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Conjura del Gobierno contra el machismo

 

La contundencia contra el machismo ha llegado al Gobierno. La comparecencia de la vicepresidenta y ministra de Igualdad, Carmen Calvo, ante la Comisión de Igualdad del Congreso ha desterrado las dudas. La gravedad de la situación que se atraviesa requiere un combate frontal contra la violencia y todas las expresiones del machismo.

Cada asesinato es una tragedia, pero el horror de las cifras desnuda su magnitud. 945 mujeres asesinadas desde que, en el 2005, empezaron a contabilizarse las muertes por violencia machista. Cuatro en la última semana. Aunque no sean recogidas por la estadística nacional, el asesinato múltiple en la localidad francesa de Pau, donde un hombre ha matado a su mujer, española, a su hijo de 2 años y a sus suegros, también españoles, dan la dimensión del problema. La violencia machista no sabe de clases sociales ni de nacionalidades. Es la expresión más letal y radical de una lacra secular que impregna toda la sociedad. Las mujeres son las principales víctimas, pero demasiadas veces los hijos también se encuentran en la diana. El dolor afecta a toda la ciudadanía.

El combate debe librarse en coalición con entidades feministas y con la colaboración de toda la ciudadanía, pero solo tendrá éxito si es apoyado decididamente por las instituciones. Resulta de especial relevancia el anuncio de devolver a los ayuntamientos las competencias en violencia machista y la intención del Ejecutivo de hacer un mayor esfuerzo presupuestario para elevar la cantidad asignada. Son las administraciones locales las que atienden a las mujeres en situación de vulnerabilidad y las que deben contar con los recursos necesarios para ofrecerles protección.

Sin duda, reemprender el pacto de Estado contra la violencia de género es fundamental. También la revisión de algunos mecanismos de protección. Dos de los últimos acusados de matar a sus parejas tenían orden de alejamiento. La indefensión que producen estas muertes en las mujeres amenazadas es dramática. Por todo ello, es evidente que más allá de las medidas de protección y control debe actuarse sobre la raíz del problema. Una educación en la igualdad y el respeto a la diversidad sexual y de género resultan factores claves en la concienciación. No solo para contrarrestar la herencia de un sistema patriarcal, sino para combatir las nuevas expresiones del machismo.