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La crónica del Alavés-Villarreal: Un punto de fe en Vitoria (1-1)

El Villarreal araña un empate en un partido incomodísimo en Mendizorroza

Un golazo de Pepe en el minuto 98 iguala el tanto en propia puerta de Rafa Marín

Pepe, autor del empate.

Pepe, autor del empate. / ADRIAN RUIZ HIERRO

Enrique Ballester

Enrique Ballester

Castellón

En el fútbol, con frecuencia, es necesario primero sufrir para después disfrutar. A veces el fútbol no se juega. A veces el fútbol se sufre hasta el minuto 98. El Villarreal, que arañó un empate de fe a última hora, sabía lo que le esperaba en Vitoria, porque no podía esperar otro plan en Mendizorroza, y menos con el Deportivo Alavés peleando por la permanencia.

Ese plan, con matices, exige siempre al visitante compromiso con la intendencia, capacidad para gozar de la disputa, del duelo, de la pierna fuerte, y contundencia en el área para dejar huella. Sin esa combinación es muy difícil salir vencedor de un campo que aprieta al límite y que dicta con la percusión de la grada el ritmo del juego directo en el verde.

Con la lección en la mente, el Villarreal arrancó asido a los buenos propósitos. Pedraza, que asomó en el once doblando el carril por delante de Cardona, fue el primero en atacar la profundidad en una de las transiciones visitantes. Pronto el partido definió los roles: el Alavés abría campo y cargaba el área para el centro, y el Villarreal se perfilaba para castigar de vuelta los espacios. El cóctel deparó mucho ritmo, demasiada precipitación y poco tino. No hubo un tiro a puerta hasta el tiempo de descuento.

De hecho, llegó antes el gol que el primer tiro a puerta. El Villarreal encajó el 1-0 en una jugada en la que todo lo que podía salir mal, salió peor. Primero Rafa Marín perdió una pugna al límite de la falta, luego Pablo Ibáñez serpenteó frente a Cardona cerca de la línea de fondo y su centro generó una serie de rebotes en el área. Toni Martínez taconeó el balón suelto, que se coló en la portería tras golpear en el rostro de Rafa Marín, principio y final de la desgracia.

Pepe disputa un balón.

Pepe disputa un balón. / ADRIAN RUIZ HIERRO

El Submarino, que fue difuminándose a medida que avanzó el primer acto, anduvo cerca de empatar antes del descanso, en el mentado tiro del descuento. Pepe ganó un salto y Comesaña se topó con el meta Sivera en posición franca. Tampoco acertó Pepe con el rechace. Lo tiró alto.

Segunda parte

Por si faltaba algún ingrediente al clásico escenario de Mendizorroza, en el descanso la lluvia elevó su intensidad. El césped, que ya había condicionado algunas jugadas, pasó a condicionar casi todas.

El Alavés aumentó el nivel de contactos y cedió territorio. Pronto Mikautadze probó a Sivera, pero el juego se enredó al máximo con el típico cóctel de simulaciones, protestas y pérdidas de tiempo. Marcelino buscó soluciones en el banquillo (Gerard, Moleiro, Partey...) y el Submarino dio un paso adelante.

Las ocasiones llegaron por goteo. Un destello de lucidez de Gerard generó una oportunidad clara que no aprovechó Pepe. El mismo Pepe no culminó después una gran jugada individual. El mismo Pepe pidió roja por un golpe de Koski en la cara, pero el árbitro pitó saque de banda. Lo sacó Freeman, lo peinó un rival y dio en la madera.

Y el mismo Pepe, en el minuto 98, recogió una pelota cedida por Gerard en el área y la clavó en la escuadra, porque a veces en el fútbol se sufren 97 minutos y se disfruta el último, con un golazo monumental, sin que se sepa muy bien cómo.

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