Cinco años y medio de prisión y el pago de casi 10.000 euros en concepto de indemnización. Es la condena impuesta por la Audiencia Provincial a un joven de origen magrebí, acusado de asestar dos puñaladas en la cara y el cuello a un compatriota en Orpesa. La víctima fue atacada por la espalda en el 2017, cuando descargaba fruta en el establecimiento donde trabaja. El tribunal considera probado que, como declaró la víctima en el juicio, el agresor se le acercó por la espalda y le atacó «sorpresivamente» con una navaja de pequeño tamaño.

Aunque el procesado negó que le agrediera con un arma blanca, la víctima ratificó su testimonio y lo señaló de forma directa. «Nunca había tenido un problema con él y, de repente, mientras yo trabajaba, me dio dos navajazos», declaró el denunciante, protegido por un parabán, a preguntas de la fiscal. La víctima aseguró, entre lágrimas, haber sufrido supuestas amenazas previas a la celebración del juicio y confesó a los magistrados tener «miedo a represalias». 

El juicio

De hecho, el afectado incidió en que 15 días antes de la vista sufrió una nueva agresión, a manos de personas a las que no pudo reconocer (hecho que ya ha sido denunciado, según el perjudicado). 

«Miren cómo tengo la cara», lamentó el hombre, mostrando sus heridas al tribunal, que se levantó de sus asientos para comprobar de cerca el alcance de las lesiones. 

Por su parte, el acusado sostuvo que el día de los hechos hubo una pelea entre ambos y que la misma se inició por voluntad del denunciante. «Eran fiestas en Orpesa y yo llevaba toda la noche de fiesta, bebiendo y tomando drogas», dijo el presunto agresor, quien pudiera estar buscando una circunstancia atenuante. «Había mala relación entre nuestras familias. Él me insultó y entonces yo me tiré encima de él», apuntó.

Uno de los testimonios más controvertidos del juicio fue el de un testigo, gerente de la tienda donde la víctima estaba supuestamente descargando cajas de género. El responsable del establecimiento dijo que el denunciante le ayudaba a veces en su local, pero negó que el día de los hechos se encontrara trabajando. «Yo estaba dentro y, de repente, oí ruidos y salí a la calle. Lo vi con la cara ensangrentada y también estaba la policía», sostuvo el testigo, quien pese a la insistencia de la fiscal, dijo no haber visto «nada».

«Vimos al acusado huir a la carrera y meterse en un portal tras el suceso. Revisamos los alrededores y las papeleras cercanas, pero no dimos con el cuchillo empleado en la agresión», dijo sin embargo uno de los policías que declaró en el juicio. «Nosotros mismos lo vimos trabajar ese día», aseveró otro de los agentes que intervinieron ese día.