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ANÁLISIS a una semana DE LAS ELECCIONES

Lo que va del 28-A al 26-M

Compromís espera sumar votos para ser decisivo en los pactos y Ciudadanos confía en la marca . El PSPV debe rentabilizar la victoria de Ximo Puig y el PP se la juega tras sufrir una derrota histórica

 

Los candidatos de los principales partidos de Castelló, donde habría un empate técnico entre izquierda y derecha con los votos autonómicos del 28-A. - MEDITERRÁNEO

Javier Abad
19/05/2019

El mapa electoral que han dejado las elecciones del 28 de abril con una ajustada mayoría del tripartito de izquierdas (PSPV-Compromís-Podem) sobre el de derechas (PP-Ciudadanos-Vox) en Les Corts Valencianes deja muy abierta la segunda vuelta electoral del 26 de mayo. Extrapolar los resultados a unas municipales no deja de ser un ejercicio de riesgo. Pero la proyección, sobre todo de unas autonómicas –más cercanas al voto local que unas generales--, es útil como elemento de aproximación a lo que pueden dar de sí las locales, donde tanto PP como PSOE parten con ventaja al tener una estructura provincial más consolidada y una capacidad de movilización mayor para presentar candidaturas. Los primeros cubrirán el 100% con 135 listas, por las 129 de los socialistas.

Los amantes de las estadísticas calculan que un 30% de los ciudadanos suelen votar en clave distinta a un alcalde/sa que al candidato/a a la presidencia de la Generalitat o del Gobierno. Sin duda, la lucha por las alcaldías está más reñida de lo que parece.

¿Pero cómo afrontan el 26-M los principales partidos tras el doble cónclave electoral del 28-A?

PSPV: temor a morir de éxito tras ganar la doble cita

La victoria del PSPV de Ximo Puig después de 28 años --ganaron por última vez unas elecciones en la Comunitat en 1991-- puede ser un arma de doble filo si el partido no consigue mantener movilizado a su electorado. La llegada de Vox y el temor a la ultraderecha supuso un revulsivo para lograr una participación seis puntos por encima respecto a las autonómicas del 2015 --75,9% por el 69,6%--. El objetivo pasa por rentabilizar esa victoria, mantener activada a la base para retener la vara de mando en las principales ciudades de la provincia y sumar en el interior para hacerse con el control de la Diputación, que ahora sí es prioritaria, como lo ha dejado claro su secretario general en Castellón, Ernest Blanch.

El PP, ante una oportunidad para salir del pozo

El PP llega al 26-M con el miedo en el cuerpo tras sufrir una derrota histórica. Han cambiado de discurso, en Madrid, porque aquí Isabel Bonig ya realizó una campaña mirando más al centro que a la derecha. Pero la marca PP está muy tocada y cotiza a la baja. No obstante, hay esperanza. Los populares, analizados los resultados del 28-A, esperan que el voto inútil de Vox que ha dado ventaja a Puig y a Sánchez por la fragmentación del centro-derecha se convierta ahora en un voto útil y aquellos que huyeron en masa al partido de Abascal vuelvan a confiar en un PP que necesita como agua de mayo conservar al menos lo que ahora tiene, las diputaciones de Alicante y Castellón, y gobernar mediante pactos con Ciudadanos y Vox alguna alcaldía importante en base a esa proyección del voto autonómico como el caso de Castelló, Burriana, Almassora, Benicarló, Vinaròs, Onda… Lo contrario, complicaría mucho el futuro del PP y volvería al primer plano el debate sobre la refundación del partido e, incluso, sobre un cambio de siglas.

Ciudadanos se presenta con una grave crisis interna

La implantación de Ciudadanos a nivel municipal va en aumento --42 listas-- aunque lo basan todo al tirón de sus líderes nacionales y a una marca que no presenta síntomas de agotamiento. En 2015 entraron con fuerza en ayuntamientos y Diputación. El reto ahora, dados los resultados del 28-A, pasa por el sorpasso al PP en algunos municipios. Pero esa confianza en su marca les puede pasar factura por el desgaste de la grave crisis en la capital por el poder entre los partidarios de Alejandro Marín-Buck –el candidato- y Jesús Merino. Una guerra fratricida de consecuencias imprevisibles en las urnas. A ello se suma que ya tiene una condenada en sus filas: la diputada por Castellón Cristina Gabarda.

Compromís confía en lo local tras el susto del 28-A

Compromís sale de un susto en la doble cita del 28-A. Sabían, y así se ha constatado, que hacer coincidir las generales con las autonómicas les perjudicaba. Y no se equivocaron. En Madrid se han quedado con un diputado, mientras en la Comunitat han perdido dos –tendrán 17-, pero suficientes para ser importantes en el Botànic II. Ahora llegan las municipales, en la que estarán presentes en 43 pueblos, y la lógica apunta a que habrá un escenario de recuperación del voto por la cercanía de los candidatos y el tirón de haber estado gobernando en coalición en numerosos municipios. Si el suelo electoral de Compromís se sitúa en lo obtenido en las autonómicas, para ellos sería una buena señal al considerar que el retroceso no ha sido muy acusado, sobre todo en Castellón, donde incluso han ido a más y su candidato y aspirante a repetir de conseller, Vicent Marzà, fue el único que mantuvo el tipo frente a Valencia y Alicante.

Podem y Vox, dos partidos menores pero necesarios

Y llegamos a Podem y a Vox, con 12 y 7 listas respectivamente en la provincia. Dos partidos extremos, uno a la izquierda del PSOE y el otro a la derecha del PP. Y ambos con la particularidad de que son los que menos perspectivas tienen de voto pero a la vez los que pueden ser decisivos para conformar pactos de gobierno de los dos bloques en los que se ha divide ahora el mapa político.

En poco tiempo, hemos pasado del fin del bipartidismo al nacimiento del tripartidismo.