Muchas de las familias que se quedaron en situación de paro, incluidos los que se acogieron a los ERTE, a causa de la crisis sanitaria y económica originada por el covid-19, acudieron a Cáritas para poder cubrir sus necesidades básicas, ante el retraso en el cobro de las prestaciones».

La afirmación la ha realizado la directora de Cáritas Interparroquial de Vila-real, Carmen Miralles, durante su comparecencia ante los medios, acompañada por el concejal de Servicios Sociales, Álvaro Escorihuela. Miralles ha hecho hincapié en que «ha sido un año durísimo, en cuya gestión destacó la colaboración de entidades privadas, entre ellas el Villarreal CF y otras firmas vinculadas a la ciudad, que hicieron posible que los voluntarios pudieran cubrir las necesidades, por ejemplo, en el reparto de raciones de comida, que sumaron casi 50.000 a lo largo del ejercicio y que se destinan a quienes no tienen la posibilidad de cocinar debido a la falta de luz, gas y recursos económicos.

Unos datos que forman parte de la memoria social de Cáritas de Vila-real para la que, este año, el Ayuntamiento refuerza y consolida el convenio que mantiene con esta organización social, con una aportación de 30.000 euros. Una cifra a la que ya se llegó el pasado año, tras suplementar los 21.000 euros del convenio anual con otros 9.000 para poder dar cobertura a las necesidades de las cerca de 300 familias a las que la entidad les proporcionó ayuda básica. Unas necesidades que se incrementaron por la pandemia.

Apoyo unánime

El edil de Servicios Sociales incide en que la aportación a Cáritas para este 2021 «cuenta con el apoyo de todos los grupos políticos de la corporación, porque sabemos que la labor de esta organización es fundamental para hacer de Vila-real una ciudad cada día más inclusiva y con más oportunidades para todos los ciudadanos».

Y es que, según apuntan desde este colectivo en su resumen del balance del 2020, la nueva crisis provocada por el coronavirus «no está siendo igual para todos y son los más frágiles quienes ven cómo más rápidamente empeoran sus condiciones de vida. Son personas cuya situación de partida ya era frágil antes de la pandemia».

Y añaden que, en su gran mayoría, «son familias con menores, sin recursos y que viven al día con trabajos eventuales o de economía sumergida y, por tanto, no disponen de un colchón económico para afrontar otro período de crisis. Muchos son inmigrantes y solicitantes de asilo político, sin papeles, que no tienen acceso a las ayudas de urgencia que plantean las administraciones».

Procedencia

Y lejos de lo que algunos sectores e, incluso, partidos políticos aseveran, la mitad de los beneficiarios de Cáritas Interparroquial de Vila-real son españoles. Les siguen los originarios de Marruecos (entre el 35% y el 40%); y ya en menor medida, venezolanos, colombianos y rumanos.

En cuanto al perfil de quienes solicitan apoyo al servicio de acogida --que va desde la aportación de alimentos o ropa hasta el pago del consumo eléctrico, el alquiler, el agua, material escolar o transporte, entre otros-- son «parejas con hijos, familias monoparentales (la mayoría mujeres), personas solas sin estudios o con estudios primarios, gente con escasos ingresos o sin ellos o que perciben pensiones no contributivas.

Por otra parte, Miralles ha anunciado que, muy probablemente el próximo mes de septiembre, se retomen las clases de castellano y de refuerzo escolar para núcleos familiares vulnerables, siempre que la evolución de la pandemia permita volver a la normalidad.