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El turno

La conquista del Polo Sur

 

La conquista del Polo Sur -

Hidalgo
18/12/2011

El miércoles se cumplieron 100 años de la conquista del Polo Sur por parte de Amundsen. Este noruego, perteneciente a una familia acomodada de marinos y armadores, se sintió seducido por las regiones polares desde su infancia. Sus expediciones a las regiones del norte del planeta le proporcionaron el aprendizaje necesario para conquistar la Antártida. Se instruyó en las técnicas de supervivencia de los esquimales practicando el uso de trineos con perros de tiro y las raquetas de nieve.

Con 38 años, en enero de 1911, llegó a la barrera de hielo de Ross (tan grande como España, con un espesor de hielo de casi un kilómetro y a 1.300 kilómetros del Polo Sur magnético). Ancló su barco y levantó el campamento. Sabiendo que un mínimo error lo condenaría a una muerte segura, actuó con una férrea disciplina sin dejar nada a la improvisación. Por otro lado, el capitán Robert Scott, al frente de la expedición antártica británica, intentaba adelantarse al noruego.

Ambas expediciones emprendieron la marcha el 24 de octubre de 1911. Scott optó por la ruta abierta por otro expedicionario legendario, Ernest Shackleton, equipado con trineos motorizados (que no funcionaban), con caballos (que resbalaban continuamente) y perros (que nadie sabía guiar). Por otro lado, Amundsen siguió su propia ruta y solo usó perros, a los que no tuvo problema en sacrificar (24 de ellos) para alimentar al resto de la manada, dejando una parte de la carne almacenada para el grupo.

El veterano y metódico explorador noruego puso el pie en el punto más austral del planeta el 14 de diciembre de 1911. Levantó una tienda y dejó una carta para el rey de Noruega Haakon VII, y unas líneas para Scott: “Presumo que será el primero en llegar después de nosotros”. Efectivamente, descorazonado, hambriento y cegado por la nieve, Scott, junto a cuatro hombres de su expedición, llegó un mes después, viendo la tienda y la bandera noruega. Entonces supo que había perdido. Con vientos de 300 kilómetros por hora y a –50º, Scott y sus cuatro compañeros murieron en el camino de vuelta. H