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El Periódico Mediterráneo

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Giro histórico en el Sáhara

Aumenta la tensión entre Marruecos y el Polisario tras el giro de España

Mueren dos personas en un ataque con drones en la frontera entre Mauritania y el Sáhara Occidental | Sánchez reitera su "voluntad de diálogo" con ambas partes

Puesto fronterizo de Gerguerat en noviembre pasado tras reabrirse la frontera entre Marruecos y Mauritania.

La tensión entre Marruecos y el Frente Polisario va en aumento y las consecuencias en el Sáhara son dramáticas. El último episodio de violencia, según el movimiento saharaui, habría tenido lugar durante la madrugada del lunes cuando murieron dos personas y varias resultaron heridas en un ataque con un dron militar marroquí en la localidad de Ain Bentili, ubicada en la frontera entre el Sáhara Occidental y Mauritania. Las víctimas mortales de este último ataque, una mujer y su hijo, fueron alcanzados por un misil cuando se encontraban en el interior de un vehículo. Estos últimos bombardeos, que tienen como telón de fondo el conflicto por la soberanía del territorio saharaui, se producen tras el giro de España respecto al conflicto saharaui y el respaldo a la propuesta de autonomía presentada por Marruecos.

Junto a España también apoyan la propuesta otros actores internacionales como EEUU, Francia y Alemania lo que ha removido las fichas del tablero de este enquistado conflicto que cada día se endurece más. Los últimos ataques con drones, que Marruecos ni confirma ni desmiente, se producen en las franjas este y sur del Sáhara Occidental, que son para el Polisario parte de sus "zonas liberadas", mientras que la ONU las llama zona colchón –obligatoriamente desmilitarizada– y Marruecos las considera parte de su territorio.

Según Akram Jarief, director del observatorio de seguridad Mena Defense, el objetivo de este último ataque con dron fue precisamente dañar al Frente Polisario. "Marruecos quiere cortar el abastecimiento de las mercancías ya que es una zona frecuentada por comerciantes", apunta.

Según el portal de noticias Ecsaharaui, el ataque fue dirigido contra un vehículo procedente de los campamentos saharauis de Tinduf, en el suroeste de Argelia, y que se dirigía a la localidad mauritana de Bir Um Grin, en el extremo norte del país. El golpe se produjo entre las 5.00 y las 10.00 horas a un kilómetro de una base militar mauritana y a tan solo 100 metros del territorio saharaui. El bombardeo marroquí tuvo como objetivo una estación de servicio donde paran viajeros y comerciantes que transitan entre Mauritania y el Sáhara. Además, el portal de información saharaui afirma que este no fue el único ataque, sino que se produjeron al menos ocho bombardeos más que, además de víctimas –argelinos y saharauis–, han provocado daños en depósitos de agua, campamentos y camiones.

Zona de la explosión.

El ataque eleva igualmente la tensión bélica entre Argelia –aliada del Frente Polisario–, y Marruecos y agudiza las hostilidades entre ambos territorios después de años de conflicto. El nuevo incidente armado se produce después de que tres civiles argelinos perdieran la vida el pasado 1 de noviembre, mientras Argelia conmemoraba el 67 aniversario del inicio de la guerra de la Independencia de Francia, en un bombardeo marroquí contra un convoy comercial en una carretera de la antigua colonia española. El bombardeo más mortífero se remonta al pasado 15 de noviembre en la área de Mijek, en el oeste del territorio saharaui y fronteriza con Mauritania, y se saldó con 11 civiles muertos, según el Polisario, que negó que hubiera entre ellos militares.

La situación es de alta tensión en el Sáhara desde que el Ejército marroquí expulsase a finales de 2020 a militantes saharauis que llevaban varias semanas bloqueando la única carretera – Gerguerat– que une Mauritania y el territorio saharaui y que Marruecos utiliza para conectarse con el África subsahariana. Un paso situado en la parte más oeste del continente. Un día después, el Frente Polisario anunció que consideraba roto el alto el fuego firmado en 1991 con la mediación de la ONU y el inicio de acciones de hostigamiento a lo largo del denominado muro de defensa, construido por Marruecos.

Hasta el momento no hay ningún comunicado oficial de las autoridades marroquíes sobre el ataque en la frontera entre el Sáhara Occidental y Mauritania. "La guerra del Polisario es una guerra ficticia, todos los días están matando soldados y causando muchas pérdidas al ejército marroquí", afirma el cónsul de Marruecos en Canarias, Ahmed Moussa, quien asegura que la guerra es "mediática y psicológica" por lo que el Polisario recurre a las "redes sociales".

Lo cierto es que Marruecos es un país en pleno proceso de rearme. Y sus últimas adquisiciones pasan por una amplia y moderna flota de drones de combate. El pasado mes de diciembre el país africano compró a la empresa de armamento Israel Aerospace Industries (IAI), de propiedad estatal, drones de ataque conocidos como kamikaze por valor de 22 millones de dólares en el primer acuerdo militar de esta naturaleza entre los dos países, solo días después de que el ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz, visitara Rabat el 24 de noviembre.

Entre otros modelos, IAI frabrica el dron suicida Harop, un pequeño avión no tripulado con un radio de acción de más de 1.000 kilómetros, difícilmente detectable por radares y capaz de transportar más de 20 kilos de carga explosiva. Y el Frente Polisario ha denunciado desde mediados de noviembre la muerte de una docena de civiles en bombardeos con drones en el Sáhara Occidental.

Las relaciones entre el Polisario y el Gobierno de España tampoco están en su mejor momento con el giro Sánchez hacia el reino alauí. Precisamente cuando se cumple un año del caso Gali, la operación clandestina desplegada por el Gobierno español para introducir furtivamente en España al líder del Frente Polisario, el saharaui Brahim Gali. El Ejecutivo planeó su acogida en España para tratarle el covid que padecía y tras reponerse, regresó a Argelia 44 días después.

El objetivo era que su presencia en España no trascendiera, ocultar su estancia, para lo que se saltaron los controles de pasaportes y fronteras. El plan se desbarató cuando se filtró que Gali estaba en el hospital público de Logroño. Lo que provocó la grave crisis diplomática entre Marruecos y España que ahora Sánchez intenta cerrar con los acuerdos firmados el jueves en Rabat. El juez de Zaragoza, que instruye el caso de la presunta entrada ilegal en el país del líder del Frente Polisario, anunció ayer que citará al hijo de Gali para que informe si es él quien firmó, sin identificarse, el documento de compromiso de pago de los gastos generados en el Hospital San Pedro de Logroño.

El Polisario anunció el domingo la ruptura con el Ejecutivo español como consecuencia del respaldo al plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental que ha permitido destrabar las relaciones con Marruecos. El representante del movimiento en España, Abdulah Arabi, aseguró ayer que "lejos de ayudar", la nueva posición de Sánchez sobre la cuestión del Sáhara Occidental supone "cuatro pasos atrás", lo que complica seriamente la labor del enviado especial de la ONU, Staffan de Mistura. Por ello, Arabi reiteró la decisión del Polisario de suspender las relaciones políticas con España, aunque no las humanitarias y de solidaridad.

Ante estas declaraciones, el diputado de Nueva Canarias (NC) en el Congreso Pedro Quevedo reclama a Sánchez que rectifique "el error cometido con los derechos del pueblo saharaui al entregarse al reino de Marruecos". El portavoz de los canaristas progresistas exige al jefe del Ejecutivo estatal que dé garantías suficientes a los saharauis de que está en una posición justa y con la legalidad internacional.

El Gobierno español reiteró ayer su "voluntad de diálogo permanente" con el Polisario. El Ministerio de Asuntos Exteriores afirmó que el Gobierno de España mantiene inalterable su firme compromiso para encontrar una solución política mutuamente aceptable a la cuestión el Sáhara Occidental en el marco de las resoluciones de Naciones Unidas. El Ejecutivo también mantiene el compromiso humanitario ya que "responde a una demanda clara de la sociedad española y a los tradicionales vínculos de solidaridad con el pueblo saharaui". Con una media entorno a los seis millones de euros anuales, España es el primer donante europeo a los campamentos saharauis.

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