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El Periódico Mediterráneo

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Guerra en Ucrania

Tras la retirada rusa, llega la hora de desactivar la 'basura' bélica

Las unidades antiminas de Járkov trabajan a diario en la neutralización y desguace del armamento que permanece sobre el terreno | Uno de los materiales más peligrosos son las bombas de racimo, prohibidas por un tratado internacional que ni Ucrania ni Rusia han firmado

Retirada de un misil incrustado en un prado de Bezludovka, a unos kilómetros de Járkov. IRENE SAVIO

El misil tiene la apariencia de un Smerch soviético, es esbelto, pesado, mide varios metros de largo y está encallado a bastante profundidad, con solo su rabillo a la vista, enraizado en gran agujero que ha formado al impactar en un prado cerca de un estanque. La camioneta se afana y se afana, agita y tira de la cuerda metálica que se ha atado a su alrededor, pero el cacharro metálico se obstina en permanecer casi inmóvil, impasible ante el esfuerzo de querer retirarlo. Tanto que finalmente el jefe de esta unidad de élite antiexplosivos de Járkov, Artur Silchenko, cede. Llama entonces al resto de su unidad, llega un tractor, y solo así, después de un hora de maniobrar en un campo abierto en Bezludovka, a unos kilómetros al sur de la segunda ciudad más grande de Ucrania, el trasto metálico se desprende del suelo.

Los hombres lo cogen entonces con cuidado recostándolo en la pradera, controlan que no queden explosivos en su interior, lo abren, y lo preparan para el desguace. Descubren que el misil mantiene solo su carcasa, la munición impactó en un bosque cercano. Eso es lo que hay que controlar. La unidad de antiminas tiene experiencia en ello, es su trabajo. En sus expediciones, aseguran, han recogido bombas de racimo, minas antitanque, misiles Uragan Grads, entre otras armas que han caído del cielo. Es un trabajo peligroso que fatalmente "en los últimos meses ha provocado la muerte de tres hombres" del equipo de Silchenko. "Cuando encontramos misiles y dentro hay munición es lo más difícil. Las operaciones se deben llevar a cabo con mucho cuidado, sin prisa", explica.

"Lo que más nos encontramos son fragmentos de misiles Smerch, Uragan o normalmente la parte trasera del misil o el tubo, pero cada vez más encontramos dentro de estos misiles munición de racimo", asegura Oleg Shevchyk, otro miembro del equipo. "No hemos desactivado por el momento minas antipersona porque ahora están en la línea de fuego. Pero sí que hemos recolectado minas antitanque. Cuando las encontramos, acordonamos la zona, evacuamos a quienes estén allí, desactivamos la munición y nos deshacemos de ella", añade.

Trabajo de una unidad antiminas ucraniana. IRENE SAVIO

En una escuela infantil

También muy peligrosas, para la población, son las bombas de racimo, tal como en los últimos meses ha repetido Amnistía Internacional (AI). Esta organización denunció, por ejemplo, el uso en febrero de bombas de racimo contra una escuela infantil de Okhtyrka, en la región de Sumy, lo que acabó con la vida de tres personas, incluyendo un niño (otro niño también resultó herido). "No hay justificación posible para el lanzamiento de bombas de racimo en áreas habitadas, menos cerca de una escuela", añadió entonces Agnès Callamard, segretaria general de AI, cuya entidad uso imágenes de dron y fotografías de la escena para su análisis.

De hecho, hasta la fecha, más de un centenar de Estados en todo el mundo han ratificado la Convención sobre Armas de Racimo, pero tanto Rusia como Ucrania no han firmado este convenio y las poseen. Kiev incluso ha negado su uso en la guerra empezada por el levantamiento prorruso en la región del Donbás en 2014, pero Human Rights Watch (HRW) afirma lo contrario. Según esta organización, existen indicios de que tanto los prorrusos como el Gobierno ucraniano ha hecho uso de esas armas cuya letalidad consiste en que contienen un dispositivo que, al abrirse, libera un gran número de pequeñas bombas en áreas amplias y tiene un margen de error elevado.

Pero no es, por supuesto, la única arma que está siendo usada en Ucrania, y podrían llegar más. Diversos países occidentales, entre ellos varios europeos, han confirmado en las últimas semanas envíos para apoyar al Ejército ucraniano. El presidente de EEUU, Joe Biden, incluso prometió un paquete de 800 millones de dólares en ayuda militar al país, y el encargado de prensa del Pentágono, John Kirby, informó del entrenamiento de militares ucranianos para el uso de obuses M777 Howitzer, según señaló recientemente Defence News. Rusia, por su parte, también ha usado diversas armas que han resultado letales para los civiles.

Algunos restos de la basura bélica que está dejando la guerra en Ucrania incluso han caído en los jardines de los vecinos de los suburbios de Járkov, como le ocurrió a Tatiana. Esta anciana cuenta que hace pocos días estaba escondida en su casa cuando un gran ruido la asustó. "Eran las 10 de la mañana, no lo vimos, lo escuchamos. Al principio pensamos que eran los perros pero luego nos dimos cuenta de que no. Cuando vuelan los misiles los perros empiezan a ladrar", asegura, mientras observa a los hombres cavar en la tierra para retirar el fragmento de misil que ahora está en el jardín de la anciana. El trabajo de estos jóvenes, de entre 25 y 28 años, incluso podría servir para documentar lo que está ocurriendo en Ucrania.

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