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El Periódico Mediterráneo

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CD CASTELLÓN

La opinión de Pepe Beltrán | Holismo

Sergi Escobar, en un partido del Castellón. GABRIEL UTIEL BLANCO

Vale que la imagen ofrecida por el CD Castellón en Barcelona resultó humillante. Ni siquiera aquellos --muy pocos-- que advertíamos que no había equipo para aspirar a nada digerimos tamaño ridículo. Tener la razón no evita ni el disgusto ni la vergüenza. Pero, pasado el calentón, seguimos con idénticos y más graves problemas que la inmediatez de la ignominia de un marcador. Igual que la victoria nunca hubiera maquillado la escasez de recursos técnicos y tácticos, tampoco veo motivo para rasgarnos las vestiduras ahora. Salvo que prefiramos recrearnos en los árboles y no queramos ver el bosque.

Porque nunca fueron tan importantes los detalles como el todo, incluso más allá de la suma de cada una de esas partes. Y es ese conjunto y sus interacciones el que determina la realidad. Holismo, le llaman los filósofos, y que hoy traigo a este rincón con pretendidas ínfulas empíricas.

El CD Castellón es una sociedad anónima deportiva en situación de quiebra técnica, esto es en permanente amenaza de desaparición mientras no se ofrezcan soluciones, y no hay otra que la inyección económica a la que se niega Vicente Montesinos como responsable último de la gestión y propietario mayoritario. Ese es el todo, la globalidad incuestionable, y lo demás minucias de mayor o menor atractivo mediático y eco entre la afición. 

Convertir a Sergi Escobar en el chivo expiatorio de todos los males bíblicos no nos alejará del sumidero por el que nos arrastramos desde hace meses. Podrá acumular las responsabilidades que queramos cobrarle, incluso hasta el extremo del sacrificio, pero seguiremos sin plantilla, sin dinero, sin aspiraciones, sin futuro.

Eso sí, le habremos regalado un tiempo de oro a quienes ofrecen hoy el cadáver del mismo entrenador al que no hace tanto regalaron su renovación. Un tiempo en el que esperan el maná de una venta para completar la espantada. Un tiempo en el que eliminar papeles. Tiempo para enredar más si cabe la maraña judicial que nos ahoga. Tiempo para excusarse. Cuando tiempo es lo único que no tenemos.

Montesinos es consciente de ese todo holista, pero escucha los cantos de sirena de Jordi Bruixola en el desesperado intento de lavar su imagen. Pero solo lo conseguirá cuando asuma que el mejor servicio que puede hacer pasa por ceder gratuitamente las acciones a quien asegure cumplir la ampliación de capital, sea un inversor particular o bajo la tutela de una institución pública.  

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