Los restos mortales del pequeño Javier P.A. recibieron ayer sepultura entre las escenas dolor y consternación de familiares y amigos. Hasta el tanatorio de la Magdalena acudieron a primera hora de la mañana de ayer decenas de personas para dar el último adiós al menor y acompañar a la familia en tan doloroso trance. La capilla del tanatorio se quedó pequeña para albergar a los allegados que se acercaron hasta allí. Los reunidos se agolparon en las instalaciones del centro para seguir la misa que fue oficiada en el interior. Una vez concluida, los restos mortales fueron traslados al cementerio donde recibieron sepultura. Entre los comentarios de los allegados se hacia constar la rabia e indignación por el accidente que segó la vida del niño de ocho años de Castellón y que causó heridas a su hermano de 11. A las quejas por la presunta mala instalación de la atracción ferial se unía a la fatalidad de un hecho que ha conmocionado a varias familias que difícilmente trataban de asumir la tragedia.

Niños, como Javier, lloraban ayer su marcha en un entierro difícil de digerir. Madres de niños, amigos de Javier, mascullaban entre dientes la incomprensión de que se produzcan incidentes tan lamentables como el del sábado. Porque seguramente eran esas madres las que mejor entienden el sentimiento por el que pasa hoy toda una familia que no puede, por más que quiera, recuperar la normalidad, que le fue arrebatada de golpe en una atracción de feria.

Las muestras de condolencia llegaron incluso desde el Ayuntamiento y las peñas del pueblo oscense de Sabiñánigo, que tardará en olvidar el lamentable accidente.