Detectan por primera vez en aguas del Mediterráneo peninsular una microalga productora de ciguatoxinas
El hallazgo en la costa de Alicante confirma la expansión de microalgas tóxicas asociadas al calentamiento del Mediterráneo, aunque sin riesgo inmediato para el consumo de pescado

Imagen de 'Gambierdiscus australes' en microscopio óptico invertido.
Un equipo de investigación del Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio Ramón Margalef (IMEM) de la Universidad de Alicante (UA), en colaboración con investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), ha confirmado por primera vez la presencia del género Gambierdiscus en la costa peninsular española. El hallazgo se ha producido en el litoral de Dénia y Xàbia, al norte de la provincia de Alicante, tras detectar por primera vez en aguas del Mediterráneo peninsular una microalga capaz de producir ciguatoxinas.
Este descubrimiento se suma al registrado en 2017 en aguas de las Islas Baleares por un equipo del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA). En este caso, la detección se ha realizado dentro de los muestreos habituales de fitoplancton que lleva a cabo el Laboratorio Marino UA-Dénia, dependiente del IMEM.
En concreto, los investigadores han identificado la especie Gambierdiscus australes, una microalga marina perteneciente al grupo de los dinoflagelados. Esta especie produce ciguatoxinas, unas toxinas que pueden acumularse en determinados peces y que, cuando se consumen en grandes cantidades, pueden provocar una intoxicación alimentaria conocida como ciguatera, según ha explicado la Universidad de Alicante en un comunicado.
El hallazgo ha tenido eco recientemente en la revista Harmful Algae News, un boletín especializado en algas tóxicas y proliferaciones algales que edita la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (IOC) de la UNESCO. El equipo investigador está formado por César Bordehore, profesor del Departamento de Ecología de la UA e investigador del IMEM; Eva Fonfría Subirós y John Yañez Dobson, ambos también del IMEM, y Emilio Soler Onís, del Grupo de Ecofisiología Marina EOMAR y del Observatorio Canario de Algas Nocivas de la ULPGC.
Completo estudio
El estudio se ha basado en dos campañas de muestreo realizadas en marzo y septiembre de 2023 en un total de 12 estaciones repartidas en seis zonas del litoral. Las muestras se tomaron tanto en puntos cercanos a la costa, a unos 250 metros, como en zonas más alejadas, a un kilómetro de distancia. Los resultados muestran la presencia de Gambierdiscus australes en el 75 % de las muestras recogidas en marzo y en el 100 % de las de septiembre, con concentraciones que van de 20 a 140 células por litro.
Según la UA, las microalgas del género Gambierdiscus producen ciguatoxinas que pueden acumularse en peces de gran tamaño y provocar problemas de salud en las personas si se consumen. Aun así, el investigador principal del estudio, César Bordehore, insiste en que, pese a la relevancia del hallazgo, “el consumidor puede estar tranquilo”. Explica que las concentraciones detectadas en la costa peninsular “no son alarmantes” y que Gambierdiscus australes no es una de las especies más tóxicas dentro de este género.
“Sabemos cómo evitar una posible intoxicación alimentaria”, señala Bordehore, quien recuerda que existen sistemas de control para impedir la comercialización de pescado con niveles elevados de toxinas. Estos controles se basan en análisis previos, por lo que el pescado que llega al mercado “es completamente seguro”.
El investigador apunta que la aparición de este tipo de microalgas en el Mediterráneo podría estar relacionada con el aumento de la temperatura del mar. Gambierdiscus es un género propio de aguas tropicales y más cálidas, y el calentamiento del Mediterráneo estaría favoreciendo su expansión a nuevas zonas. “Hay que estar atentos a este seguimiento. Nuestra labor es informar a las administraciones competentes, como ya hemos hecho, y tomar las medidas necesarias en cada momento para mantener la seguridad alimentaria”, señala Bordehore.
En este sentido, añade que “para una especie marina, el aumento de un solo grado de temperatura puede marcar la diferencia y permitirle colonizar áreas donde antes no podía vivir por ser aguas demasiado frías”.
Seguimiento a largo plazo
Los expertos destacan también la importancia de realizar estudios de seguimiento a largo plazo. Bordehore recuerda que desde hace años se llevan a cabo tanto estudios específicos como análisis de base, en los que de forma periódica se examinan distintos parámetros físicos, químicos y biológicos. “Desde 2010 analizamos más de 40 kilómetros del litoral norte de la provincia de Alicante y, gracias a ello, hemos podido revisar muestras biológicas conservadas de hace más de una década y comprobar que hace 15 años el género Gambierdiscus no estaba presente en la zona de estudio”, explica.
Por todo ello, la Universidad de Alicante concluye que este trabajo confirma la expansión de Gambierdiscus en las aguas mediterráneas de la península ibérica y subraya la necesidad de mantener programas específicos de vigilancia del fitoplancton potencialmente tóxico, con el objetivo de anticipar posibles riesgos ambientales y garantizar la seguridad alimentaria. La investigación se ha desarrollado dentro del proyecto OBSERMAR-CV, financiado por el programa Thinkinazul del Ministerio de Ciencia e Innovación, con fondos de la Unión Europea Next Generation y de la Generalitat Valenciana.
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