Se llama Alberto y ha dado un buen susto --y una tremenda alegría-- a sus padres y familiares. Y es que el pequeño, impaciente por venir al mundo, nació el lunes a las 12.30 horas en su casa de la calle Sagunto, después de que los médicos consideraran que el alumbramiento estaba lejano y enviaran a su madre a descansar a su hogar.

Y es que se le esperaba para el 30 de diciembre, pero el pequeño convirtió a su abuela en una matrona espontánea, que colaboró en este fugaz parto.

Según cuentan los protagonistas, "el domingo, a las cinco de la madrugada, Manoli se encontraba con contracciones cada cinco y dos minutos, y Cristian --su marido-- la llevó al hospital de la Plana, pero, según los médicos, tenía una infección de orina, por lo que la enviaron de nuevo a casa".

Al día siguiente, y "viendo que el estado de la madre no empeoraba --a pesar de seguir con fuertes contracciones--, Cristian se fue a trabajar, por lo que fui yo quien atendió la llamada desesperada de Manoli a las 12.25 horas", indica la orgullosa abuela, Isabel. "Nada más avisarme salí hacia su casa y, en dos minutos, volvió a llamar diciendo que no aguantaba más. Al llegar, la encontré en la puerta de su habitación y con la mano entre las piernas diciendo que el niño ya se le caía".

Tras llamar al 112 y a la Policía Local, una ambulancia --que tardó 20 "eternos" minutos-- y cuatro agentes se personaron en el lugar, donde solo cortaron el cordón umbilical, pues Manoli ya tenía en brazos a su segundo hijo. Rápidamente, la trasladaron al hospital, donde acudió Cristian, que llevó a su otro hijo, Eric, de cinco años, a "darle un regalo a un bebé", sin decirle que era su hermano. "Cuando vio a su madre en la cama, solo dijo "hola mamá" y se quedó pensando: ¿será este mi hermanito?", comenta el papá. La familia vuelve hoy a casa.