Llegó un momento en el que decidió que ya no quería hablar más del tema en clase. Suponía exponerse demasiado. "Era empezar a debatir y encontrarse con una manada de tíos que empiezan con las denuncias falsas", explica Erin, estudiante de primero de bachillerato, quien a sus 16 años llegó a la conclusión de que era imposible debatir sobre feminismo con ellos porque al final toda la hora se tenía que dedicar a justificar el por qué de la necesidad de la charla. "Es increíble el negacionismo del machismo que hay entre los chicos de nuestra edad. El odio hacia el feminismo no es ni medio normal", asegura la joven barcelonesa, quien señala que eso no es algo que pase solo en su instituto -el Quatre Cantons, uno de los que más tiempo llevan potenciando la educación en igualdad- o en su barrio el Poblenou, un barrio de "clases medias"- sino que es algo generacional en lo que tienen mucho que ver dos cosas: los 'youtubers' antifeministas y su estratosférica influencia en los chavales, y el efecto rebote hacia las políticas igualitarias.