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Villarreal CF

El Villarreal se desangra

Pasa de recibir menos de un gol por partido antes del último parón, a una media de dos

Francis Coquelin y Aïssa Mandi, en primer término, durante el partido contra el Cádiz, que explotó la permeabilidad defensiva del Submarino tras el parón.

El Submarino tiene varias vías de agua abierta, pero la que más le hace zozobrar, es la fragilidad defensiva. Desde que retomara la competición el 17 de octubre, después de la última fecha FIFA, hace aguas. Ha pasado de recibir menos un gol por partido, a casi triplicar ese guarismo y promediar dos en contra en sus últimos cuatro compromisos, entre LaLiga y la Champions.

El Villarreal se desangra. Vayamos con los datos. Apenas si encajó tres tantos en las siete primeras jornadas, en las que mantuvo su portería a cero en cinco ocasiones (Gero Rulli solo fue batido en dos ocasiones por el Atlético en el Wanda Metropolitano y Sergio Asenjo, por el Elche en La Cerámica). Los doses del Atalanta y el Manchester United estropearon las cifras pero, con todo, fueron siete tantos en los primeros nueve encuentros oficiales, antes del reciente paréntesis competitivo.

El Submarino recobraba el pulso frente a Osasuna pero, desde entonces, ha transmitido malas vibraciones. Goles en los cuatro encuentros, errores de bulto (algunos, impropios de la élite) y una creciente sensación de inseguridad defensiva a la par de descontrol de los encuentros, por más que, frente al Cádiz, abrumara en aspectos como la posesión (77,5% contra 22,5%), los pases (563 contra 114), remates (11 y 8)...

¿Por qué?

Al margen del habitual intercambio de Unai Emery bajo palos, lo cierto es que, a excepción de Pau Francisco Torres, el resto de integrantes de la defensa ha cambiado. Al lado del vila-realense, Raúl Albiol es indiscutible, aunque los vaivenes del valenciano debido a sus problemas físicos se han dejado notar. Como se teme que ahora pueda pasar con Juan Foyth en el carril derecho, puesto al que opositan hasta tres jugadores (Serge Aurier, Mario Gaspar y Rubén Peña). Lo mismo que por el otro costado, con recientes titularidades distintas para Alfonso Pedraza, Alberto Moreno y Pervis Estupiñán.

Claro está, no es solo un problema de la defensa. Es más, sorprende como el Villarreal, un equipo acostumbrado a tener la pelota y a moverse en territorio ajeno, le estén haciendo tanto daño bien al contraataque, bien en las rápidas transiciones. Ahí los laterales necesitan más ayuda de los extremos Yeremy Pino y Arnaut Danjuma, así como una mejora del triángulo de la medular, con alternancia de Dani Parejo, Francis Coquelin, Étienne Capoue y Manu Trigueros. Un sistema táctico con dos caras, tan interiorizado y asimilado en los conceptos ofensivos como frágil cuando los amarillos no manejan el esférico.

La imagen de desgobierno de los partidos comenzó con el triunfo de Osasuna en La Cerámica, tuvo un punto y seguido con la engañosa goleada al Young Boys en Berna, se acentuó en San Mamés (donde el Athletic, incluso, le robó la pelota) y aunque en un registro distinto (el Villarreal tuvo tres veces más el balón que su rival y dio cinco veces más pases), el Cádiz, que leyó la matrícula del Submarino y le hizo muchísimo daño con la simple fórmula de presión, robo y pase en profundidad buscando al Choco Lozano, que castigó a los amarillos con el hat-trick.

El Valencia, ¿como el Cádiz?

Ha coincidido en el calendario un tipo de equipos caracterizados por exigir físicamente a sus adversarios más allá de la media. Porque, desde luego, Real Madrid, Manchester United o Betis tienen un perfil muy distinto a Osasuna, Athletic, Young Boys y Cádiz.

Y el sábado aguarda el Valencia de José Bordalás, un entrenador ante el que el Villarreal ya se las ha tenido tiesas en sus ocho duelos previos al frente del Getafe. Así que, pasado mañana, otro partido que se las trae, con el añadido de que es un derbi... ya con público.

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