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El Periódico Mediterráneo

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radiografía de la situación hídrica en la comunitat

El agua embalsada en mayo permite esquivar la sequía que azota a España

Las presas del Júcar están en un 56,23%, frente al 39% de media a nivel nacional

Vistas del embalse del Sitjar

La demarcación hidrográfica del Júcar esquiva, por el momento, la escasez de agua que azota a buena parte de España. La caída de la reserva de agua al 39,2% en el global nacional ha situado a la península ibérica oficialmente en estado de sequía. Es el nivel más bajo desde el último episodio de 1995, con seis comunidades afectadas por los cortes de suministro y otras a las puertas. Paradójicamente un territorio como el valenciano, abocado al estrés hídrico y la desertización, logra esquivar por el momento el problema gracias a las persistentes lluvias de mayo con un 56,23% de agua en los distintos embalses.

En Castellón se encuentran al 53,8% de su capacidad, por encima de la media para estas fechas del año de la última década, del 47,3%, pero también del dato registrado hace un año (46,1%).

Los informes del organismo de cuenca, de carácter mensual, registraban hasta abril un estado de alerta en el sistema de la Marina Alta. Una situación alarmante y que se arrastraba desde agosto de 2021. Hasta ese momento existía «mucha preocupación», admiten desde la Confederación Hidrográfica del Júcar. Una inquietud compartida por los grandes sindicatos agrarios ya que los primeros meses del presente año hidrológico fueron bastante secos. 

El mapa del estrés hídrico

Las unidades territoriales de la Marina Baja y el de Cenia-Maestrazgo, mientras, se situaban en prealerta. Marc García Manzana, comisario de Aguas de la CHJ y Secretario General del Instituto Mediterráneo del Agua, recuerda que las precipitaciones caídas aguas arriba, regulares y repartidas durante varias semanas, son las que han permitido revertir esa fase de valores anómalos y peligrosos hacia una de «normalidad» en la cuenca valenciana.

Al 58,3%

Los embalses de la Confederación Hidrográfica del Júcar estaban a finales de julio a un 58,3% de su capacidad, muy por encima de la media de los últimos diez años, que estaba en un 41%. Solo las cuencas del norte, (País Vasco, Cantábrico Oriental, Tinto, Odiel y Piedras, así como Galicia Costa y Cantábrico Occidental) presentan mejores datos. Pese a ello, en apenas dos meses ha ido menguando lo retenido en las presas. De los1.851 hm³ registrados el pasado13 de junio se ha pasado a 1.605,81 hm³ el 22 de agosto. 

Desembalses acordados

El enorme volumen de agua embalsada, de hecho, obligó en determinados momentos a realizar sueltas técnicas desde Bellús (río Albaida) Forata (río Magro) o Tous, estas últimas hacia el lago de l’Albufera. Decisión tomada por la Comisión de Desembalse del pasado mes de junio para afrontar con garantías la estación de lluvias del otoño, en previsión de futuras avenidas. Alarcón y Contreras, mientras, con 930hm3 entre los dos, estaban liberando únicamente el caudal ecológico. 

En cualquier caso, las condiciones de entrada en escenarios de emergencia tienen una especifidad propia en el sistema Júcar, pues se ha de estar en valores inferiores a la prelaerta al menos un un período de tres meses consecutivos. Circunstancia se repite para determinar la salida también y el regreso a lo que técnicamente se considera «normalidad».

Para afrontar la falta de agua, el Gobierno obliga a elaborar planificaciones donde se contemplan consejos, restricciones y hasta sanciones en función de la gravedad coyuntural. El propio presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), Miguel Polo, insistía hace un par de meses en la presentación del Plan de Emergencia por Sequía de València en la importancia de contar con este documento, que analiza y fija la organización del suministro en episodios de estrés hídrico. Además, prevé incentivos para el ahorro, recoge la posibilidad de limitar el volumen disponible para la población, así como un seguimiento de grandes consumidores o los puntos más vulnerables.

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