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El Periódico Mediterráneo

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REPORTAJE

La historia de Castellón a través de las mujeres comerciantes que habitan la ciudad

Las artífices del proyecto, Amaya y Tania Muñoz, junto a las mujeres entrevistadas que participan en Elles habiten la Ciutat

Elles habiten la Ciutat es una inciativa con la que el Museu de la Ciutat de Castelló (MUCC), da voz a mujeres que explican aquella parte de nuestra historia que no sale en los libros de texto. Tejida a través de los testimonios de féminas de distintas generaciones, que desde el comercio local, hablan de cómo era la capital de la Plana desde los años 40. Una ciudad con un importante peso agrario, con calles aún sin asfaltar, donde los niños jugaban tranquilamente en la calle y las mujeres salían a la fresca a compartir labores... De bailes en masets con tocadiscos alquilados, de paseos por la calle Enmedio, espacios emblemáticos como la Pérgola o el Mercantil... Y también de productos que son un referente entrañable. Las pilotas de frare, la líquida o el agua de cebada, las rosquilletas de la mustia... 

Objetivo: visibilizar a las mujeres

 Este proyecto aplica la perspectiva de género al estudio y difusión del patrimonio cultural. Con él, el Mucc ha entrado a formar parte de la plataforma europea Womens Legacy. Amaya Muñoz Marzà, gestora cultural y museóloga; Tània Muñoz Marzà, narradora oral y folklorista y Noelia Blanca, fotógrafa y videógrafa impulsan la iniciativa. «Queríamos generar una actividad que tuviera como objetivo visibilizar a las mujeres», señala Amaya. «Tenemos una visión de la historia basada en hechos o personajes importantes. Personas que han destacado por su profesión... Pero la vida está hecha de pequeñas historias. Castelló tiene su idiosincrasia, características especiales. Y vamos a transmitir esta historia, contada por mujeres y sobre las mujeres», manifiestan.

Las mujeres comerciantes

Las entrevistadas «son de generaciones diferentes, de sitios diferentes y viven o no en barrios diferentes. Nos hablan de festividades que ya han desaparecido, como la Paella del Pato y les Festes d’Agost, o de espacios emblemáticos. De cómo se funcionaba a nivel comunitario», ejemplifica. «Buscamos a mujeres que trabajasen en tiendas, porque el comercio de proximidad, tal y como ha funcionado hasta ahora está desapareciendo. Y en ciertos casos cuando las mujeres que ahora los llevan se jubilen van a desaparecer. También buscábamos tiendas simbólicas para Castelló, que llevasen mucho tiempo, de vinculación familiar y escuchar las historias que tenían que contarnos, porque ellas la han visto cambiar».

Jeylo

Negocios emblemáticos como Jeylo, en la calle Caballeros, el primer establecimiento de Castelló que arregla y vende televisores. El día en que se inaugura la tienda Dolores Badenes recuerda que pusieron la tele y lo primero que vieron fue el asesinato de Kennedy (noviembre de 1963). Recuerda cómo la gente fue a  verlo por la tele. O quien ella cree que fue el primer comprador de una en Castelló. En aquella época había muy pocos televisores, por lo que se convertían en aparatos de visionado comunitario. Por ejemplo Lolita Badenes recuerda la «boda de Balduino y Fabiola; en toda la mañana las mujeres no nos movimos de la calle. Los que no tenían televisor venían al taller a verla», añade.

Dolores Badenes, de Jeylo.

"Teníamos una televisión y media calle venía a verla"


Dolores Badenes (Jeylo) nació en Benlloch el 30 de enero de 1936. En noviembre de 1963 inauguran la tienda, aunque previamente tenían un taller en la calle Mealla donde su marido reparaba televisores. Tenían uno en blanco y negro que veían el día que daba señal. «Fue media calle a ver la televisión allí», añade.


La gente les alquilaba tocadiscos para Pascua y San Vicente, para merendar y bailar en el maset. Y los altavoces que arrendaban se ponían en las fiestas de Agosto en los balcones con canciones dedicadas.


La época en la que los pañales no eran de usar y tirar; de la lavadora Jata; de mujeres que acudían a la tienda de objetos religiosos Roses a comprar la cinta de casete para rezar el rosario. Del Nodo a las 10 de la noche. «En la vida he llegado a las 10 tocadas a casa, la chica en la calle, ni soñarlo», dice. 

Panadería Macián

O Panadería Macián, en la calle Mayor. Mercedes Sidro cuenta que heredaron el negocio de sus suegros. Cogieron el local de la calle Mayor de un dueño anterior en un momento complicado. Hoy día es un símbolo de Castelló, con colas diarias. Un local que conserva un arco gótico. Tiene un horno moruno giratorio de piedra de los pocos que se conservan porque en el centro ya no dejan poner industria. El oficial de bollería del establecimiento venía de una pastelería muy famosa de Madrid, La Mallorquina, que hacía bollos típicos de Mallorca. Es el origen de la masa de la pilota de frare. Sidro recuerda cómo cuando era niña y aún no conocía a su marido, venía «a por la trenza de Macián y al día siguiente a por las rosquilletas de la Mustia, que eran míticas. Un comercio que ya no existe. «Era muy blanca y llevaba siempre las uñas pintadas muy rojas. Y con su paciencia contaba las rosquilletas una a una», añade.

Mercedes Sidro, de Panadería Macián

"La pilota de frare es realmente complicada de hacer"


Mercedes Sidro (Macián) nace en la calle San Blas en 1957. Es panadera desde hace 35 años, tras heredar en 1986 el negocio de sus suegros, que comenzaron en 1950, primero en la calle La Unión. «El día que cogimos la panadería era el sábado de Magdalena, uno de los 5 días más fuertes del año. Acabé agotada», recuerda. «Después dejé mi trabajo (traductora) para dedicarme por completo a la panadería», dice.


«Los primeros años fueron muy duros. Poco a poco, luchando y sacrificando muchas cosas, salimos adelante. Tuvimos que contratar una dependiente, después otra… ahora ya somos siete». El buque insignia es la pilota de frare, un dulce realmente complicado de hacer. Una vez les encargaron 250 para una boda. También venden tortels y trenzas. Su máxima, honestidad: «Si un bollo sobra hay que tirarlo, mejor perder un bollo que un cliente», señala. 

Droguería Catalana

También la Droguería Catalana, uno de los negocios más antiguos de Castelló, de 1884. Su fundador venía de Cataluña y aglutinaba perfumería, farmacia y droguería. Durante la Guerra Civil llegaron a un acuerdo con la otra farmacia que había en la ciudad, para vender el antibiótico penicilina al mismo precio para que todo el mundo pudiera acceder.

Marián Queral, de la droguería Catalana, la más antigua de Castelló

También cuentan cómo ha cambiado la fisonomía de la ciudad. Así, Marián Queral, de Droguería Catalana, evoca que en la Ronda no había alumbrado y veía como el sereno encendía candil a candil cuando se hacía de noche y las apagaba de día. O que jugaba en la calle Sant Roc, donde vivía, y quedaban edificios con restos de los bombardeos.

«Todo el mundo de Castelló y de los pueblos venía aquí a comprar»


Marián Queral (Droguería Catalana) nació en la calle Sant Roc el 7 septiembre de 1955. 


«Yo he conocido al sereno. Mi abuelo me llevaba al cine y la llave se la daba el sereno, que tenía las llaves de todo el barrio». Y el bando del Ayuntamiento, en la esquina calle San Roc, donde todos los niños iban detrás del hombre con la trompeta.


El abuelo de su marido, que vivía en Barcelona, fue el fundador en 1880. «Vino a Castelló y le preguntaron por qué no montaba una droguería, pues no había ninguna», señala. «Eran muchos hermanos. Las mujeres se encargaron de la perfumería; el hermano a la farmacia y el abuelo de mi marido a la droguería. El negocio empezó a prosperar. Todo el mundo de Castelló venía aquí y los pueblos también», señala. «Todo lo que vendemos lo pruebo. Me sabría mal que algo no funcionara»

Día de las criadas

Paseos y cine en el tiempo libre. «El jueves por la tarde era el día de las criadas y de los soldados. Las primeras tenían unas horas libres y paseaban por la calle Enmedio, de las 4 esquinas a la Puerta del Sol. Y el domingo, la gente normal salía a a calle ver a quién veía, paseo arriba y abajo», evoca Lolita Badenes.

Espacios diferentes, costumbres diferentes. «Las calles anchas no estaban asfaltadas y las regaban después de comer. Salían todas las mujeres a coser a la calle con sillas y hablaban de todo hasta las seis o siete, que venían los hombres con los carros y todos a casa», revela Badenes, que recuerda que ella vivía en Historiador Escolano y que los vecinos se ayudaban unos a otros en las labores del campo como machacar almendras: «Subíamos en carro, pues no había coches. A lo mejor estaban 4 días y las mujeres de la calle nos ayudaban», analiza.

Horchatería Ima

Inmaculada Pérez, que regenta horchatería Ima evoca un pasado más próximo. «Mis padres tuvieron la oportunidad de coger el traspaso de una fábrica de horchata, llamada Castalia, en la calle Conde Noroña en 1969. «Antes los pedidos eran por teléfono. La gente llamaba, por ejemplo, de la Cafetería Monterrey, y pedía: 20 litros. Al principio iban en moto y bicicleta. Yo me conocía todas las calles de repartir horchata con la bicicleta. Era mas reducido y llegabas a todas partes. Antes no había tantos coches», señala. Añade que la costumbre era ir con jarras de casa llenarlas y llevárselas.

Inmaculada Pérez ante la Horchatería Inma

El local se quedó pequeño y se trasladaron cerca de la plaza Juan XXIII, en 1982. En aquel momento allí acababa la ciudad. «Lo que ya fue muy importante fue poder poner mesas en la terraza», indica. Sin embargo, al principio aquí no nos conocía nadie, no entraba nadie y costó un par de años, porque no era una calle muy concurrida».

«Crecí en Conde Noroña, la calle del Cine Azul. Tengo recuerdos de que no pasaban muchos coches, podíamos jugar a pelota, mucha libertad, de ir donde querías. Luego ya vinimos aquí. El barrio era muy diferente. No había casi comercios, después ya me hice mayor, empezamos a ir de marcha. Al Sindical, a la Gramola. He visto crecer Columbretes, allí eran todo naranjos», evoca.

«Hay mucha tradición de beber horchata en Castelló» 


Inmaculada Pérez (Segorbe, 1967) regenta desde el 2001 la Horchatería Ima en la avenida Capuchinos. «Hay mucha tradición de beber horchata en Castellón, la líquida», señala. «Cada año mi padre iba a Alboraia y apalabraba el precio, en marzo. Los proveedores solían ser familia que todos se dedicaban a lo mismo», expresa, explicando el proceso de fabricación, artesanal. «Mis padres tuvieron la oportunidad de coger el traspaso de una fábrica de horchata, llamada Castalia, en la calle Conde Noroña en 1969», recuerda. El espacio se quedó pequeño y en 1982 se trasladaron. «Castelló se acaba en plaza Juan XXIII. Es como si hubiéramos llegado a una nueva ciudad, empezar de cero», señala. Entre sus recuerdos, el de «alguna mujer que tomó horchata durante el embarazo y vienen los hijos y la prueban y les gusta en seguida, como si la conocieran», señala.

Las entrevistas pueden visionarse a través de internet en Youtube y la web del museo. Además, han hecho tertulias en el MUCC. Además de analizar la vida profesional, ha habido encuentros relacionados con el tiempo libre y las relaciones sociales o la celebración de festividades y los ciclos de la vida.

«El relato de cada una se ve enriquecido y contrastado con lo que cuentan las compañeras. Y el público que viene puede compartir, o interpelar, porque lo que cuentan son historias de vida que tienen que ver con momentos de la historia determinados, negocios desaparecidos, sus profesiones... patrimonio inmaterial que forma parte de nuestra identidad, de memoria colectiva», señalan. Y es que «si no hacemos este trabajo de cuidar nuestra historia, al final las generaciones futuras no lo conocerán», abunda Ana Meseguer, directora del MUCC. Además de mujeres del comercio, también han entrevistado a trabajadoras de las fábricas textiles.

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