Los lectores tuvieron ayer cumplida información de lo que fue la asamblea ordinaria celebrada por Caja Rural Villarreal. Aunque es muy difícil llevar al papel impreso un acto que tuvo un desarrollo totalmente fuera de lo normal, con demagogia en cantidades, confusión y manipulación, el compañero Ángel Sáez consiguió en su apunte, hacer llegar al lector el enrarecido ambiente y la alta tensión que se vivió en el acto.

Con todos los ingredientes propios del caso, podemos afirmar que en nuestra caja, se ha desatado un tiempo de espaldas. Espadas afiladas, desenvainadas y agresivas. Y tanto es así que, lo que pudo ser una asamblea en la que ganaran unos u otros fuera un ejemplo de concordia y soberanía democrática, el resultado fue todo lo contrario. Está claro, que una asamblea general de cualquier entidad, es soberana y que los acuerdos a que se pueda llegar han de ser adoptados con calma, sosiego, sabiendo lo que se escucha y votando en conciencia. Pero cuando parte de la asamblea ha sido influenciada y se le ha dado la consigna de votar a todo que "no", como es el caso que hubo ayer, la decepción es amarga, porque no gana una de las opciones limpiamente presentada y defendida, sino que gana la facción que ha hecho un montaje a cargo de halcones y no de palomas.

Y he dicho que había consigna de votar no a todo, porque ante la extrañeza de que determinadas personas así lo hicieron, al ser preguntadas por la razón de su voto, contestaron que así se lo habían indicado. La verdad es que anteayer, perdimos una ocasión histórica para dar a la propia ciudad y a todas las cajas que estaban expectantes ante lo que aquí podía suceder, para dar, digo, un ejemplo de ganar o perder sin coacciones.

Tiempo de espadas, armas peligrosas y más cuando las manos que las manejan pueden estar animadas de mala voluntad, de buscar logros personales, de frustraciones y de envidias.