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Familias que deciden no celebrar Papá Noel: «Hay que pararse a pensar qué queremos en vez de dejarse llevar por la corriente»

Algunas familias no reciben la visita de este personaje, pero celebran la Navidad igualmente a su manera. Según afirma el psicólogo infantojuvenil Lois Fernández, creer en estos seres mágicos fomenta el desarrollo cerebral. Otras voces, en cambio, defienden que no es necesario

Familia decorando el árbol de Navidad en una imagen de archivo.

Familia decorando el árbol de Navidad en una imagen de archivo. / Envato

Uxía Miranda

Miles de niños y niñas están pendientes estos días de la cuenta atrás hasta la esperada Navidad y todo lo que eso conlleva; especialmente, la visita de Papá Noel. Muchos habrán escrito ya la carta, otros estarán repasando por enésima vez el catálogo de juguetes. Pero no todos los hogares llevan a cabo este ritual.

Algunas familias deciden que este ser mágico no haga parada en su hogar, sino que son ellas mismas las que toman las riendas del proceso y deciden implicar en ello a sus hijos. Una forma de celebrar estas fiestas que, a ojos de la asesora de crianza Iria de Cal, consiste en «encontrar una Navidad acorde a tus valores».

Ella misma optó por no hacerle creer a su hija, actualmente de 10 años, en la existencia de Papá Noel o de los Reyes Magos. «Es algo que si no te planteas y te dejas llevar, entras de lleno, pero a lo mejor no va contigo», explica, «a lo mejor no va contigo dar 300.000 regalos a tus hijos o no va contigo celebrar nada que ver con la religión y el catolicismo. A lo mejor lo que quieres celebrar es un cambio de estación porque hay un solsticio en esta época del año. Hay que pararse a pensar qué queremos en vez de dejarse llevar por la corriente».

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De Cal es una de las gerentes del espacio Arkhé Educativo, ubicado en A Coruña, donde imparte diferentes talleres y dirige el Grupo de Crianza. Fue en este donde dio hace un tiempo una charla a otras madres sobre esta cuestión navideña. Andrea Muras fue una de las asistentes y, como cuenta a FARO, le sirvió de inspiración para dar el salto a vivir las navidades de una forma diferente.

«Iria dijo algunas cosas que resonaron mucho con lo que a mí me gustaría que fuera la Navidad, así que decidí, junto con mi pareja, empezar a poner en práctica cosas que veíamos que podían encajar con nuestra familia», expresa.

Tienen dos hijos, pero el más mayor aún tiene solo cuatro años, así que la aplicación de estas técnicas será adaptada a sus edades y muy progresiva: «Si tienes un niño no le dices que Spiderman es mentira, no vamos a hacer eso. Lo que vamos a hacer es simplemente tratar a Papá Noel, los Reyes o el Ratoncito Perez como cualquier otro personaje de ficción. Podemos ver películas sobre ellos, leer cuentos e intentaremos hacerlo todo de la forma más natural».

El pensamiento mágico

Cuando las familias deciden fomentar la fantasía de la existencia de estos seres, el motivo suele ser, además de mantener viva una tradición longeva, el querer preservar una magia que solo existe durante la infancia. Un pensamiento mágico que, desde la perspectiva del psicólogo gallego Lois Fernández, especializado en público infantil, «tiene muchísimos beneficios para el desarrollo del cerebro» y no solo está «necesariamente ligado a la infancia», sino a la propia humanidad.

Madre e hija preparando regalos de Navidad.

Madre e hija preparando regalos de Navidad. / Envato

«Igual que todas las culturas en todo el mundo y en todas las épocas han tenido música, absolutamente todas tienen también pensamiento mágico; todas tienen dioses o mitología para explicar las cosas que no comprenden», afirma Fernández, apostillando que los adultos también tenemos «ilusión», hasta en los casos que parecen más anodinos: «Es imposible pensar en un ingeniero que intenta crear una máquina para hacer un servicio que ahora mismo no se cubre sin ese pensamiento mágico de ‘a lo mejor yo soy capaz de crear algo que no existe’».

«Igual que todas las culturas en todo el mundo y en todas las épocas han tenido música, absolutamente todas tienen también pensamiento mágico; todas tienen dioses o mitología para explicar las cosas que no comprenden»

Lois Fernández

— Psicólogo

Por ello, considera que es «muy interesante» que los niños tengan la magia presente, ya que es necesaria para «imaginar cuestiones que no comprenden y que en el futuro serán cuestiones tangibles». Siempre y cuando se tenga en cuenta, por su puesto, su nivel de desarrollo madurativo o su edad.

«Una de las cosas más guays de la Navidad es que nos ayuda a pertenecer a una cultura, a un grupo. Nos iguala de alguna forma», apunta el terapeuta, «si le comunicamos al niño demasiado tarde y está conviviendo con iguales de una edad avanzada, lo estamos colocando en una posición de desventaja respecto a los demás».

La asesora de crianza Iria de Cal mantiene una posición diferente al respecto. Para ella, la idea de que «hay que crear ilusión y conseguir que mi hija viva una infancia mágica» a través de cosas como el Elfo de Navidad o Papá Noel supone «más carga mental» para las madres. Lo que defiende es buscar formas alternativas de generar esa ilusión.

«Nosotros hacemos un calendario de Adviento, al que llamamos calendario de solsticio, y cada día hasta Navidad tiene una cosa diferente. ¿Qué más ilusión hay que levantarse por las mañanas e ir a verlo? Por supuesto, no es un juguete lo que hay dentro. Un día fue hacer figuritas de Navidad con masa de sal; en otro tenemos puesto que escribiremos postales y las dejaremos en buzones, portales o parabrisas de desconocidos. Cada día mi hija encuentra una ilusión y sabe que lo hace su madre», relata.

Andrea Muras se ha propuesto llevar a cabo esta misma iniciativa para regalarle a su retoño «experiencias y planes en familia»; ese tiempo de calidad del que tanto se habla hoy en día y que el psicólogo Lois Fernández también pone de relieve en estas fiestas. «Parece que la sociedad funciona tan rápido que lo estamos extendiendo a la crianza. Y lo importante de la Navidad no son los regalos, sino sentarse con tu hijo a elegirlos. Lo importante es todo lo que sucede alrededor».

La conversación

Puede que muchos padres estén leyendo estas líneas temiendo que llegue el día en el que Papá Noel deje de visitar también sus hogares porque los niños lo descubran. O bien por un despiste, o porque ya son suficientemente mayores y se dan cuenta, o porque alguien en el colegio se lo ha dicho y les ha dejado con la mosca detrás de la oreja. El momento de hablarlo puede ser doloroso. En parte, porque significa que la infancia va dando paso a otras etapas.

La propia Andrea Muras recuerda con desagrado cómo fue el momento de saber lo que ocurría con la Navidad. «Noté que cuando supe la verdad fue como si mis navidades acabasen ahí y eso me da mucha pena», confiesa. Quiere que sus hijos «cuando se den cuenta, no se les vaya la Navidad abajo, sino que, como ya va a tener sus tradiciones y sus cosas, la sigan viviendo con la misma ilusión porque siempre la vivieron así».

«Noté que cuando supe la verdad fue como si mis navidades acabasen ahí y eso me da mucha pena»

Andrea Muras

«A veces como padres, sin querer, proyectamos en los niños nuestras propias inquietudes y nuestras propias preocupaciones», analiza el especialista Lois Fernández. Esto quiere decir que «ellos no tienen por qué sufrir lo que nosotros tal vez sufrimos en el pasado y seguro que tenemos muchas más herramientas de las que tuvieron nuestros padres para gestionar la situación».

Con todo, defiende que «igual que no tiene sentido no enamorarse por si en algún momento te rompen el corazón, no tiene sentido rechazar toda la parte positiva que viene asociada a la Navidad, a la ilusión, al pensamiento mágico, por si en algún momento hay que afrontar el momento de ruptura».

Cuando la leyenda no está instaurada en casa, la conversación puede ser, precisamente, por qué en otros hogares sí viene Papá Noel, como es el caso de Iria de Cal. «A mi hija y a mí nos encanta la Navidad, es una época preciosa para nosotros, y ella no entiende que haga falta mentir para que sea bonita».

En cualquier caso, estamos inmersos en una de las épocas más especiales del año y, sea de la forma que sea, la magia es capaz de inundarnos a todos. Si hay algo que tienen en común las fuentes entrevistadas es que consideran que lo más importante es recoger lo positivo de estas fiestas (como la solidaridad y el reeencuentro) y tratar de extenderlo los 365 días del año.

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