Parece ser que en el ámbito local se nos da bastante mal celebrar aquellos días especialmente dedicados a un tema determinado. Está claro que si todo el mundo celebra la Navidad hay que hacerlo como todo el mundo, y así podríamos hablar de la poesía, del libro, de la paz, de los accidentes laborales o de la música. Y, precisamente, la música es la última no celebración que tenemos entre nosotros. Porque el pasado martes se celebró el Día Mundial de la Música y aquí hemos hecho un absoluto silencio.

Otro tanto podemos decir del 23 de este mismo mes, Día del Libro, que oficialmente pasó entre nosotros sin pena ni gloria, o mejor dicho con nada de gloria y mucha pena. Extrañan algunas cosas como las dichas. Se nos llena la boca hablando de nuestro ambiente cultural. Se afirma que somos un pueblo pionero en teatro, literatura, música, etcétera. Tenemos de continuo conciertos, recitales y actos variados, pero llega el momento que todo el mundo celebra el Día del Libro o de la Música y nos callamos como muertos y decretamos no hacer nada.

Las entidades y sociedades locales, algunas de ellas con actividades literarias y musicales parece que o no se enteran de estas celebraciones o pasan olímpicamente de sumarse a la celebración colectiva. Da la impresión de que vivimos en un mundo cultural un tanto atípico, donde las entidades y sociedades locales cada vez ofrecen menos actividad y parece que la cultura tiene que estar hecha a base de programación foránea y mediante talonario. Sería de desear que en estos eventos internacionales nos implicáramos todos y con celebraciones de marcado sabor local. Hay mucho tema literario, poético, musical, artístico en suma que tenemos que mostrar y esto no pasa por otro camino más que por la actividad de nuestras organizaciones locales.