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Manuel Fernández, arquitecto y propietario de una casa pasiva: "Sin calefacción estamos todo el año a 21 ºC"

Manuel e Inma son de las pocas personas en Galicia que pueden decir que viven en una casa pasiva. Estas casas, que obtienen una certificación oficial, pueden llegar a ser energéticamente autosuficientes, por lo que también son más sostenibles

Manuel e Inma, en su casa.

Manuel e Inma, en su casa. / Cedida

Noela Vázquez Dosil

Después de que sus hijos se independizasen, Manuel Fernández Vivero y su pareja, Inma, optaron por mudarse a una casa más pequeña. Es, a simple vista, una decisión habitual para muchos padres, pero en el camino ellos se encontraron con un concepto que lo cambió todo: las casas pasivas. Su hogar, «Casa Pontigo», es una de las pocas viviendas en Galicia que cumplen con el estándar para ser considerada como tal. Para Manuel, que se sacó el certificado para ser diseñador de este tipo de viviendas, después de haber probado las ventajas de vivir en un inmueble con un consumo casi nulo, ahora ya no hay vuelta atrás.

—¿En qué momento decide optar por una casa pasiva?

Conocí el mundo de las casas pasivas por un cambio de trabajo. Trabajaba en la banca, en el departamento de inmuebles, y después regresé a la construcción. La más tradicional ya la conocía, y un día, como ya teníamos pensado cambiar de casa, conocí las casas pasivas y me pareció muy interesante. Optamos por esta opción porque son casas de consumo energético casi nulo, y decidimos hacerla en madera porque es una construcción más rápida y efectiva.

—¿Cuánto tardó en construirse?

La casa completa fueron 13 meses. No es modular, pero está hecha con módulos de madera, toda de pino gallego, de la fábrica de Finsa Xilonor. Y, además del tiempo, la generación de residuos es mucho menor que en una casa tradicional.

La casa de Manuel e Inma.

La casa de Manuel e Inma. / Cedida

—¿En qué nota la diferencia?

Sobre todo en el confort térmico. No tenemos calefacción en casa. Solo por el aislamiento y las condiciones de hermeticidad, el interior conserva una temperatura uniforme todo el año, de 20, 21 o 22ºC. No encendemos el sistema de climatización, solo en los días más calurosos, para enfriar. Además, la casa está continuamente renovando el aire sin necesidad de estar abriendo las ventanas, y pasa a través de unos filtros, por lo que dentro de casa es de mejor calidad.

—Entonces, también lo notan en la factura de la luz...

Lo notamos muchísimo. Dentro de las casas pasivas hay tres clasificaciones. La Premium es totalmente autónoma, y tiene que producir cuatro veces más energía de la que necesita. Después está la Plus, que es prácticamente independiente pero tiene que estar enganchada a la red; y por último la Classic. En nuestro caso es Plus, y tenemos unas placas fotovoltaicas y unas baterías que nos permiten tener autonomía. Estamos pagando al mes 20 euros en energía, pero esos 20 euros son fijos, de mantenimiento, porque no consumimos nada. Nos autoabastecemos.

—Me imagino que, como todo, también debe tener inconvenientes…

Con respecto a una casa tradicional, que yo también construyo, para mí son todo ventajas. No le veo inconveniente.

—¿Y el mantenimiento de la madera? Es una cuestión que a veces hace que la gente sea reticente a usarla.

La casa se conforma de dos partes de madera. Hay una parte estructural, que soporta la casa, y a la que nunca le llega el agua porque está protegida por una lámina exterior. Después, hay una segunda capa, que es la que está expuesta, en la fachada. Pero a la madera, en realidad, no le pasa nada, porque lleva un tratamiento para protegerla. Ahora, después de tres años, vamos a volver a aplicar el tratamiento, pero igual que se haría en cualquier otra obra de mantenimiento de otra casa.

—Y para terminar, ¿qué le diría a alguien para convencerlo a optar por una casa pasiva?

Pues sobre todo que se informe muy bien, que escuche las experiencias de quienes vivimos en casas pasivas. El sobrecoste que pudiese tener es insignificante comparado con la calidad de vida que da. A mí no me gustaría vivir en una casa que no sea pasiva. Incluso me planteo que, si nos fuésemos para un piso, lo convertiríamos en pasivo. La diferencia es mucha.

En Galicia hay 31 proyectos con certificado de Casa Pasiva

Las casas pasivas son viviendas con un consumo energético muy bajo, «casi cero», en las que apenas se necesita ni calefacción en invierno ni refrigeración en verano gracias a los materiales escogidos y al diseño arquitectónico. Así lo explica la delegada en Galicia de la Plataforma de Edificaciones Passivehause, Marta Trigás, arquitecta y diseñadora certificada de este tipo de inmuebles afincada en A Coruña.

A su juicio, este consumo tan reducido es, precisamente, el que hace que la diferencia de precio entre una casa tradicional y una pasiva sea casi mínima. De hecho, hay estudios que señalan que «el pequeño esfuerzo que se puede hacer en la construcción se amortiza en cuestión de 8 o 10 años», explica.

Además, al ser más eficientes, son más sostenibles, y «su huella ecológica es inferior a la de las casas tradicionales», asegura.

Estas casas, que deben seguir unos estándares muy concretos, reciben una certificación oficial, y actualmente, en Galicia, solo disponen de ella 31 proyectos, que ocupan una superficie conjunta de 11.013 metros cuadrados. En todo caso, tal y como explica Trigás, en la práctica probablemente haya más casas pasivas que cumplen con el estándar técnico pero que no han pedido este certificado y que, por ende, no forman parte del recuento oficial.

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