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Ligar en internet

Tinder no quiere que encuentres el amor: así funciona su algoritmo

La app recurre a la ‘gamificación’ y a un sistema que puntúa a los usuarios según su apariencia y actividad | El objetivo es enganchar y lograr que paguen una suscripción para mejorar sus posibilidades de ligar

Tinder cumple 10 años.

Hace 10 años nació Tinder, la aplicación de citas que ha transformado las relaciones sexuales y afectivas. Durante la última década, hasta 75 millones de usuarios mensuales en 190 países han deslizado el dedo por la pantalla de forma frenética y mecánica en busca de su pareja ideal o del rollo de una noche, convirtiendo el ideal de la atracción romántica en un mercado digital basado en la selección y consumo de cuerpos. Tinder, vaya por delante, no quiere que encuentres el amor.

La aplicación no inventó el ligar en internet, pero sí popularizó el convertir esa experiencia en un entretenimiento adictivo. Expuestos en un catálogo digital a juicio de los demás, los usuarios solo tienen que mover el dedo a la derecha o a la izquierda (‘swipe’) en función de si quieren conectar con el carrusel de pretendientes que hay al otro lado de la pantalla. Cuando dos perfiles se gustan (‘match’) pueden empezar a chatear. La plataforma de citas más popular del planeta asegura que en la última década ha realizado más de 70.000 millones de emparejamientos.

La clave del éxito de Tinder reside en su diseño, que usa técnicas de ‘gamificación’ propias de los videojuegos para atraer a los usuarios y retenerlos el máximo tiempo posible dentro de la plataforma. La app explota la voluntad humana de gustar a los demás: cada vez que hacemos ‘match’ nuestro cerebro segrega dopamina (la hormona del placer) de forma similar a como lo hace cuando se juega a las tragaperras. La red se convierte así en un espacio donde buscar una recompensa, ya sean los chutes de felicidad que causa la validación física de nuestro aspecto o la promesa de encontrar el amor.

Estatus de deseabilidad

Más allá de su impacto psicológico, el éxito de Tinder se basa en unos engranajes matemáticos que explican por qué te aparecen ciertos perfiles de usuarios y no otros. Hasta 2019, la app usó un sistema algorítmico conocido como ‘Elo’ –usado por la FIFA o en competiciones de ajedrez— que daba más puntos a los usuarios más gustados y después se encargaba de hacerlos coincidir con otros usuarios con el mismo estatus de “deseabilidad”. Como destapó la periodista Judith Duportail, para ello Tinder recopilaba las conversaciones entre ligues palabra por palabra, los ‘likes’ de Facebook y las horas de conexión.

"La búsqueda de pareja es como una transacción económica: transforma el yo en un producto que compite con otros en un mercado de oferta y demanda"

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Así, la elección de fotos atractivas y una descripción ingeniosa para el perfil se convierte en un estudiado proceso para tratar de escalar posiciones en esa clasificación interna entre guapos y feos, en una pura competición para captar la atención de los demás que traslada la lógica turbocapitalista a las relaciones sexoafectivas. “Se formaliza la búsqueda de pareja como una transacción económica: transforma el yo en un producto envasado que compite con otros en un mercado abierto regulado por la oferta y la demanda”, ha señalado la socióloga Eva Illouz.

Capitalismo sexoafectivo

Sin embargo, ese sistema presentaba múltiples dudas éticas sobre la discriminación que podía darse en la clasificación interna de los individuos. "Es como llegar a una fiesta y que no tengas oportunidad de ver a todas las personas consideradas demasiado feas, guapas, ricas o pobres”, señaló Duportail en su libro de investigación ‘El algoritmo del amor’ (Contra), apuntando a una “lógica patriarcal”.

Tinder asegura que cambió ese sistema y lo reemplazó por un algoritmo de inteligencia artificial (IA) que analiza la actividad y las fotos del usuario para conocer mejor sus gustos y permite recomendarle parejas que concuerden con su comportamiento. Incluso puede calcular su coeficiente intelectual, su estado emocional o su formación para hacer que los ‘matches’ sean más precisos. Si te gustan los morenos, tocar la guitarra y la gastronomía, la app te mostrará gente con ese mismo interés.

Mediante las técnicas de ‘gamificación’ y su algoritmo de jerarquía social, Tinder busca enganchar a los usuarios y arrastrarlos a pagar una suscripción, la clave de su modelo de negocio y algo que ya hacen más de 9,6 millones de personas en todo el mundo. La versión gratuita de la app limita a 20 el número de ‘matches’ diarios. Para mejorar tus posibilidades de ligar con funcionalidades exclusivas como el ‘Super Like’ tendrás que pasar por caja. El objetivo de Tinder no es que encuentres el amor, sino que pagues para seguir intentándolo. Su propietaria, Match Group, obtuvo el año pasado 2.983 millones de dólares de beneficios.

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