Entrevista
Isabel Soriano, psicóloga: "Si las vacaciones son el único momento de felicidad, quizás hay algo que revisar en nuestra rutina"
Mantener placeres estivales y planificar actividades futuras ayudan a gestionar el fin del descanso, porque "muchas personas no temen la vuelta al trabajo en sí, sino todo lo que representa"

Isabel Soriano, directora del Centro de Psicología Isabel Soriano de Sant Vicent del Raspeig (Alicante). / Antonio Diaz
La famosa cuesta de septiembre afecta al bolsillo, pero también tiene repercusiones importantes en la salud mental. Dejar atrás las tardes infinitas en la playa, las sobremesas que se juntan con la cena, los helados en el chiringuito al atardecer, las cañas en las terrazas que acaban en picoteo o las tardes de lectura bajo la sombrilla puede ser una carga difícil de gestionar. Incluso puede derivar en un síndrome posvacacional. Lo analiza Isabel Soriano, psicóloga y directora del Centro de Psicología Isabel Soriano de Sant Vicent del Raspeig, en Alicante.
P. ¿Qué es el síndrome posvacacional?
R. Es un conjunto de molestias físicas y emocionales que pueden aparecer al volver a la rutina tras un periodo de descanso. Se presenta con síntomas como cansancio, irritabilidad, tristeza, apatía, dificultad para concentrarse, problemas de sueño o ansiedad. Lo más habitual es que desaparezca en unos pocos días o, como mucho, en dos semanas.
P. No es raro que los trabajadores no quieran volver a la rutina, pero no todo es un síndrome posvacacional.
R. Se ha popularizado mucho ese término, pero, en la mayoría de los casos, es un proceso de adaptación normal.
P ¿Es el trabajo el único desencadenante?
R. Muchas personas no temen la vuelta al trabajo en sí, sino todo lo que representa. Volver a la velocidad, a las responsabilidades, a recuperar horarios exigentes, a afrontar conflictos laborales… Quizás, a volver a una vida en la que hay poco equilibrio entre el trabajo y el descanso.
P. ¿Qué perfiles tienen más riesgo de sufrirlo?
R. Las personas muy autoexigentes, perfeccionistas, que están sometidas a mucho estrés o que no disfrutan con su trabajo. Y aquellos que tienen poco ocio durante el año.
P. Hay que hablar de la conciliación.
R. Si durante el año es muy difícil compatibilizar la vida laboral y la personal, cuando se acaban las vacaciones hay más riesgo de sufrir ansiedad anticipatoria. Las personas que tienen hijos pequeños son las que más riesgo tienen porque vuelven a no tener tiempo.
P. ¿Cuándo hay que preocuparse?
R. No debemos demonizar sentir pereza o tristeza, es una reacción humana. El problema aparece cuando el malestar es muy intenso o dura semanas porque es una señal de que el problema es más profundo. Si interfiere en nuestra vida diaria, si aparecen crisis de ansiedad, síntomas depresivos o un rechazo muy intenso y mantenido hacia el trabajo, quizás en realidad se trata de un caso de estrés crónico, un síndrome de 'burnout' o ansiedad. Si las vacaciones son el único momento en el que somos felices, quizás hay algo que revisar en nuestra rutina.

Playa de las Arenas y Malvarrosa en Valencia. / Jorge Gil / Europa Press
P. ¿Qué se puede hacer para evitarlo?
R. Si se hace algún viaje, es recomendable regresar a casa 24 o 48 horas antes de reincorporarse al trabajo. También recuperar horarios de sueño unos días antes y no mirar el correo de trabajo antes de tiempo. Y, una vez de vuelta, hay que intentar no hacerlo todo el primer día porque recuperar una semana o un mes en una jornada es imposible. Además, recomiendo mantener algún placer de las vacaciones en el mes de septiembre como caminar al atardecer, cenar en una terraza o hacer deporte. Y planear algo agradable para más adelante, porque el cerebro necesita seguir teniendo expectativas positivas. Si necesitamos escapar de nuestra vida o de nuestro trabajo, quizás el problema no esté en el final de las vacaciones, sino en cómo estamos viviendo el resto del año, en cómo construimos ese equilibrio entre trabajo, descanso y bienestar.
P. ¿Sufren más las personas que concentran todas las vacaciones en un solo mes?
R. Hay que poner el foco en cómo vivimos a lo largo del año. Si tenemos repartido el ocio, los viajes y los momentos que nos hacen ilusión, siempre hay expectativas positivas y ese mes no tiene tanto peso. El año tiene que tener retos y motivaciones y no ser solamente prisas, velocidad y jornadas eternas.
P. ¿Los estudiantes pueden padecer el síndrome posvacacional?
R. Sí, porque, al final, se trata de volver a la rutina. Y aunque necesitamos una rutina porque nos da salud, para los estudiantes también se acaba el tiempo libre y vuelven a tener que encerrarse a estudiar. Eso también se puede anticipar con ansiedad.
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