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Obituario | Mª Dolores Izquierdo Sorlí, una mujer excepcional: cien años de amor y una vida plena

Un ejemplo de inquietud, superación y deseo de aprender. Tras enviudar, retomó sus estudios en la Universidad para Mayores de la UJI y participó en todas las actividades académicas

La fallecida, María Dolores Izquierdo Sorlí.

La fallecida, María Dolores Izquierdo Sorlí. / Manolo Nebot

Isabel Fernández

Castellón

Con profundo amor y gratitud, toda su gran familia despide a María Dolores Izquierdo Sorlí, quien partió en paz el 27 de diciembre de 2025 a los 100 años. Una mujer excepcional que brilló en cada una de las facetas de su vida.

Como esposa de D. Miguel Fernández Fresneda, médico forense, lo acompañó y apoyó como enfermera, ayudando a hacer más llevaderos los momentos difíciles que su profesión exigía. Fue también su compañera inseparable en los actos de Médicos Poetas y en las reuniones de poesía de Alcap. Cuando la salud de su esposo se resintió permaneció a su lado con amor y entrega hasta el final.

Madre y pilar familiar

Como madre, nos enseñó a ser buenas personas, honradas, y a dar siempre lo mejor de nosotros mismos. Atenta, cariñosa, cercana y acogedora, supo integrar con amor a todos los que se fueron sumando hasta formar nuestra gran familia. Sus hijos la adoraban, sus nietos la veneran, sus bisnietos la miraban con admiración y quienes la conocieron coinciden en decir que era «una gran mujer».

Como persona, fue un ejemplo constante de inquietud, superación y deseo de aprender. Tras enviudar, retomó sus estudios en la Universidad para Mayores de la Universitat Jaume I, participando activamente en todas las actividades académicas, así como en viajes culturales y de ocio. Fue durante más de 10 años la alumna más longeva hasta que la pandemia le impidió continuar.

Una lección de vida

Pero quizá la lección más importante que nos dejó fue aquella que no se aprende en ningún colegio: aceptar con entereza la llegada de la vejez, la decadencia, la enfermedad y la pérdida de autonomía. Ella, una mujer profundamente independiente, afrontó todo con naturalidad, con una sonrisa y con la constante preocupación de no ser una carga para sus hijos.

Tras celebrar el día de Navidad rodeada de su familia, se retiró a descansar, dejándose llevar serenamente por la llamada de la Madre Celestial, desde donde hoy vela por todos nosotros.

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