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Elecciones autonómicas

PP y PSOE engrasan su maquinaria en Andalucía con el temor de un Vox "crecido"

Moreno intentará sumar en las urnas el 'efecto Feijóo' y tratará de lograr un resultado suficiente para no ser el segundo Gobierno con la ultraderecha

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, el pasado 19 de abril en el Museo Picasso de Málaga. Álex Zea

El factor sorpresa ha quedado esta vez diluido. El presidente de la Junta de AndalucíaJuanma Moreno (PP), lleva meses diciendo que, al no tener Presupuestos, adelantará las elecciones y esta última semana ha dado a entender que las convocará en junio. A falta de saber qué día —siempre entre el 19 y el 26—, los cuarteles generales de los dos principales partidos ya están pergeñando sus estrategias con un temor compartido: Vox "está de moda", está "crecido".

La fuerza de ultraderecha todavía no ha confirmado si su cabeza de cartel será Macarena Olona, la diputada del Congreso más conocida de la formación. Su elección preocupa en la sede del PP. Algunos dirigentes de la cúpula llevan días lanzando que a lo mejor Santiago Abascal elige a alguien "desconocido" y así "no la pierde en Madrid". La sospecha no esconde un temor: si Vox pasó de 1 a 13 escaños en Castilla y León con un "desconocido" como Juan García-Gallardo, ¿qué no podría conseguir Olona en Andalucía, donde ya entraron con 12 diputados en 2018? Fuentes del PSOE, por contra, ponen el foco en que la diputada podría "movilizar" al votante abstencionista de izquierdas y concluye que eso no les interesa ni a Vox ni al PP. Abascal tiene semanas de margen para despejar la incógnita.

Estos comicios son capitales para el PP porque se medirá en las urnas el arrastre del nuevo líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo, y porque su objetivo no será solo retener la presidencia de la Junta sino poder seguir en ella sin la necesidad de incluir a Vox en el Gobierno. Feijóo, que se jacta de haber logrado mantener fuera del Parlamento gallego a la ultraderecha, intenta marcar distancias con Castilla y León, la primera comunidad en la que el PP ha aceptado compartir poder con Vox. Las elecciones se celebraron antes de la caída de Pablo Casado y el actual líder de los conservadores lo utiliza como escudo. A partir de ahora, sin embargo, si Moreno necesita incluir a los populistas en su Ejecutivo, Feijóo no tendrá excusa y el mensaje, ante las municipales, autonómicas y generales de 2023, será claro.

"No dar miedo"

El presidente de la Junta saldrá en esta carrera con algunas encuestas que señalan que podría incluso doblar sus 26 escaños actuales. Con quien no podrá contar para asociarse esta vez es con Ciudadanos, al que los sondeos le auguran otro hundimiento. Pese a eso, los naranjas han descartado ir en coalición con el PP, algo que ya hicieron en Euskadi (con resultado estrepitoso). Según fuentes del equipo de Moreno, el dirigente del PP ha logrado "no dar miedo" al votante de centro en una comunidad "fundamentalmente socialista" (lograron sacar al PSOE tras 37 años en el poder).

Para frenar a Vox, el candidato del PP se preparará una campaña de cercanía con agricultores y ganaderos y también repetirá de manera machacona que Abascal y los suyos son hábiles en señalar "problemas", pero no en dar "soluciones" porque no saben "gestionar".

En el PSOE andaluz, admiten que así como en las ciudades su rival “es el PP”, en el mundo rural, el granero que ha cimentado históricamente las victorias del partido, su adversario claro “es Vox”. El mundo del campo y el sector de la caza —se calcula que hay 250.000 cazadores solo en Andalucía—, que se han sentido preteridos, cuando no castigados por el Gobierno de Pedro Sánchez, podría girar en parte hacia la ultraderecha. “Vox pesca en la indignación y en la desesperanza, y ahí el populismo tiene una base. Pero no se puede decir que, por ejemplo, el alcalde de Alcalá de los Gazules, en Cádiz, sea antitaurino, porque no es así. El PSOE es la sociedad andaluza misma y nuestra base social no se ha perdido en tres años", analiza una dirigente de la cúpula del secretario general y candidato a la Junta, Juan Espadas.

"Vox pesca en la indignación y en la desesperanza, y ahí el populismo tiene una base", sostienen en el PSOE-A. En Ferraz no creen que la infiltración de la ultraderecha en el campo sea tan clara

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En Ferraz, sin embargo, no se muestran tan inquietos por esa infiltración de la formación de Santiago Abascal, y creen que se disputa el voto, como en otras partes de España, con el PP, no con el PSOE, porque "no todo el campo es la caza y desde el Gobierno se ha ayudado a agricultores y ganaderos con la negociación de la Política Agraria Común, la ley de la cadena alimentaria o la reducción de peonadas por la sequía". Pero que la inquietud ha prendido lo prueba la reunión que a finales de marzo mantuvo el secretario de Organización, Santos Cerdán, con una delegación de la Real Federación Española de Caza (RFEC). El PSOE le expresó que no “combate” la caza y se comprometió a una redacción más "equilibrada" de la ley de bienestar animal impulsada por Unidas Podemos, texto que el PSOE-A pide "aparcar un rato" para que no enturbie la campaña.

Para frenar la penetración de Vox en el mundo rural y, sobre todo, movilizar a los votantes que se quedaron en casa en las autonómicas de 2018 y que sin embargo votaron a Sánchez en las generales de abril de 2019 (1.568.682 sufragios, por el millón raspado de papeletas que cosechó Susana Díaz cinco meses antes), los socialistas tirarán de su principal activo: su fuerza municipal. Gobiernan en 458 del total de 785 ayuntamientos (el 60,42%), controlan cuatro de las ocho capitales (Sevilla, Granada, Huelva y Jaén) y presiden seis diputaciones.

"Hay partido"

"Ellos, nuestras terminales en el territorio, en el mundo rural, son nuestros principales prescriptores", recuerdan en el equipo de Espadas. En él, y en Ferraz, añaden un dato: uno de cada 200 andaluces es militante del PSOE. Y otro más: hay 8.000 casas del pueblo en toda la comunidad. Es decir, que la capilaridad del partido es clave para la movilización, igual que la maquinaria electoral, que está empezando a coger temperatura desde las primarias del pasado junio, en las que Espadas batió a Díaz.

Espadas buscará ampliar su base electoral, apelando al centro, a una parte de los antiguos electores de Cs, y a la izquierda, para llamar al voto útil

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El PSOE-A espera, como poco, repetir el resultado de 2018, 33 diputados, aunque cree que estará por encima y que hasta puede "ganar" los comicios. Su estrategia será despertar al medio millón de abstencionistas de las últimas autonómicas y ampliar su base por el centro —cree que una parte de los votantes que apostaron por Cs puede optar ahora por un candidato de perfil moderado como Espadas— y por la izquierda, presentándose como el voto útil, "el voto refugio" de los electores progresistas, ante la fragmentación por su izquierda (Unidas Podemos, Más País y los anticapitalistas de Teresa Rodríguez).

Por tanto, concluyen en el PSOE-A y en Ferraz, hay "partido", aunque no niegan que sea complicado, y más aún recuperar la Junta, porque el PP está "fuerte". Pero recuerdan que las campañas deparan sorpresas y son cada vez más decisivas y el PP "se puede llevar un susto". Y presumen de tener parte del trabajo hecho: el programa está ya esbozado y las listas, siempre foco de tensión interna, se aprueban el 29 de abril y sin conflicto con Ferraz. Sánchez, por su parte, sabe bien que Andalucía no es Castilla y León. Es el tradicional feudo socialista, la comunidad que más votos y diputados aporta al Congreso. No rescatar la Junta le pesaría en la mochila, aunque en su cúpula recuerdan que ganó en las dos generales de 2019 sin que Andalucía estuviera en sus manos.

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