La asamblea general de Caixa Rural Vila-real que, por segundo año, tuvo que celebrarse en el salón de actos de la entidad y no en el Auditori, con el objetivo de controlar mejor los aforos por las limitaciones de la pandemia del covid-19, avaló ayer las cuentas de la entidad del pasado ejercicio 2020.

Unas cuentas que, como explicó el presidente, Enric Portalés, se han visto fuertemente marcadas por la crisis sanitaria y económica que, como indicó, se tradujo en dos semestres completamente distintos: un primero con una bajada brutal de la actividad en todos los aspectos y un segundo «de recuperación ligada a la relajación de las medidas de contención y de la evolución de la pandemia».

Con todo, Portalés incidió en la mejora considerable de la solvencia de Caixa Rural Vila-real, «así como un destacado incremento de la tasa de cobertura de la morosidad, que ya alcanza el 62,8%».

Por su parte, el director general de la entidad, Manuel Cubertorer, hizo hincapié en que los beneficios netos del 2020 alcanzaron los 137.000 euros, «inferiores al ejercicio del 2019», de los que en torno al 70% se asignan al fondo de educación y promoción cooperativa. En este sentido, el centenar de asociados que pudo asistir a la asamblea dio su apoyo a que ese dinero lo gestione la Fundació Caixa Rural. El resto de los beneficios van a reservas obligatorias.