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El día de la marmota: Phil falla más que una moneda al aire pero sentencia que el frío no se va

Un análisis de los datos de la administración federal estadounidense revela que el animal ha fallado ocho de sus últimas once predicciones sobre el fin del invierno

Al Dereume sostiene a la marmota Phil.

Agencia ATLAS / Foto: Shutterstock

Fede Navarro

Fede Navarro

Castellón

El invierno se resiste a marchar, o al menos eso es lo que opina Phil, la marmota más mediática del planeta. Desde su guarida en Gobbler's Knob, en Punxsutawney (Pensilvania), el animal ha emergido esta mañana de 2 de febrero de 2026 para cumplir con un ritual que cautiva a medio mundo. Al salir, Phil ha visto su sombra, lo que según la tradición estadounidense se traduce irremediablemente en seis semanas más de frío y nieve.

La verdad es que, aunque aquí en la provincia de Castellón miremos más al cielo esperando el sol de la Candelaria, el veredicto de Phil siempre genera una mezcla de curiosidad y escepticismo. Los miembros del Punxsutawney Groundhog Club, ataviados con sus inconfundibles sombreros de copa, han proclamado la noticia ante miles de entusiastas. Sin embargo, los datos objetivos invitan a no guardar todavía la bufanda por decreto, ya que la fiabilidad del roedor es, cuanto menos, cuestionable.

Según un informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la agencia meteorológica de Estados Unidos, Phil es un predictor bastante impreciso. De hecho, sus registros históricos muestran que acierta apenas entre el 35% y el 40% de las veces. Si lanzáramos una moneda al aire para decidir si sacar el abrigo o la manga corta, tendríamos estadísticamente más probabilidades de éxito que confiando en el animal.

"Sabemos que esto es ridículo y sabemos que esto es divertido. Queremos que la gente venga y se lo pase bien"

Marcy Galando

— directora ejecutiva del club organizador

Una tradición con raíces europeas

Esta costumbre no nació de la nada en el otro lado del Atlántico. De hecho, tiene un origen profundamente ligado a nuestra cultura. Los inmigrantes alemanes trasladaron a América antiguas tradiciones celtas y cristianas relacionadas con la Candelaria. En Europa, el protagonista solía ser el tejón, pero al llegar a Pensilvania, los colonos adoptaron a la marmota por ser más común en la zona. La primera referencia oficial en prensa data de 1886 en el diario Punxsutawney Spirit.

Cabe recordar también que esta festividad coincide con nuestro refranero local sobre la Candelaria: "Si la Candelaria plora, l'hivern és fora; si la Candelaria riu, l'hivern és viu". Curiosamente, este año la predicción de Phil (que vaticina más frío al haber visto su sombra en Pensilvania) choca con el ambiente que respiramos en Castellón. Con un cielo plomizo y ese ligero chispeo que ha hecho acto de presencia —sin llegar a ser una lluvia generosa, pero haciendo "llorar" tímidamente al día—, la tradición valenciana nos daría la esperanza de que, al contrario de lo que dice la marmota, el invierno ya está de salida.

Los "rivales" de Phil son más precisos

Lo cierto es que Phil tiene competencia y, para ser honestos, bastante más preparada. Mientras la estrella de Pensilvania ha fallado sistemáticamente en la última década —acertando solo tres veces de once—, otras marmotas presentan mejores currículums. Es el caso de Staten Island Chuck, en Nueva York, quien presume de un 85% de precisión en sus pronósticos.

A pesar de las luces y las cámaras, la NOAA es tajante: las predicciones de la marmota "no tienen capacidad predictiva". Los expertos sugieren que para planificar nuestras escapadas es mucho más seguro consultar los modelos científicos del AEMET que fiarse de si un roedor se asusta o no con su propia sombra.

Comparación de precisión entre marmotas predictorias en Estados Unidos

Comparación de precisión entre marmotas predictorias en Estados Unidos / Perplexity

Sea como sea, el Día de la Marmota sigue siendo una excusa perfecta para romper la monotonía del invierno. Aunque Phil nos haya sentenciado a un mes y medio más de temperaturas bajas, la última palabra la tendrá, como siempre, el caprichoso tiempo del Mediterráneo.

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