Ni lluvia, ni frío, ni las más adversas condiciones meteorológicas. Nada ha podido evitar, un año más, que la Congregació de Lluïsos haya llevado a cabo finalmente la tradicional Matxà de Sant Antoni. Cierto es que tuvo que aplazarse por la lluvia la celebración de este multitudinario evento --previsto, en principio, para el pasado lunes, víspera de Sant Antoni-- pero, ayer, las calles de Vila-real volvieron a concentrar a cientos de ciudadanos de todas las edades, acompañados de sus respectivas mascotas.

Un total de 4.000 fueron los rotllos que se elaboraron en el horno de las Hermanas Gil Veral (Massianet) para repartirse entre quienes participaron en la Matxà con sus animales domésticos, realizando el recorrido habitual, con salida y bendición de mascotas frente a la sede de Lluïsos y paseando por la avenida la Murà, El Barranquet, plaza y calle Major y Pere III. Y todos ellos, encabezados por un nutrido grupo de jinetes.

Mientras, a mitad de camino, el horno de Garrofa obsequió a los asistentes con rollitos de anís y mistela, para reponer fuerzas.

Tampoco faltó la tradicional foguera que, una vez más, se prendió en la plaza Mossén Ballester como símbolo purificador para quienes, pese a las bajas temperaturas, no dudaron en apoyar con su presencia a la Congregació de Lluïsos que, desde hace cuatro décadas, mantiene vivo un evento tan popular como la Matxà.