Llegó a Vila-real hace dos décadas desde su Sober natal, en la provincia de Lugo, en busca de trabajo y ganar en calidad de vida. Y en Vila-real se casó y tuvo una hija, pero sin cerrar sus vínculos con el municipio lucense, donde todavía reside parte de su familia.

El trabajo diario en una gran empresa de construcción y obra pública ha sido, es y seguirá siendo uno de sus objetivos hasta su jubilación. Aunque para ello aún le queda un largo camino, pues ahora tiene 42 años de edad.

Toño Piñeiro ha accedido a hablar con ‘Mediterráneo’ de su hallazgo de nueve millones escondidos en botes de Nesquik en su casa de Sober (Lugo). GABRIEL UTIEL BLANCO

Con todo, Toño Piñeiro saltó de alguna manera a la fama de una manera muy peculiar, cuando halló nueve millones de las antiguas pesetas, escondidos en botes de Nesquik, durante la realización de obras en la casa que adquirió en Sober para pasar las vacaciones y para vivir en ella tras su jubilación. El interés de los diferentes medios de comunicación tras saltar la noticia tuvo como consecuencia que Toño Piñeiro se cerrara y no aceptara entrevistas.

Ahora, ya de nuevo en Vila-real y pasando página del «agobio» que sufrió a principios de septiembre, cuando se dio a conocer el hallazgo, ha decidido hablar con Mediterráneo de esta parte de su vida que, de alguna manera, le ha marcado. El jardín del Museu de la Ciutat Casa de Polo, con los dos campanarios de la basílica de Sant Pasqual al fondo ha sido el espacio elegido para dialogar con un vila-realense de adopción que, pese a encontrarse nueve millones de pesetas, no ha perdido su sencillez habitual.

El relato

«Compré la casa de Sober hace unos siete u ocho años. Es una vivienda antigua, por lo que cuatro o cinco años atrás decidí empezar a realizar obras para ir adecuándola», explica este lucense afincado en Vila-real. «Lo primero que hice fue limpiar la casa, que estaba llena de trastos, en las vacaciones de Navidad y en el verano siguiente comencé los trabajos. Fue entonces cuando hallé los primeros botes, en su mayoría con billetes de 5.000 pesetas, con dos millones y medio (15.000 de los actuales euros) y en las Navidades siguientes encontré otra cantidad igual», explica. En ambos casos llegó a tiempo para poder cambiar este dinero por euros, que invirtió arreglando parte del techo de la vivienda.

Toño, en su casa de Sober, con parte del dinero encontrado. MEDITERRÁNEO

Y este último verano, de nuevo cuando acometía nuevos arreglos en el edificio, encontró otro de los botes, esta vez con cuatro millones de pesetas (24.000 euros) que, por desgracia, ya no pudo canjear por billetes de curso legal.

Con todo, Toño Piñero se siente afortunado, pero lamenta que «haya gente en mi pueblo que se piensa que sabía de la existencia del dinero escondido y que por eso compré la vivienda de Sober». Y añade: «Si encuentro más pues bien y si no a seguir con la reforma, aunque se queden más botes escondidos entre las paredes».

A la venta

El afortunado vila-realense reconoce que «aún me quedan muchos billetes, sobre todo de 5.000 pesetas, aunque también hay algunos de 1.000». Y ante la imposibilidad de cambiarlos por euros su salida es «ir vendiéndolos poco a poco». De hecho, uno de sus primeros compradores ha sido el diseñador Pepe Cruz, hijo de José María Cruz Novillo, quien ideó la imagen de los billetes que el Banco de España puso en circulación entre 1979 y 1985.

El lucense de nacimiento y vila-realense de adopción, muestra parte del dinero encontrado en botes de cacao en el jardín del Museu de la Ciutat Casa de Polo. GABRIEL UTIEL BLANCO

El resto de piezas «las voy vendiendo a gente que está interesada, básicamente coleccionistas, y que se ponen en contacto conmigo a través de Facebook. Un interés que, incluso, le ha llegado con proposiciones desde México.

Por ahora, los billetes están a la venta por 30 euros los de 5.000 pesetas y a 15 euros los de 1.000. Además, la empresa que elabora el cacao Nesquik le llamó para regalarle un lote de productos.