REPORTAJE
Un histórico horno de Castellón baja la persiana
Tras 65 años de funcionamiento, acaba de cerrar otro de los hornos tradicionales de la provincia, el de José Luis Ribelles, de la saga de los ‘Garrofa’ y quien, junto a su esposa Pilarín Eixea, ha regentado el negocio

Mediterráneo
Dicen que los oficios tradicionales, los de toda la vida, se pierden en favor de productos fabricados en serie, o casi, ofrecidos por empresas que ejercen una competencia tan fuerte para los pequeños autónomos que les obliga a cerrar sus puertas o, como mucho, a aguantar como se puede hasta la jubilación de sus dueños.
Y eso es lo que han hecho, precisamente, José Luis Ribelles y Pilar Eixea, quienes han esperado a llegar a la edad del merecido retiro para, aun a su pesar, echar el cierre a su establecimiento ubicado en el número 24 de a calle Josep Nebot. Él lo ha hecho con casi 69 años, a la espera de que su esposa cumpliera los 65 el pasado mes de abril.

Pilarín atiende a uno de sus clientes habituales, en el penúltimo día de apertura del negocio familiar. / JOSEP CARDA
El emblemático horno y panadería dejó de estar abierto al público dos días antes de finalizar el 2024, después de 65 años. Así, de la treintena de estos negocios que existían en Vila-real hace dos o tres décadas, en la actualidad tan solo quedan una decena de ellos.
Trayectoria familiar
De la saga de los Garrofa, José Luis es el último descendiente directo de una amplia familia de panaderos, si bien es cierto que todavía queda abierto un establecimiento en la avenida Pius XII con el apodo familiar, regentado por el hijo de un primo-hermano.

José Luis Ribelles saca del horno los últimos panes de su trayectoria profesional. / JOSEP CARDA
«El primero en abrir su negocio fue mi abuelo, que comenzó en la calle Bisbe Rocamora. Después, mi padre abrió este que hemos regentado hasta ahora, aunque más que conocerlo como Garrofa lo era como el de Filomena, que era mi madre», explica Ribelles, quien añade que «primero comenzó con un horno moruno, pero pasados 10 años se puso el giratorio actual».
"El de panadero es uno oficio duro, como la mayor parte de las labores que tienen un elevado porcentaje de artesanía. Habitualmente se trabajan 14 o 16 horas, incluso 20 en determinadas fechas y siempre de noche", señala.
Algo que a José Luis y Pilarín les ha impedido disfrutar de un tiempo libre que, ahora, comienzan a degustar. «Me salieron dos viajes para ir a ver al Villarreal CF, pero tuve que regalarlos porque no podíamos ir», apunta Ribelles.
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