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Una queja por malos olores destapa un local de esclavas sexuales en Barcelona

La Guardia Urbana descubre a tres mujeres chinas que comían y dormían en unos bajos sin ventanas de Les Corts en el que se vendían a 30 euros por 20 minutos

Los Mossos d’Esquadra alertan de un aumento de la prostitución 'low cost'

Una queja por malos olores destapa un local de esclavas sexuales en Barcelona

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El Periodico

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Guillem Sanchez

Una patrulla de la Guardia Urbana de Barcelona descubrió a principios de marzo un burdel clandestino en el que se explotaba a tres mujeres de nacionalidad china. Los agentes habían acudido a la calle Arizala, cerca del Spotify Camp Nou, para atender una queja vecinal por malos olores. Según la denuncia, el hedor procedía de un local, unos bajos sin ventanas y de paredes oscuras. Los policías llamaron al timbre y asomó un hombre chino. Los agentes intentaron explicarle, sin suerte, por qué estaban allí. El hombre no entendía nada, pero les dejó entrar. En cuanto los policías pusieron un pie dentro, la queja vecinal por malos olores pasó a ser la menor de sus preocupaciones.

Era un local oscuro y alargado, frente a los urbanos había un pasillo con cinco puertas: cinco habitaciones numeradas. Cada una de las estancias constaba de una cama y de una mesita de noche. Ninguna tenía ventanas. Mientras los policías abrían y cerraban puertas, por el final del pasillo, comenzaron a llegar mujeres atraídas por la inspección de los uniformados: eran todas chinas. No hablaban castellano. Tampoco tenían documentación.

Esclavas del siglo XXI

En el diccionario, la palabra 'esclavo' tiene la siguiente definición: "persona que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra". Los policías intentaron hablar con las mujeres, usando el teléfono como traductor, para tratar de averiguar si estaban en ese local porque querían o alguien las estaba obligando a vender su cuerpo.

El encargado del local –el hombre que había abierto a los policías y que hasta entonces había permanecido en silencio– al ver que se dirigían a las mujeres levantó la voz. Dijo algo en chino, sin mirar a ninguna parte. Lo bastante fuerte como para que su voz llegara hasta el último rincón del local. A los agentes, que no habían entendido ni media palabra, les pareció que acababa de dar la orden a las prostitutas de que no hablaran. Y surtió efecto: ninguna de ellas ha denunciado estar siendo esclavizada. A pesar de las evidencias.

"Puteros de todas las edades"

Los vecinos que viven en los pisos superiores a este prostíbulo estiman que su actividad comenzó hace más de un año. Responsabilizan al dueño de estos bajos de lo que está pasando: es un ciudadano español que ya no reside en Barcelona y que alquiló el local a un ciudadano chino. Según los vecinos, este dueño se ha desentendido de la actividad que se lleva a cabo en su propiedad porque le basta con que el arrendatario pague su alquiler.

"Vemos entrar a hombres mayores y también muy jóvenes", explica uno de ellos. "Hay puteros de todas las edades, también universitarios", remarca la mujer que le acompaña. A estos vecinos no les gusta convivir con un burdel, pero también tienen miedo de presentar una denuncia. La queja por malos olores que condujo a la Guardia Urbana hasta aquí no la presentó ninguno de ellos, quien llamó fue una inquilina de otro edificio.

Siempre abierto

Mientras duró la inspección de la Guardia Urbana, la actividad del burdel no se detuvo. En realidad, nunca lo hace. Esa mañana varios clientes llamaron al timbre ignorando que dentro estaba la policía. Un par de ellos, posiblemente operarios empleados en la reforma del nuevo estadio del F.C. Barcelona, confirmaron a los agentes que habían venido a por sexo. Según aclararon, iban a pagar 30 euros por estar 20 minutos con una mujer. Esa tarifa incluye un servicio completo.

Los Mossos d’Esquadra han detectado que, en Barcelona, la oferta de servicios sexuales de pago es tan amplia que los proxenetas están bajando los precios. Es una mala noticia: la prostitución 'low cost' la acaban ejerciendo casi siempre las mujeres más vulnerables, avisan. Para ellas supone tener que acostarse con más hombres.

“Casi nunca las vemos”

Los vecinos consultados por este diario explican que al hombre chino a cargo del prostíbulo de Arizala lo ven a menudo sentado en uno de los bancos que hay frente al local. Es amable y devuelve todos los saludos. De ellas, en cambio, no saben nada. "Casi nunca las vemos", coinciden todos.

En este local hay cinco habitaciones para atender a clientes y una sexta habitación, con literas. En esa sexta cámara es donde las mujeres duermen cuando no trabajan. Es la única habitación con ventana, que da a un patio ubicado al final del local. En ese patio han montado una cocina precaria. Los olores que molestaban a los vecinos procedían de esa cocina, que usan las mujeres para preparar su comida. Las tres comen, duermen y trabajan sin salir casi nunca a la calle. Para los Mossos, que los vecinos no las vean nunca, significa que están aisladas, una condición que, en general, las perjudica.

Anuncios en internet

Los hombres que buscan sexo de pago en Barcelona recurren a portales especializados. En varios de ellos resulta posible encontrar el anuncio de este burdel de la calle Arizala. Basta con buscar por chicas 'orientales', 'asiáticas' o 'chinas'. Hay decenas de comentarios que han dejado los clientes. Son valoraciones sobre las mujeres: las puntúan como si estuvieran opinando sobre la comida de un restaurante.

Los Mossos y la Policía Nacional sospechan que en Barcelona hay muchos prostíbulos como el de la calle Arizala en los que se explota a mujeres que han llegado a España engañadas, huyendo de una miseria a la que temen más que su presente. Aunque sea el de una esclava.

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