El drama de vivir sin calefacción: "El calefactor gasta mucha luz, no me lo puedo permitir"
Solo en Galicia, el 17% de los ciudadanos no pudieron permitirse calentar sus casas en los meses más fríos en el año 2024

Una mujer afectada por pobreza energética que no puede pagar los recibos de la luz y es atendida por los servicios sociales. / ELISENDA PONS
Iria D. Pombo
La humedad se mete dentro del cuerpo. No solo se respira, se siente, pesa en el ambiente. Las paredes sudan y se presentan mohosas. Para algunos, asquerosas. Las sábanas, que deberían abrigar la cama como si la abrazaran, se podrían confundir con sacos de esparto empapados. Se abre la puerta y lo que hay es una estancia que podría criogenizar a una persona. Así es cómo se describe la vida sin calefacción, el día a día, en un piso durante el invierno gallego. En ciudades especialmente húmedas y con inmuebles antiguos sin aislar, como Santiago, el pan de cada día.
Un 15% de las viviendas de la provincia de A Coruña no cuenta con ningún sistema de calefacción, según un estudio publicado por Idealista. El 13% de las de Pontevedra, tampoco. Y tanto en Lugo como en Ourense el 9% de los hogares también vive bajo pobreza energética, con casas congelándose con sus inquilinos dentro. Concretamente, hace un par de meses el Informe del Estado de la Pobreza en Galicia revelaba que en 2024 un 17% de la población gallega no pudo permitirse mantener su vivienda a una temperatura adecuada. Pero, ¿qué se hace en esa situación?
«Mi habitación está prácticamente a la misma temperatura que la calle, así que recurro a un calefactor eléctrico», lamenta Uxía —nombre ficticio para preservar su identidad—, una estudiante de 18 años que comparte piso en el barrio compostelano de Conxo en el que directamente no hay radiadores. «Cuando estoy estudiando lo pongo a mi lado y lo voy rotando para calentarme desde varios ángulos, porque si no me congelo», confiesa a este diario. La clave, dice, está en ponerse varias capas de ropa, «ya que el calefactor gasta mucha luz», incrementando el importe de la factura y «no me lo puedo permitir», reconoce esta joven.
Casi como se hacía antaño, Uxía tiene que calentar sus sábanas antes de irse a dormir, «porque están frías y húmedas», al igual que la ropa tendida. No lo hace con una lámpara de keroseno, pero sí se vale de su secador de pelo o de su calefactor para quitar esa humedad de la cama y del tendedero. «O se lo acerco o la ropa no se seca nunca», protesta. «Agradecería mucho poder tener la opción de encender la calefacción, pero esta situación también se agrava por el mal aislamiento del piso», apunta.
Este también es el caso de Nuria, otra joven de 18 años que vive de alquiler en un inmueble a escasos metros de la Praza de Galicia de Santiago. Y, pese a ser una de las zonas más codiciadas de la capital gallega, tanto su compañera de piso como ella viven con el frío instalado como otro inquilino. Ellas también recurren a las estufas o calefactores eléctricos, que ya formaban parte del mobiliario propio de la vivienda al carecer de un sistema de calefacción.
En su caso, los aparatos estaban estropeados y «la inmobiliaria no nos puso solución hasta ahora, cuando ya pasamos unos meses de frío», indica. Al igual que Uxía, Nuria también pone en una balanza el pasar frío cada día o que lo que se hiele sea el bolsillo de sus padres: «Intento no enchufarlo mucho porque después la factura de la luz es carísima». Así pues, no tener frío supone un lujo en pleno siglo XXI. Vivir bajo la llamada pobreza energética es la condena de muchos jóvenes y mayores que se ven obligados a habitar pisos que «se asemejan más a cuevas».
Ser pobre energéticamente
Según la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2019-2024 del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Democrático (MITECO), la ausencia de calefacción y el consecuente empleo de «aparatos eléctricos para cubrir esa necesidad, revela en sí misma unas condiciones precarias». Evidencia, de esta forma, que aquel que no se puede permitir encender la calefacción, o que habita un inmueble que ni siquiera tiene, es pobre energéticamente, un grupo social al que lamentablemente pertenecen muchas personas.
Según el Indicador de Pobreza Energética 2022-2024 del MITECO, en el año 2023 —último del que hay registros— casi el 22% de la población gallega mantiene una temperatura inadecuada en su vivienda durante el invierno. Este porcentaje ha sufrido un incremento de 16 puntos porcentuales con respecto a 2019, cuando solo suponía el 6% de la ciudadanía. De esta forma, Galicia se sitúa como la séptima autonomía con un peor porcentaje, tan solo por detrás de Ceuta, Canarias, Murcia, Extremadura, Andalucía y la Comunidad Valenciana. En el extremo opuesto destacan aquellas regiones con un clima y un estilo de vida más parecido al gallego, como son Euskadi, Castilla y León, Navarra o Aragón.
Alquilar un piso sin radiadores
A pesar de las medidas que ha aplicado el Gobierno central en los últimos años para reducir el impacto económico que supone poner la calefacción, todavía se alquilan numerosos inmuebles que, como el de Uxía, carecen de radiadores instalados. «Muchos propietarios alquilan viviendas en Santiago que son antiguas, y algunas no cuentan con calefacción al uso», explican desde la agencia inmobiliaria Julio Gerpe.
«En ese caso siempre decimos que hay que recurrir a la eléctrica, porque aquí hace mucho frío». Alquilar un apartamento o un piso que no tiene radiadores supone un abaratamiento «importante» del precio para el inquilino, por lo que «bastantes personas lo cogen igualmente, aunque para muchos sí que es indispensable que haya calefacción», señalan.
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