La crónica del Levante-Villarreal: Había que ganar... y se ganó (0-1)
El Villarreal aprovecha la bola extra de su partido pendiente para meter más distancia a Atlético... y Betis
Mikautadze resuelve en el Ciutat de València, en otro flojo encuentro del Submarino

Mikautadze celebra el gol de la victoria. / Francisco Calabuig / Levante-EMV

Había que ganar... y se ganó. Sufriendo, con todo el equipo metido en su área en un descuento al límite, el Villarreal aprovechó la bola extra de su encuentro aplazado para sumar tres puntos que le distancian de Atlético y Betis. Georges Mikautadze resolvió en el Ciutat de València (0-1), donde el Levante murió con las botas puestas, aunque comprando casi todos los billetes para acompañar al Oviedo de regreso a Segunda División.
Estos partidos pendientes, sobre todo cuando se arrastran desde hace tanto tiempo (más de dos meses, en este caso), tienen unas connotaciones especiales. Uno, cuando mira la clasificación, piensa «si lo gano...». Es un comodín, una especie de asidero para los dos equipos, que puede, como un espejismo, deformar la realidad.
Levante y Villarreal encaraban con esa idea la cita de Orriols. Ya no mirando la tabla sino pensando solo en sus propios intereses, este derbi autonómico llegaba con la sensación de ser un match ball en contra para los locales y una bola extra para los visitantes.
Sin Etta Eyong en un extraño once de los locales y con hasta seis variaciones de Marcelino García respecto al Coliseum, el envite arrancó bajo un viento racheado que se dejaba sentir en el recinto granota y que, en el punto de partida, beneficiaba a los amarillos.
Fogosa puesta en acción del Levante, aunque su mejor ocasión la firmó Rafa Marín: a los dos minutos casi hace el primero... pero para los anfitriones, que, magullados por lo que les había pasado en el derbi vecinal con el Valencia, estaban escocidos por el resultado y las amargas consecuencias. Sin embargo, es un equipo muy limitado.
El Levante lo intentaba, mientras la producción ofensiva del Villarreal era nula. No es este el Submarino apabullante de la primera vuelta; baste el preocupante dato de los primeros 25 minutos: siete faltas cometidas, cuando el empuje de su adversario estaba siendo todo menos un torbellino.
De la nada, dos ocasiones
Camino del 28’, primera ocasión del Villarreal, con Mikautadze exigiendo a Mathew Ryan. La acción supuso un momentáneo cambio de tendencia en un encuentro de lo más espeso, tostón. A la media hora exacta, Alberto Moleiro estampó su cabezazo en el poste.
Nicolas Pepe aportaba algunos chispazos por la derecha, donde cargaban los groguets. Uno de ellos le llevó hasta la línea de fondo y poner un buen centro a Ayoze Pérez, cuya blandita volea entregó a los brazos del australiano. Marró una ocasión prometedora, como antes Carlos Espí ante Luis Júnior.
El flojo primer tiempo terminó con una jugada que le puso la foto: un barullo en el área local. Sin más.
Difícilmente que el primer tiempo hubiese gustado a cualquier entrenador, así que tanto Luís Castro como Marcelino tocaron los resortes para reactivar el encuentro. Primero, un contraataque de manual que Pape Gueye no ajustó su latigazo en el 48’. La respuesta, inmediata, corrió a cargo de Paco Cortés, con el antológico vuelo de Luiz Júnior para, a mano cambiada, conservar el 0-0.
Gol de Mika
Fue el momento del Levante, con corazón, a falta de argumentos futbolísticos. Porque arriba, por muy mal que esté el Villarreal, tiene un talento inconmensurable. Pepe y Mikautadze se juntaron en otra contra para trasladar al marcador la abrumadora diferencia entre ambos contendientes.
Con ya algo menos de media hora por delante, el Levante recurrió a Etta Eyong. El camerunés se desmayó en el área y el Ciutat de València se encendió cuando el benidormer Juan Martínez Munuera dijo que nada, que ni él ni el VAR apreciaron punibilidad en el contacto al límite de Cardona.
Doble opción para el 0-2
Había que resistir esos arrebatos, casi estertores de un equipo que se encontraba a siete puntos de la permanencia. Y, a ser posible, evitar sustos de última hora. A nueve minutos del final, Alfonso Pedraza y, principalmente, Mikautadze, perdonaron el 0-2. Ryan y, de forma especial, Alan Matturro fueron los responsables de prolongar la incertidumbre hasta el final.
Y ya con la última tanda de cambios, con el Villarreal defendiendo con doble lateral en ambos costados, con Ryan subiendo a rematar hasta en tres oportunidades, a Renato Veiga le tocó mantener el 0-1 a buen recaudo.
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