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Muere Mamba, la pantera negra del Bioparc, tras casi dos décadas en el parque

El emblemático leopardo llegó en 2008 y se convirtió en uno de los grandes símbolos del centro de conservación

Vídeo: Fallece Mamba, la histórica pantera negra del BIOPARC Valencia

Bioparc

Fede Navarro

Fede Navarro

BIOPARC Valencia vive estos días uno de esos momentos que recuerdan que la conservación también implica despedidas. La muerte de Mamba, la pantera negra que durante casi dos décadas fue uno de los animales más emblemáticos del parque, ha generado una lógica conmoción entre el equipo que la ha cuidado y entre los visitantes habituales. Tenía más de 20 años, una edad excepcional para su especie, y ha fallecido a causa de una insuficiencia renal asociada al desgaste propio de la vejez.

La noticia se ha recibido con tristeza, aunque también con la tranquilidad de saber que Mamba ha disfrutado de una vida larga y de calidad, marcada por la atención constante y el bienestar animal como prioridad.

Una despedida que forma parte del ciclo natural

El fallecimiento de Mamba llega en un año especialmente intenso para BIOPARC Valencia. A lo largo de 2025, el parque ha celebrado varios nacimientos relevantes para la conservación de especies amenazadas, pero el paso del tiempo también deja su huella. En este contexto, la pérdida de la pantera negra recuerda que la protección de la biodiversidad incluye tanto los comienzos esperanzadores como los finales inevitables.

Mamba formaba parte del Programa Europeo de Especies en Peligro (EEP) del leopardo (Panthera pardus kotiya), una iniciativa internacional destinada a garantizar la supervivencia de una especie cuya situación en libertad continúa siendo muy delicada.

BIOPARC Valencia se despide de Mamba, la pantera negra que marcó a toda una generación de visitantes

BIOPARC Valencia se despide de Mamba, la pantera negra que marcó a toda una generación de visitantes / Bioparc

De Francia a Valencia: una vida bajo cuidados constantes

La pantera llegó a BIOPARC Valencia procedente del Zoo de Pont Scorff, en Francia, cuando apenas tenía dos años. Desde entonces, el equipo del parque pudo seguir de cerca su evolución, su carácter tranquilo y la elegancia que la convirtió en una de las figuras más reconocibles del recinto.

Gracias al seguimiento veterinario periódico, se detectó a tiempo un tumor maligno, lo que permitió realizar dos intervenciones quirúrgicas que lograron extirparlo con éxito. Sin embargo, en los últimos meses, las secuelas y el deterioro propio de su condición geriátrica fueron agravándose. La insuficiencia renal avanzó sin posibilidad de mejora y, finalmente, se tomó la difícil decisión de practicar la eutanasia para evitarle sufrimiento.

Orgullo profesional pese a la tristeza

Para el personal de BIOPARC, el sentimiento predominante es la tristeza, pero también el orgullo profesional. Mamba superó ampliamente la esperanza de vida media de los leopardos en estado salvaje, situada entre los 10 y 12 años, algo poco habitual incluso en entornos controlados. Lo hizo, además, disfrutando de un entorno adaptado a sus necesidades y de cuidados especializados durante toda su vida.

Este hecho refuerza la labor del parque como centro de conservación y divulgación, con el objetivo de acercar al público la importancia de proteger la fauna salvaje y sus ecosistemas.

Mamba, la hembra de leopardo negro de Bioparc.

Mamba, la hembra de leopardo negro de Bioparc. / Felipe Del Barrio

Panteras negras: un leopardo con melanismo

La historia de Mamba también ha servido para acercar al público el conocimiento sobre las panteras negras. Lejos de ser una especie distinta, se trata de leopardos con melanismo, una mutación genética que provoca el color oscuro del pelaje. Bajo ciertas condiciones de luz, incluso pueden apreciarse las manchas características de la especie.

El leopardo figura en la Lista Roja de la UICN y ha sufrido un descenso de población cercano al 30 % en las últimas dos décadas, además de haber desaparecido de más de una veintena de países donde antes estaba presente.

La marcha de Mamba deja un vacío evidente en BIOPARC Valencia, pero también un legado claro: el de un animal que ha contribuido a sensibilizar sobre la conservación de una de las especies más imponentes y amenazadas del planeta.

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