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La crónica | El Getafe saca de quicio al Villarreal (2-1)

En un ambiente hostil, los de Marcelino muerden el anzuelo de Bordalás, sufren para generar y dos errores en defensa le condenan

Mikautadze recorta distancias en un arreón insuficiente

Arambarri abrió el marcador desde el punto de penalti.

Arambarri abrió el marcador desde el punto de penalti. / Mariscal / EFE

Getafe (Enviado especial)

El Villarreal CF mordió el anzuelo del Getafe, que ejecutó con precisión quirúrgica el guion diseñado por José Bordalás hasta desquiciar a un Submarino espeso con balón, atrapado en un laberinto táctico y demasiado frágil atrás, pagando caro varios errores. Un penaltito de VAR al filo del descanso y un grave fallo en la salida de balón pusieron el partido en bandeja para los azulones, que acabaron perdiendo tiempo a diestro y siniestro. Una derrota que no supone ningún drama: el Submarino mantiene un colchón sólido sobre la quinta plaza y sigue mirando de cerca al Atlético de Madrid, además con un encuentro todavía pendiente, e ldel próximo miércoles en el Ciutat.

Podrá gustar más o menos la propuesta de Bordalás, pero hay una cosa que es irrebatible: los jugadores mueren en su idea y juegan al límite de sus posibilidades.

A veces demasiado, para eso estuvo un árbitro novel en la categoría, que en acabó picando en la trampa. También tuvo un papel esencial una grada encendida que repartió cánticos a Marcelino, a Parejo y a Buchanan, con el que se ensañaron por el pelotazo a Milla en el partido de ida.

Frente a todo ello tuvo que pelear el Submarino y Marcelino tenía claro el partido que le esperaba. Aquejados por un proceso febril (estuvieron en el banquillo) Pedraza suplió a Cardona... la duda era saber quién haría de Moleiro.

El tinerfeño es el dueño del rincón de los jugones amarillos (Riquelme, Pirés, Cazorla, Baena). El técnico asturiano fue valiente y apostó por Hugo López, que disfrutó de la primera titularidad en un escenario poco apropiado para lucir. Mikautadze esperó su turno en el banquillo y Oluwaseyi tuvo su oportunidad.

Con un sol radiante y en el día de San Valentín, más de una pareja aplazó la visita al cine para disfrutar del Getafe-Villarreal. Dieron las 16.15 y empezó a rodar el balón con el clásico tanteo inicial. Los de Bordalás, hoy en la grada, marcaron su territorio cuando algunos aficionados todavía buscaban su asiento. Segundo nueve y primera falta. Respondió el Villarreal con una acción de Hugo López por izquierda que acabó en córner y varias posesiones en campo contrario que auguraban un dominio groguet.

El groguet Hugo López, rodeado de rivales.

El groguet Hugo López, rodeado de rivales. / Mariscal / EFE

No fue así porque el Getafe plantó una maraña de futbolistas más complicada de superar que un sudoku a nivel extremo. Milla, Arambarri, Djené en el primer muro. Abqar, Duarte y Romero en el segundo. Seis soldados de Bordalás en el eje central. El único futbolista que intentó romper alguna línea fue Parejo, con el juego trabado. Buchanan recibía pero cuando tocaba el balón tenía a Iglesias pisándole los talones, mientras Pepe y Oluwaseyi estaban acorralados.

En ese contexto fue creciendo el Getafe con un motivadísimo Kiko Femenía, que en el minuto 5 reclamó un penalti. No hubo nada. Luis Vazquez y Satriani cargaban el área y la pareja Milla-Arrambarri llegaban de segunda línea como pitbulls hambrientos.

Poca producción

La estadística de la primera parte fue demoledora: 0 tiros del Villarreal fuera y 0 entre los tres palos. Un Milla muy activo despertó al respetable con un remate escorado que rozó el palo. Uy en las gradas. Fue la más clara antes de llegar al acción que lo cambió todo.

En el 37’, Luis Vázquez cayó en el área tras un leve agarrón de Renato Veiga y reclamó penalti. Tras una tangana y la revisión en el monitor por indicación del VAR, Miguel Sesma señaló la pena máxima. Arambarri engañó a Luiz Júnior y firmó el 1-0 antes del descanso. Tocaba reflexionar.

La segunda parte

Marcelino movió ficha y recurrió a Ayoze Pérez por Hugo López. Más mordiente para intentar reaccionar. Pero no era el día. Si con un gol la empresa era complicada, con dos parecía correr una media maratón sin apenas entrenamiento. En el 53’ Parejo y Pau se hicieron un lío en la salida de balón y Satriani pilló a la defensa en cuadros. Dos balones laterales que terminaron en gol.

El primer remate del Villarreal fue en el 57’ en un cabezazo de Renato Veiga. No quedaba otra que arriesgar. Marcelino quemó las naves metiendo a Mikautadze y Comesaña. Más volcados, el georgiano se inventó un golazo de los suyos. Esta vez tocó amago, picadita al palo y al rebote para dentro.

Lo intentó a la desesperada el Submarino en el tramo final ante un rival agazapado con una línea de seis que acabó perdiendo tiempo y pidiendo la hora. Y así, el Villarreal terminó desquiciado.

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