Informe: Iñigo Pérez define su estilo en una interesante pretemporada del Villarreal
El nuevo técnico del Submarino plasma señales reconocibles de su propuesta: presión alta, laterales ofensivos, gran presencia en campo rival y un fútbol más agresivo que también obliga a aprender a defender con grandes espacios

Iñigo Pérez, entrenador del Villarreal. / Villarreal CF

El Villarreal CF de Iñigo Pérez empieza a reconocerse. Un mes después de que el técnico navarro asumiera el mando del conjunto amarillo, la pretemporada ha servido para algo más que acumular kilómetros, minutos y carga física antes del comienzo de LaLiga. El nuevo entrenador ha aprovechado estas primeras semanas para empezar a transformar al equipo, introducir nuevos conceptos y definir una identidad que ya ha dejado señales evidentes en los amistosos.
El balance de la preparación ha tenido altibajos en cuanto a resultados, con victorias de prestigio y alguna derrota contundente, pero la evolución futbolística ofrece argumentos para el optimismo. El Villarreal quiere jugar más arriba, recuperar antes el balón y acumular muchos futbolistas cerca del área contraria, incluso a costa de asumir mayores riesgos cuando pierde la posesión.
Es el primer esbozo del Villarreal de Iñigo Pérez, un entrenador que llega avalado por su trabajo en el Rayo Vallecano y que afronta el reto de suceder a Marcelino García Toral después de una campaña sobresaliente, en la que el Submarino terminó tercero en LaLiga y volvió a clasificarse para la Champions.

Iñigo Pérez, entrenador del Villarreal, ante el PSV. / VILLARREAL CF
Una presión mucho más agresiva
Uno de los cambios más visibles está en la manera de defender. Iñigo quiere que el Villarreal empiece a defender muy cerca de la portería rival. La intención es activar una presión alta inmediatamente después de pérdida, dificultar la salida del contrario y recuperar el balón en posiciones desde las que se pueda volver a atacar rápidamente.
El equipo trata de juntar muchos jugadores en campo contrario y elevar su línea defensiva. No se trata únicamente de correr hacia adelante para presionar, sino de conseguir que todas las líneas acompañen el movimiento y reducir los espacios disponibles para el adversario.
Es un mecanismo que necesita tiempo. Cuando la presión funciona, el Villarreal consigue instalarse durante largos periodos alrededor del área contraria y genera segundas jugadas, recuperaciones y nuevas oleadas ofensivas. Cuando se rompe, sin embargo, aparecen metros a la espalda y el equipo queda obligado a defender en campo abierto, una de las grandes exigencias de la nueva propuesta.
Ese equilibrio entre agresividad y protección será uno de los aspectos que deberá continuar ajustando Iñigo Pérez una vez empiece la competición oficial.

Iñigo Pérez, entrenador del Villarreal. / Villarreal CF
Laterales altos y muchos jugadores llegando al área
La posición de los laterales es otra de las claves. El Villarreal pretende ensanchar el campo y llevar a sus jugadores de banda muy arriba, provocando que buena parte de sus ataques se desarrollen con muchos efectivos por delante del balón.
El regreso de Carlos Romero encaja especialmente en esta idea por su capacidad para recorrer el carril izquierdo y aparecer constantemente en posiciones ofensivas. Por el otro costado, las diferentes alternativas permiten al entrenador modificar alturas y comportamientos dependiendo del rival y de los futbolistas elegidos.
La consecuencia es un Villarreal que intenta llevar más hombres al último tercio. Extremos, delanteros y centrocampistas tienen libertad para ocupar diferentes zonas, intercambiar posiciones y atacar el área desde segunda línea.

Iñigo Pérez, entrenador del Villarreal. / Villarreal CF
Perfiles como Moleiro, Nicolas Pépé, Ayoze o Gerard ofrecen calidad para recibir entre líneas y asociarse, mientras que Georges Mikautadze aporta movilidad, profundidad y presencia en zonas de remate. La intención es que el ataque no dependa exclusivamente del delantero centro, sino generar llegadas desde distintas alturas y posiciones.
Precisamente Ayoze Pérez ha sido uno de los futbolistas que mejor ha aprovechado la pretemporada, hasta convertirse en el máximo goleador amarillo de la preparación con cuatro tantos. Tras una pasada temporada condicionada por los problemas físicos, el atacante tinerfeño ha vuelto a ofrecer señales de la capacidad que puede tener para ser una pieza importante en este nuevo Villarreal.
Más vértigo y menos especulación
El cambio no supone renunciar a la posesión. Al contrario. Iñigo Pérez quiere que su equipo tenga el balón, pero con una intención claramente ofensiva. La prioridad es progresar, atraer al rival para encontrar espacios y acelerar cuando aparece la posibilidad de romper líneas.
El Villarreal busca jugar con ritmo, alternar asociaciones cortas con ataques verticales y mantener una elevada ocupación del campo contrario. La movilidad de sus futbolistas ofensivos permite generar intercambios constantes y hace que el dibujo inicial tenga menos importancia que la ocupación de los espacios.

Iñigo Pérez, entrenador del Villarreal. / Toni Losas
También aumenta la responsabilidad de los centrocampistas. Santi Comesaña y Pape Gueye aparecen como referencias para sostener al equipo, ganar duelos y permitir que los futbolistas más ofensivos puedan jugar unos metros por delante. A ellos se han sumado durante la preparación jóvenes como Carlos Maciá, Cheikh Tidiane y Alassane Diatta, una muestra de que el nuevo técnico tampoco tiene reparos en mirar hacia el filial.
Iñigo está construyendo así un equipo más agresivo y dinámico, pero que necesitará dominar también los momentos en los que sea necesario bajar revoluciones. La Champions, LaLiga y la Copa exigirán diferentes registros.
Una pretemporada condicionada por el Mundial
El entrenador tampoco ha tenido una preparación convencional. La disputa del Mundial provocó que algunos internacionales se incorporaran más tarde y que Iñigo Pérez no pudiera trabajar con toda su plantilla hasta comienzos de agosto.
Eso explica parte de las diferencias mostradas entre unos amistosos y otros. El técnico ha tenido que distribuir minutos, manejar distintos estados físicos y trabajar conceptos colectivos mientras recuperaba progresivamente futbolistas.

Iñigo Pérez, entrenador del Villarreal. / Toni Losas
Además, la plantilla ha sufrido cambios relevantes. Las salidas de dos referentes como Dani Parejo y Alfonso Pedraza, además del relevo en el banquillo, obligan a construir nuevos liderazgos y automatismos. De momento, el principal refuerzo exterior ha sido el experimentado guardameta Péter Gulácsi, mientras el club ha recuperado jugadores cedidos como Carlos Romero e Ilias Akhomach y ha dado espacio a jóvenes procedentes de la cantera.
Foyth, otra gran noticia
Uno de los mejores acontecimientos de la preparación ha llegado prácticamente al final. Juan Foyth reapareció tras seis meses de ausencia, una recuperación especialmente importante por el valor del internacional argentino dentro de la plantilla.
A ello se añade que Logan Costa y Willy Kambwala han podido completar una preparación mucho más normal después de las graves lesiones que sufrieron en la pretemporada anterior y que les mantuvieron fuera durante buena parte de la pasada campaña.
La disponibilidad de centrales rápidos y capaces de defender lejos de su portería adquiere todavía más importancia con la propuesta de Iñigo Pérez. Si el Villarreal pretende presionar arriba y mantener muchos jugadores en terreno contrario, su última línea deberá convivir habitualmente con muchos metros a su espalda.

Foyth ante Oshimen en el Galatasaray-Villarreal. / VILLARREAL CF
Un Villarreal reconocible antes de empezar LaLiga
La pretemporada deja todavía interrogantes, mecanismos por pulir y futbolistas que necesitan adquirir el mismo nivel físico, pero también una primera certeza: Iñigo Pérez no ha llegado al Villarreal para realizar pequeños retoques.
El navarro pretende construir un equipo reconocible, valiente y protagonista. Un Villarreal que presione arriba, defienda hacia adelante, coloque a sus laterales en posiciones ofensivas, acumule jugadores alrededor del área y ataque con continuidad.
La propuesta implica riesgos y necesitará ajustes, especialmente para controlar las transiciones y defender los espacios que inevitablemente aparecen cuando tantos jugadores participan en ataque. Pero el primer mes de trabajo deja una impresión interesante.

Iñigo Pérez, entrenador del Villarreal. / Toni Losas
Con Luiz Júnior, Foyth, Renato Veiga, Pau Navarro, Kambwala, Cardona, Comesaña, Gueye, Moleiro, Pépé, Ayoze, Gerard y Mikautadze como parte de la columna vertebral, además de una nueva generación de jóvenes reclamando protagonismo, el Villarreal inicia otra etapa.
Después del sobresaliente rendimiento liguero de la pasada temporada, el objetivo ya no será únicamente mantener al Submarino entre los mejores. El desafío de Iñigo Pérez será hacerlo con una identidad propia y trasladar esa ambición también a la Champions y la Copa del Rey. La pretemporada ha sido solamente el primer laboratorio, pero su Villarreal ya empieza a enseñar cómo quiere jugar.
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