EVOLUCIÓN HISTÓRICA
El Termet de Vila-real: Lo que pudo haber sido y no fue
En este 2024 se cumple un siglo de la plantación de 3.000 pinos en el paraje del Termet y 90 desde que el prestigioso arquitecto catalán presentara un proyecto de urbanización para la zona, a petición del consistorio de la época

LO QUE ES HOY EL TERMET: El desarrollo del espacio proyectado por Cendoya se frenó al iniciarse la guerra civil y después ya no se retomó, por lo que el resultado es un área natural de 180.000 metros cuadrados. / MEDITERRÁNEO
A nadie se le escapa que el paraje del Termet de Vila-real es uno de los espacios naturales por excelencia de la provincia de Castellón. Y lo es porque hace un siglo, el Ayuntamiento de la época decidió plantar 3.000 pinos en los 180.000 metros cuadrados de su superficie. De esta manera, fue la mano del ser humano la que diseñó este rincón que ocupa todo el meandro que, con el paso de cientos de años, crearon las aguas del río Millars.
Sin embargo, una década después, y como se relata en el portal Vilapèdia, el prestigioso arquitecto catalán Eugenio Pedro Cendoya presentó un proyecto, encargado por el propio consistorio entonces presidido por Manuel Usó, en el que se proponía urbanizar el Termet, con un diseño rompedor para los años treinta del pasado siglo.
Mucho aire y mucho sol era el lema de este planteamiento urbanístico, que dividía la zona en dos grandes áreas, una social y otra deportiva, que generarían tres núcleos diferenciados pero, a su vez, interconectados entre ellos.
Se trataba, ya hace 100 años, de un paraje natural ampliamente utilizado por los vila-realenses, al emplazarse en él la ermita de la patrona de la ciudad, la Mare de Déu de Gràcia, lo que favorecía la peregrinación del vecindario que, además, aprovechaban los beneficios de contar con las aguas del Millars, especialmente en verano.

LO QUE PUDO HABER SIDO: Imagen del plano que acompañaba al proyecto que el prestigioso arquitecto catalán Eugenio de Cendoya presentó al consistorio para urbanizar la zona del actual paraje natural de Termet. / VILAPÈDIA
De haberse completado el desarrollo del proyecto de Cendoya, la imagen de este espacio hubiera cambiado de manera radical y diferiría en su totalidad con la que presenta en la actualidad. Básicamente, porque buena parte de los 3.000 pinos que plantó el Ayuntamiento 10 años antes hubieran tenido que eliminarse para acometer las obras propuestas.
La guerra civil
El inicio de la guerra civil, en 1936, truncó definitivamente la ejecución de los trabajos, de los que únicamente se pudo completar el albergue de la Mare de Déu de Gràcia, un edificio en el que en la actualidad se ultima su rehabilitación, con la inclusión de una terraza acristalada que llevará por nombre el pabellón Cendoya, en recuerdo del arquitecto que lo diseño en el marco de un proyecto de conjunto muy innovador.
En concreto, y como se explica ampliamente en Vilapèdia, el plan de intervención contemplaba no solo la construcción de infraestructuras deportivas y de uso social de nivel, sino también viviendas unifamiliares, mercado y galerías comerciales para dar servicio a quienes se decidieran por vivir o por pasar parte del año en esta ciudad-jardín. Eso sí, el Ayuntamiento sería el que gestionaría el alquiler de estas casas.
Según los planos aportados por Cendoya , el principal núcleo deportivo lo integraban un estadio con una superficie de casi 13.000 metros cuadrados (algo menos de la cuenta en la actualidad el Estadio de la Cerámica), con un campo de fútbol con las dimensiones reglamentarias en aquel momento, de 96x54 metros, y una capacidad para 6.800 espectadores (en aquel entonces, Vila-real tenía poco más de 19.000 habitantes). Detrás de las porterías se diseñaron dos semicírculos para diferentes modalidades de atletismo y en la línea más exterior se habilitó una pista de 400 metros para carreras.
Más instalaciones
Pero las instalaciones de carácter deportivo iban más allá, hasta el punto de incluir un velódromo con una anchura de pista de siete metros, así como dos gradas, una de ellas cubierta, bajo la cual se ubicaban ) los vestuarios, taquillas, almacenes y otros espacios relacionados con este tipo de recintos.
El ambicioso proyecto sumaba, además, un área para grandes espectáculos, una piscina de 33,33 metros de largo por otros 12 de ancho, con tres trampolines de 3,5 y 7 metros de altura. Asimismo, se contemplaban tres pistas de tenis, campos de juegos para croquet o minigolf y un establecimiento hotelero. De hecho, tanto la piscina como las pistas del tenis estaban comunicadas directamente con este recurso turístico.
Presente y futuro
Con todo, lo cierto es que la paralización y abandono de este innovador plan de urbanización del Termet gestado hace casi un siglo ha permitido dar forma a un espacio natural que, en la actualidad, disfrutan miles de vila-realenses y vecinos de otros lugares a lo largo del año. Un espacio que forma parte del Paisatge Protegit de la Desembocadura del Millars y que incluye una ruta botánica que bordea el cauce del río desde el Termet hasta el puente de Santa Quitèria.
Por otra parte, hay que recordar que la agenda de futuro de la ciudad de Vila-real reconoce, de alguna manera, que este paraje se ha quedado pequeño para sus 53.000 habitantes (cuando se plantaron los 3.000 pinos hace un siglo, se contaba con unos 17.000 vecinos), por lo que se contempla la creación de un segundo Termet en forma de parque fluvial aguas abajo del Millars, entre el puente de Santa Quitèria y el Pont Nou de la antigua N-340, que tendrá una superficie de cerca de 100.000 metros cuadrados y que estará fuertemente ligado con el casco urbano.
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