Según datos que publica la revista Poble en el número correspondiente a abril, el total de niños que han recibido la primera comunión en los últimos diez años ha sido de 4.113. Si a estos se le añaden los 404 que lo harán esta primavera, nos encontramos con 4.517. La citada revista pone el énfasis en el coste económico que conllevará la celebración del evento eucarístico para las familias y la verdad es que las cifras son para marearse.

Pero el tema presenta otro enfoque más allá del económico. Este otro ángulo de vista tiene una consideración mucho más transcendente en los espiritual, porque de tema religioso se trata y la religión es algo, por definición, totalmente espiritual.

Las estadísticas hablan de una casi total ausencia de jóvenes en nuestras iglesias. Los números ofrecidos por Poble abarcan diez años, o sea, que alguno de los comulgantes de este periodo tienen ya edad para considerarlos hombres y mujeres en la plenitud de su juventud. Y esta juventud apenas si asiste a misa, apenas si tiene una mínima relación con su parroquia. Muchos de estos jóvenes han recibido ya la confirmación y han dicho adiós a todo contacto con lo religioso.

¿Han fracasado todos los planes pastorales pensados para los jóvenes? ¿Encuentran aburridas la misa y otros actos de culto? ¿No ven en las personas mayores, sacerdotes incluidos, el ejemplo que les arrastre hacia Dios? Podríamos preguntarnos más cosas. Pero lo cierto es que la juventud "pasa", o casi, de lo religioso. Una pena.