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Historia viral

Cómo cobrar multas en Nápoles: historia de una falsa carta vaticana

El sobre de la discordia. Enviado desde Poste Vaticane.

Tenía que ha pasar y ha pasado. Mi historia de la falsa carta vaticana se ha hecho viral y en ‘El Periódico’, periódico que pertenece a este grupo, Prensa Ibérica, y diario donde me gano la vida escribiendo sobre ciencia y demás cosas sesudas, me han pedido que explique un poco más sobre este gran capítulo de mis anécdotas familiares. Así que, sin más preámbulos, allá va una versión extendida de este culebrón napolitano.

La historia empieza el otro día. Y digo otro día porque no me acuerdo muy bien cuándo fue. Me llama mi madre, mi santísima y devota madre, y me dice que ha llegado una carta certificada para mi padre desde el Vaticano. Una carta. Certificada. Desde la Santa Sede. Hogar del Papa de Roma y máxima institución de la iglesia católica. El equivalente a un ‘Disneyland’ para la rama de mi familia que va a misa todos los domingos y reza todas las noches antes de irse a dormir. Que te llegue una carta del Vaticano es una noticia en sí. Pero lo es todavía más si ves que llega a nombre de una persona que no pisa una iglesia desde la primera comunión y que, si le preguntas, te dirá muy orgulloso que su única fe es el fútbol y Maradona. Y sí, ese es mi padre. Icónico donde los haya.

El caso es que, llegados a este punto de la historia, ya teníamos todos los ingredientes para el drama. En mi casa, de hecho, si en algo somos expertos es en especular, montar dramas y reírnos de nosotros mismos. Ahí empezaron las especulaciones sobre qué podía haber dentro del misterioso sobre vaticano. Yo, por mi parte, dije que seguro que era una convocatoria para un exorcismo. Del tipo 'vale regalo para un masaje' pero para que te quiten el demonio de dentro. Mi madre, santa como ella sola, dijo que quizás era un recordatorio para ir a misa porque "vistos los tiempos que corren siempre va bien pararse un poco y rezar una oración". Y mi padre, que si algo me ha enseñado en la vida es que no hay nada mejor que reírse de uno mismo, apostó a que era una candidatura para ser el próximo papa. Porque de humildad también se vive.

Entonces llegó el primer ‘plot twist’ de esta historia. Como toda familia napolitana que se precie, tenemos varios de grupos de WhatsApp para compartir nuestras anécdotas y pelearnos por quién hace el mejor ragú de todos. Y fue ahí cuando, interrogando a los demás sobre este misterio, descubrimos que varias personas de mi familia también habían recibido cartas certificadas desde el Vaticano. Que yo sepa, a día de hoy, al menos dos tíos y tres primos han sido agraciados con esos sobres. Ahí empezó la segunda ronda de especulaciones sobre el contenido de los sobres.

¿Estábamos a punto de convertirnos en la primera familia santificada en ‘pack’? ¿Habíamos recibido, por fin, unos pases para no ir al infierno? ¿O estábamos a punto de convertirnos en los protagonistas de un thriller en la Santa Sede? Especulamos mucho y nos reímos todavía más con las famosas cartas. Llegados a este punto muchos os preguntaréis si no era más fácil ir a buscarlas a correos que seguir alimentando el drama. Y, perdonad que os diga, pero si os preguntáis esto ya no podemos ser amigos. El drama primero, la realidad después.

Pasaron varios días hasta que mi padre pudo ir a buscar la misteriosa carta al servicio de correos. Y fue entonces cuando se levantó la liebre. El papa de Roma no quería ser nuestro amigo. Y ni la beatificación familiar ni el exorcismo tampoco parecían estar a la vuelta de la esquina. El sobre, enviado desde 'Poste vaticane', el servicio postal de la Santa Sede, no era ni más ni menos que una multa de tráfico. Por aparcar mal, concretamente. Puestos a hurgar en la herida, también decir que el verdadero milagro en Nápoles sería aparcar bien. Pero bueno, eso ya es otra historia.

Así fue como descubrimos que el Ayuntamiento de Nápoles usa el correo postal del Vaticano como señuelo para entregar multas de tráfico. ¿Es este un sistema exclusivo de mi ciudad? No lo sé. ¿Es una técnica que se usa con frecuencia para entregar malas noticias? Tampoco tengo ni idea. ¿Han robado esta idea del famoso capítulo de los Simpsons en el que el jefe Wiggum convoca a los ladrones de Springfield diciéndoles que han ganado un premio? Solo por mantener el drama y las risas, vamos a decir que sí. Al menos en mi caso, solo puedo deciros que recibir una carta de la Santa Sede fue motivo suficiente para que mi parientes fueran a buscar los sobres pensando que iban a convertirse en santos y volvieran a casa con una sanción de tráfico. Eso, en mi casa, es sinónimo de una gran historia para contar durante las comidas de los domingos.

Para vuestra tranquilidad, sobre todo para la de los 'haters' de Twitter, os adelanto que las multas ya han sido pagadas. Y no, no es que mi familia se dedique a la delicuencia callejera y a aparcar en tercera fila. Es que somos muchos (muchísimos) y, por pura estadística, nos tenían que tocar varias multas por núcleo familiar. Todo especulaciones, blasfemias y demás anécdotas son de cosecha familiar. Marca 'Raffio', por decirlo de alguna manera. Porque si algo nos gusta a los napolitanos, además de la pizza y el fútbol, es el drama y las buenas historias.

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