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Cita en Bruselas

Nuevo choque por los refugiados en la última cumbre de la UE del año

Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia quieren «resolver la migración fuera de Europa». Los contrarios al sistema de cuotas ofrecen dinero para no ser tachados de insolidarios

 

El francés Emmanuel Macron y la cancillera alemana Angela Merkel, durante la foto de familia. - AFP / EMMANUEL DUNAND

SILVIA MARTÍNEZ
15/12/2017

Para el grueso de los países de la Unión Europea (UE) la solidaridad significa, entre otras cosas, aplicar el régimen obligatorio de reparto de refugiados del que se dotaron hace dos años para aliviar la presión sobre Grecia e Italia, aunque algunos lo hayan hecho a regañadientes. Para los cuatro países del llamado bloque de Visegrado (V4) –Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia–, en cambio, es únicamente blindar la frontera del Mediterráneo para evitar llegadas masivas como las del 2015. Dos posturas antagónicas que han vuelto a chocar y a generar discordia en la última cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE del año.

La brecha entre el este y el oeste sigue siendo igual de grande que cuando estalló la crisis que trajo más de un millón de refugiados a la UE.

SISTEMA DE CUOTAS / El sistema de cuotas se ha convertido para los países del V4 en una cuestión de estado. Una línea roja infranqueable, en la que no piensan ceder ni un milímetro. Su desafío les ha costado hasta ahora a tres de ellos una denuncia ante el Tribunal de Justicia de la UE, pero en los últimos días han encontrado un extraño aliado. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, comparte su diagnóstico.

Las cuotas han generado «división» y han resultado «ineficaces», afirmó Tusk, quien consideró vital recuperar la unidad. «Estas divisiones van acompañadas de emociones que hacen difícil encontrar un lenguaje común y argumentos racionales para el debate», admitió ayer, horas antes del gran debate político de la cena de líderes europeos. La discusión se enmarca en el nuevo método de trabajo instaurado por los Veintiocho para abordar al más alto nivel los asuntos más espinosos. Aquellos en los que el choque de trenes y el bloqueo es tan absoluto que es imposible avanzar. Y no hay asunto más polémico que el sistema de cuotas.

Hasta el punto de que esta misma semana ha provocado un airado enfrentamiento institucional entre el Consejo Europeo y la Comisión Europea, que se ha tomado las opiniones de Tusk como un ataque a su propuesta estrella. «Donald intenta encontrar avances. Estamos en un punto muerto y debemos avanzar», justificó el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, rebajando la tensión. «Nadie está matando las cuotas. Discutimos sobre los mecanismos más eficientes para afrontar la inmigración. Vemos que en algunos países el sistema de cuotas es ineficiente y solo se ha aplicado parcialmente y necesitamos ver formas más eficaces de solventarlo. Pueden ser cuotas, expertos, dinero...», añadió la presidenta lituana, Dalia Gribauskaite.

BLINDAJE DE FRONTERAS EN LIBIA / Y esto es precisamente lo que han optado por hacer Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia para evitar seguir siendo tachados de insolidarios. Coincidiendo con esta última cumbre del año y el nuevo debate migratorio, los cuatro países han anunciado el desembolso de 35 millones de euros para apoyar un proyecto del Gobierno italiano destinado a blindar las fronteras de Libia porque consideran que «ha obtenido buenos resultados», explicó el primer ministro húngaro, Viktor Orban. «Es un buen proyecto que casa con nuestra forma de resolver la crisis migratoria fuera de Europa. Las cuotas no son la solución a la inmigración ilegal. Hay que resolver este problema luchando contra las mafias que ganan millones y traen gente a Europa prometiendo un futuro feliz que no van a lograr», advirtió el checo Andrej Babis. Es más, «si vemos en el futuro buenos proyectos, efectivos, estamos dispuestos a gastar más dinero porque estamos dispuestos a mostrar solidaridad», añadió el eslovaco Robert Fico.

El problema, sin embargo, no solo es el sistema de cuotas, el parche adoptado en el 2015. El verdadero obstáculo sigue siendo la reforma del sistema de asilo de Dublín, que obliga a tramitar las peticiones de asilo en el primer país de llegada, así como las sanciones propuestas por la Comisión para evitar que los países del sur sigan asumiendo solos la responsabilidad. «Este tipo de decisiones dividen. No hay consenso. Es un error continuar con cuestiones que dividen como las cuotas», insistió Fico. Pero por mucho dinero que hayan puesto sobre la mesa hay algo que no es negociable: la solidaridad. «No puede haber una solidaridad selectiva entre socios europeos. Los países que están en la frontera exterior tienen una gran responsabilidad. El sistema de Dublín no ha funcionado y por eso también necesitamos, internamente, soluciones solidarias», recuerda la cancillera alemana, Angela Merkel. Los líderes de la UE quieren respuestas de aquí a junio del 2018 y «cada uno» deberá «poner de su parte para llegar a la buena convergencia», reclamó el presidente francés, Emmanuel Macron.