El primer día después de las vacaciones -un lunes aún de agosto pero con aires de septiembre-, aumentó la movilidad de los ciudadanos en las grandes urbes. Pero con un notabilísimo descenso en relación al 2019. En Barcelona, hubo en el metro la mitad de pasajeros que en el primer día posvacacional de hace un año, y en Madrid, una cifra parecida, con algo más de aglomeraciones. Las causas son diversas. Cabe repartirlas entre una incorporación gradual a la actividad laboral, la consolidación del teletrabajo, una cierta fobia al transporte suburbano a causa del virus y, por supuesto, el impacto del paro y los ertes a causa de la crisis. TMB puso su empeño en que el día de retorno fuera fluido, con una ampliación de las frecuencias de paso y la disponibilidad del 100% de los convoyes. En la calle, también se notó el descenso, aunque en una menor proporción y con mayor cantidad de vehículos sostenibles, como las bicicletas. A lo largo de esta semana y, especialmente, con el inicio del curso escolar, tendrá que calibrarse hasta qué punto el retorno se desarrolla dentro de unos cauces aceptables para la seguridad sanitaria. Será el termómetro de cómo viviremos este otoño incierto.