Naruhito anunció ayer a su pueblo y al mundo que Japón tiene un nuevo emperador. También a Amaterasu, la mítica diosa del Sol de la que desciende la línea imperial más antigua del mundo. Fue una ceremonia despachada en apenas media hora con solemnidad y contención muy japonesas, ante más de 2.000 invitados llegados de 174 países y con una nutrida representación del gremio monárquico, entre ellos, los Reyes Felipe y Letizia.

No hubo sorpresas en el discurso ni se esperaban. Las alusiones a la paz siguen la senda paterna, el emperador emérito Akihito, que se había despedido del Trono de Crisantemo en mayo por su declinante salud y que estuvo ausente. El primer ministro, Shinzo Abe, finiquitó la ceremonia acompañando el enérgico alzado de brazos con gritos de «banzai» o «larga vida al emperador». No siempre los discursos de palacio y Gobierno se han alineado, especialmente en la forma en la que Japón debe asumir su pasado imperialista.

Naruhito vestía la túnica naranja diseñada un milenio atrás y que reservan los emperadores a las citas con la Historia. La familia real le esperaba en el salón Matsu-no-ma con rostros pétreos. Con Naruhito ya elevado sobre los seis metros del trono salpicado de oro descorrieron el cortinaje los chambelanes en riguroso negro que le portaban los objetos que cumplen el simbolismo de la corona en las monarquías occidentales. Son la espada y la joya que, según la leyenda, la diosa del Sol ofreció a sus antepasados. También un espejo, que ni siquiera salió del santuario de Ise. Los Reyes Felipe y Letizia, que llegaron cogidos de la mano, compartieron palco con el emir de Qatar. Para la ocasión, los Reyes lucieron algunas de sus piezas y condecoraciones más importantes. Felipe llevó el collar del Toisón de Oro, así como la banda azul clara de la Gran Cruz de la Orden de Carlos III. Letizia lució por primera vez el gran collar de chatones de los Borbones y un vestido con estampado floral de la diseñadora Matilde Cano. Por la noche, la reina eligió un vestido largo en color rosa fucsia de media manga con el cuerpo y la falda bordados con flores plateadas de Carolina Herrera.