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Maniquíes médicos

No están vivos, pero salvan vidas: simuladores que hacen más humana la medicina

Hechos en la localidad alicantina de La Romana, estos muñecos hiperrealistas -con arrugas, manchas, sobrepeso o rasgos étnicos diversos- están revolucionando la formación sanitaria en hospitales y universidades de todo el mundo. Lejos del maniquí plástico tradicional, estas cubiertas de silicona permiten a los profesionales enfrentarse a pacientes que se parecen mucho más a los reales

Simuladores hiperrealistas made in Spain que llegan a todo el mundo

Pilar Cortés

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Sara Rodríguez

Paul tiene la piel curtida y surcada por arrugas profundas. Dorothy cuenta con lunares en el cuerpo y el pelo blanquecido. Bob recuerda a cualquier abuelo de barrio. Esther tiene los ojos achinados y el rostro moreno. Hay pieles claras, oscuras y tonos intermedios; rostros con pliegues reales, cicatrices, manchas, incluso hasta se les marcan las venas.

Ninguno de ellos está vivo, pero todos han sido creados con un mismo propósito: que los médicos del presente y, sobre todo, del futuro, los traten como si lo estuvieran. Son algunos de los simuladores hiperrealistas desarrollados por Raúl Rodríguez, un ingeniero chileno con pasado en Hollywood -trabajó en efectos especiales de películas como 'Terminator 3', 'Gravity' o 'The Shape of Water'- que hoy lidera un proyecto que diseña cubiertas de silicona que se colocan sobre maniquíes médicos para humanizar la práctica clínica.

"Cuando los residentes practican con un simulador que realmente se parece a un paciente, no solo aprenden la técnica. Aprenden a mirar diferente", explica Raúl. Y es que esas cubiertas no son simples pieles: tienen textura, arrugas, manchas, tono y volumen realistas. Representan personas mayores, con sobrepeso, de distintas etnias y rasgos físicos, todo lo que rara vez ofrecen los maniquíes tradicionales. "La mayoría de los simuladores son cuerpos jóvenes, musculados, irreales. Pero en los hospitales, lo que te encontrás la mayoría de veces son pacientes mayores, obesos, con dificultades reales para ser explorados", dice.

Se adaptan al maniquí

Ahí es donde entra su proyecto 'Emulant'. Estas cubiertas no solo aumentan el realismo visual y táctil, sino que están pensadas para ser funcionales. Permiten medir constantes vitales como el electrocardiograma, y se adaptan sin interferencias a maniquíes de última generación que pueden costar entre 20.000 y 50.000 euros. Aportan diversidad, realismo y sobre todo, algo que Raúl repite con insistencia: empatía.

"Una cosa es saber la teoría, pero cuando estás frente al paciente todo cambia", señala. "La simulación permite ensayar situaciones reales, no solo técnicas, también emocionales. La idea es que cuando lo hagas en la realidad, no parezca que sea la primera vez".

Para su creador, aportan algo fundamental en la medicina de cara al paciente: la empatía

Para lograrlo, Raúl se inspira en rostros reales, desde vecinos del pueblo alicantino de La Romana, hasta personas anónimas que ha conocido en su vida o estudiado a través de imágenes. "Cada cara tiene una historia. Yo intento que el muñeco la cuente", afirma.

Por todo el mundo

Los resultados del proyecto ya se están viendo. Sus cubiertas se utilizan en centros de simulación médica de todo el mundo: desde hospitales en Emiratos Árabes, Irlanda o Australia, hasta universidades en Estados Unidos, Reino Unido y España, como la Universidad de Alicante, la UCAM de Murcia, la Universidad de Lleida o el Hospital General de Alicante, donde nació el proyecto en colaboración con el laboratorio Simialab. Raúl destaca especialmente la alianza con la Escuela de Enfermería de la Universidad de Alicante, que ha sido clave para el desarrollo y prueba de sus diseños. "Gracias a ellos pudimos probar los prototipos en entornos reales de formación, ver cómo reaccionaban los alumnos, y ajustar cada detalle para que sirviera de verdad en la enseñanza clínica", dice.

Y los estudiantes lo notan. El realismo favorece la inmersión y mejora la calidad del aprendizaje. "Se meten más en el rol. Empiezan a tratar al muñeco como si fuera una persona. Ahí es donde empieza a formarse un profesional con sensibilidad, no solo con técnica", afirma Raúl.

En un mundo donde la tecnología médica avanza con rapidez, este proyecto recuerda algo esencial: la medicina sigue siendo una relación entre personas. Y si un muñeco de silicona puede ayudar a que ese vínculo se forme desde la primera clase... entonces, como resume Raúl, se trata de empezar a salvar vidas antes incluso del primer paciente real.

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Fuente: Información

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