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Siete consecuencias de la eliminación del Villarreal en la Copa del Rey

El enésimo adiós a la Copa del Rey, escasos días después de la matemática eliminación en la Champions, deja una sensación de vacío... pese a que, en LaLiga, el Submarino depende de sí mismo para ponerse líder

Alberto Moleiro, en el Racing de Santander-Villarreal CF de la Copa del Rey.

Alberto Moleiro, en el Racing de Santander-Villarreal CF de la Copa del Rey. / PEDRO PUENTE HOYOS

Juan Francisco de la Ossa

Juan Francisco de la Ossa

Vila-real

El KO del Villarreal CF en la Copa del Rey, con la que, definitivamente, tiene una relación de odio más que amor, reabre la herida de la aún reciente eliminación matemática en la Champions, más allá de que todavía le resten dos encuentros.

El Submarino se apresta a cerrar diciembre con una matrícula de honor en LaLiga EASports (depende de sí mismo para ponerse líder) al suspenso en las otras dos competiciones que habían elevado las expectativas, algo directamente proporcional a ese estratosférico presupuesto de 215 millones de euros aprobado el lunes.

La factura que deja el traspié de Santander redunda en lo de la Liga de Campeones, dejando una sensación de vacío, sobre todo teniendo en cuenta sus grandes números en el campeonato doméstico.

La despedida en Santander deja una factura elevada, tanto en el corto como en el medio plazo.

El aspecto mental. La idílica temporada se ha truncado, dejando unas sensaciones un tanto extrañas, máxime cuando el rendimiento entre competiciones es dispar. Después de la inversión y de colocar tan alto el listón, esta última semana ha sido frustrante. El Villarreal, de puertas para adentro, se impone un periodo de reflexión y mantener la cabeza fría, sobre todo porque el rendimiento tan desigual no puede responder a una explicación. Son esas cosas impredecibles que alejan al fútbol de los estrictamente racional.

Más ausencias ante el Barcelona. No es extraño que los resultados se hayan resentido cuando el Villarreal ha acumulado bajas. Además, la Copa de África deja a Marcelino, durante unas cuantas semanas, sin Pape Gueye ni Ilias Akhomach, sumándose a Logan Costa y Willy Kambwala, más Thomas Partey, Santiago Mouriño y Gerard Moreno. Los amarillos regresaron de Cantabria con Juan Foyth y Sergi Cardona lastimados, con lo que Marcelino tiene, salvo en la delantera, verdaderas dificultades para armar un once y tener recambios de garantías cara al Villarreal-Barcelona del domingo a las 16.15 horas. Pueden ser hasta nueve ausencias.

Frágil en las dos áreas. El Villarreal vuelve a mostrarse permeable, encajando más goles de la cuenta y en situaciones que parecían erradicadas, como los tempraneros tantos recibidos por el Copenhague o el Racing. Y arriba, también ha perdido la eficacia: el Submarino continúa rondando los 20 remates por partido, pero con menos puntería.

El problema de la medular. El traspaso de Álex Baena y el escaso protagonismo de Dani Parejo (alrededor del 30% de los minutos) han dejado al equipo huérfano de generadores de fútbol, circunstancias que se agudizan cuando el equipo se ve por debajo en el marcador y los rivales se encierran. Gerard Moreno ha paliado en parte ese problema, como Alberto Moleiro en situaciones puntuales pero llegar a solucionarlo del todo.

El desgaste de las tres competiciones. Pese a que el Villarreal dispone de una plantilla amplia y con recambios de garantías, no ha sido inmune a la factura que pasa competir al más alto nivel en LaLiga, Champions y Copa del Rey (suele afectar, incluso, a equipos todavía más poderosos). En el presente, pocos futbolistas groguets están con la flecha hacia arriba, mutando el Submarino a un equipo con menos chispa y desequilibrio, más previsible y, por tanto, susceptible de ser presa de la ansiedad. Ante la saturación del plan A, no ha encontrado un B.

Tres años seguidos cayendo antes de los octavos de final

Los sinsabores del Submarino en la Copa del Rey son notorios, aunque especialmente desagradables en las tres últimas ediciones, habiendo caído contra Unionistas de Salamanca (2023), Pontevedra (2024) y Racing de Santander (2025).

Su tope son los cuartos de final consecutivos en 2020 y 2021. Desde que es equipo de Primera División, coincidiendo con este siglo, el Submarino ha caído hasta en una docena de ocasiones frente a rivales de inferior categoría en la Copa del Rey.

La obligación de aligerar la plantilla. En un mes, el Villarreal se quedará con un solamente partido a la semana. Y a pesar de las nueve bajas, salvo Logan Costa, a quien todavía le queda, el resto volverán en cuestión de semana (incluyendo a Kambwala).

Además, se sumará Thiago Fernández, volante izquierdo argentino que se incorporará desde Vélez Sársfield a un Villarreal, de momento, sin fichas libres.

El club debe resolver situaciones como la de los tres porteros, la salida de Adri Altimira (solo hace falta saber el destino: el Oviedo ve en él al recambio de Nacho Vidal) y la incógnita de Manor Solomon.

Dinero y prestigio. El palo de la Champions tiene una repercusión negativa cifrada en 10 millones, que podría amortiguar de ganar en las dos últimas jornadas. El KO de la Copa del Rey, económicamente hablando, no es tanto, pero cierra una de las dos puertas a la Supercopa de España en Arabia Saudí. Con todo, este doble revés merma la admiración hacia el club.

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