. / SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

"Los vecinos lo llevan mal. Los hay asustados y también indignados; y es normal" José María Felipe - Tiene una tienda de alimentación en Casas de Miravete

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En la tienda de alimentación Las Casas del Puerto, la caja en la que cobra José María Felipe hace también estos días de diván. Todo el pueblo pasa por allí y nadie sale sin comentar lo último del incendio. "Los vecinos lo llevan muy mal porque hay gente que ha perdido muchas tierras y también animales. Es un palo muy gordo. Los hay que están asustados; también hay gente indignada y es comprensible, porque están convencidos de que cuando más falta hacían los medios aquí, se los llevaron a Monfragüe. Es entendible esa sensación que tienen de abandono", dice.

480 hectáreas en Monfragüe

En las primeras horas, el incendio avanzó hacia los terrenos del parque nacional, donde se estima que han ardido finalmente unas 480 hectáreas. El dato definitivo se conocerá una vez que esté extinguido el fuego. Entonces se dará a conocer además el informe en el que trabajan en la consejería de Transición Ecológica sobre el "impacto" en Monfragüe: tanto los daños como sus efectos sobre la fauna y la flora allí. Está por ver también si deja alguna huella en el turismo. La zona afectada está lejos del corazón del espacio protegido, pero en el sector turístico hay preocupación.  

También hace recuento de daños en su parcela Ángel Aguilar. No sabe ponerle cifra, pero a la vista está que son importantes. El terreno está a unos 500 metros del pueblo, en una zona que se conoce como Revuelo, cerca de un mirador de estrellas que tiene allí la Junta de Extremadura. El fuego ha arrasado el gallinero y a 60 gallinas, 40 de ellas ponedoras; y también conejos. 

"No sé cómo ha entrado el fuego pero el gallinero parecía que había explotado", dice. No queda ni un muro en pie de esa construcción y además ha destruido el almacén en el que tenía más de 100 kilos de pienso ("había comprado más porque tuve la covid hace poco y me dio miedo que si empeoraba y me tenían que ingresar, no hubiera alimento para mis animales", cuenta). A su lado aún se ven los restos derretidos de lo que fue el bidón de agua y la conducción que se la lleva a su terreno desde el pueblo. Pero paradójicamente, y en medio de la destrucción, el hecho de que el fuego fundiera el bidón y la canalización de agua salvó a sus perros, porque les aportó agua en lo más tórrido de la ola de calor hasta que la Guardia Civil permitió a Ángel acceder. "Los estoy tratando porque me ha dicho el veterinario que los perros tienen mal los pulmones por el humo", dice. 

Juan Jesús Alonso, director de la residencia de mayores de Romangordo. / SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

"Había nerviosismo entre los mayores y estaban también desorientados, pero el desalojo era normal, había mucho humo" Juan Jesús Alonso - Dirige la residencia de mayores de Romangordo

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Muy cerca está una de las fincas en las que tienen vacas, ovejas y cochinos los hijos de Juan Carlos Grande. Han perdido una treintena de ovejas y un caballo, que estaban en la zona más baja de la finca, con zarzas y maleza. En la otra zona hay ovejas con pezuñas quemadas, pero han podido esquivar las llamas. 

"Económicamente es un palo", dice; porque entre animales, alambradas, el pasto quemado... hay unos 20.000 euros, calcula. Y sobre la causa de la rápida propagación de las llamas, no tiene duda: "Las parcelas en las que hay ganado, se han salvado; las que no, están arrasadas. El abandono del campo echa combustible", dice.

El avance del fuego

Desde Casas de Miravete, el fuego siguió avanzando primero en dirección a Jaraicejo y después hacia Romangordo, tras un cambio de viento que lo hizo correr hacia la autovía A-5, un día después del desalojo de Casas de Miravete. A la noche siguiente, los que salían eran los pueblos de Romangordo e Higuera de Albalat. También allí la comidilla sigue siendo el incendio, pero el tono es bastante diferente. Todos resaltan el sobresalto por la evacuación repentina de madrugada a causa del humo, y el lamento por los daños para los vecinos de Miravete. "Se han quemado algunos cercados y alcornoques, pero ha sido más el susto", reconoce Florencio Melo, vecino de Romangordo.

Lo más complicado allí fue la evacuación de las 47 personas que hay en la residencia de mayores, que ya están de vuelta. "A las 23.30 vi el fuego y me pareció que estaba controlado, pero a las 12.30 me llamaron que nos evacuaban", recuerda Juan Jesús Alonso, director de la citada residencia. Avisó a las dos trabajadoras de guardia para que empezaran a preparar la medicación y a las compañeras para que acudieran a ayudar. También se unieron algunos vecinos y enseguida empezaron a salir ambulancias con los mayores a su destino en las residencias de Cáceres y Villanueva de la Serena, de donde volvieron el martes. "Había nerviosismo y estaban desorientados. Pero entiendo que evacuaran porque empezó a venir mucho humo", apunta.

Normalidad restablecida

Al mismo tiempo desalojaron también Higuera de Albalat porque el humo comenzó a invadir también el pueblo. Las llamas en ese caso se quedaron lejos y ahora el incendio, y el susto del desalojo a horas intempestivas, prometen convertirse en la anécdota del verano. 

Raquel Jiménez, dinamizadora turística de Higuera de Albalat. / SILVIA SANCHEZ FERNANDEZ

"Es la comidilla y va a ser el tema de conversación en las fiestas en unos días" Raquel Jiménez - Dinamizadora turística en Higuera de Albalat

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Allí reina la normalidad. Esta semana se ha abierto la inscripción aplazada por el incendio para un viaje a Toledo, que ha cubierto todas las plazas en pocas horas. "Y en dos semanas son las fiestas del pueblo. Este año no hay duda de cuál será el tema de conversación", dice Raquel Jiménez, la dinamizadora turística del municipio. La vida sigue, también después de un gran incendio forestal; aunque lo hace a distintas velocidades.

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