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El Periódico Mediterráneo

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Entrevista

Miguel Ríos: "La sinceridad es el vehículo de la emoción y la materia de la que vive el rock"

Dijo que se iba, que ya estaba, fuera el micrófono, y aquí está. Una vez más. Después de una década tras decir bye, bye. Disfrutando del rasgueo de la guitarra y de la composición de un disco que habla de sí mismo y de quienes lo rodean. Actuará este viernes en la Plaza de Toros de La Malagueta

Miguel Ríos, en una imagen promocional reciente.

Dice que le gustaría ser recordado "como una buena persona". Miguel Ríos regresa a los escenarios porque, considera, "no hay nada más excitante que cantar. Y además me pagan". "Cada vez me quedan menos cosas, aunque confieso que no me importaría aprender a aburrirme", asegura el granadino, quien, acompañado desde hace años por The Black Betty Trío, parece no envejecer.

Siempre vuelve. ¿Tan adictivo es el escenario para superar cualquier obstáculo y volver?

Supongo que para mí, y a esta altura de mi vida, no hay nada más excitante que cantar. Y además me pagan. Estoy muy agradecido a los mecenas que durante seis décadas me han permitido hacer de mi vocación un oficio.

¿Por qué nace su último disco, Un largo tiempo?

Un largo tiempo forma parte de un verso del gran poema Para que yo me llame Ángel González y nace de la necesidad de seguir cantando mi vida. También de la colaboración con el músico Jose Nortes con el que llevo colaborando un montón de los últimos años de mi carrera.

En Memphis-Granada y otras como Cruce de caminos recorre muchas etapas, tanto personales como las que llevaron a este país a la libertad. ¿Qué rescata de este viaje en el tiempo?

La verdad es que se tarda un poco en descubrir que la meta es el propio camino. Me siento un privilegiado por todo lo vivido y experimentado en mi carrera. Por las oportunidades que he tenido de compartir mis emociones con la gente que me ha seguido. Es indescriptible la satisfacción que produce figurar en la banda sonora de las vidas de algunos de tus coetáneos.

¿Qué le supone revelarse de forma tan sincera a su público?

Siempre he intentado ser sincero con la gente a la que me debo. Creo que la sinceridad es el vehículo de la emoción que, a su vez, es la materia de la que vive el rock. Además, como creo que el público que compra una entrada para verme se parece a mí, sé que lo que cuando cuento mi vida, de alguna forma, también cuento la suya.

Volvemos a la guerra, volvemos a la extrema derecha. ¿A dónde lo llevan sus pensamientos?

Parece que estamos en el eterno retorno. Pero, a pesar de todo, tengo fe en que algo estamos evolucionando. Aunque a nivel colectivo a la sociedad le cueste tanto sufrimiento organizarse en torno a una idea de justicia social colectiva, como individuos, pienso que hemos ganado en conciencia crítica. Ahora se trata de votar por el modelo social que menos excluya, hasta llegar a triunfo final, el de la exclusión cero.

¿Cuál es la solución contra la soledad a la que canta en El blues de la tercera edad?

Esa canción es un homenaje a las mujeres de mi generación, que da la casualidad que están en su tercera edad. Porque me parece que, como colectivo, han sido y son mucho más valiosas y valientes que nosotros. Han luchado por lo mismo que nosotros, pero además, contra el machismo residual con el que fuimos educados y que cuesta mucho eliminar de nuestras costumbres. El modelo social de mercado es el culpable de la hecatombe humana sufrida por las personas mayores en las residencias durante la pandemia. Para eso la solución estaba en los juzgados, pero parece que nada pasó.

Ya canta a los nietos del rock and roll. A sus 78 años, ¿cómo ve a esta joven generación?

Pues mire, los veo con ternura y con compasión. La misma que me tengo a mí. Creo que el error es no ver la vida como un todo. Hasta el último suspiro todo es vida. Eso sí, se pasan por muchas etapas anímicas y la biología impone sus leyes, pero esencialmente somos la misma materia con la que entramos en la vida. En lo moral yo no juzgo a las generaciones, me entiendo con los individuos.

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