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Alemania también tiene aeropuertos vacíos

Tras seis años de retrasos y un presupuesto 10 veces superior al planeado, Hamburgo inaugura su filarmónica. A pesar de su imagen impoluta la locomotora económica europea tiene una larga lista de grandes fracasos urbanísticos

 

Edificio de la Filamonía del Elba, en Hamburgo, este domingo. - FOCKE STRANGMANN / EFE

CARLES PLANAS BOU
29/01/2017

El aeropuerto fantasma de Castellón, la ciudad de la Cultura de Galicia o la de las Artes de Valencia. España está plagada de grandes fracasos urbanísticos, proyectos faraónicos y megalómanos que han terminado siendo un descalabro financiero. Tras los errores de planificación y la crisis del ladrillo, muchas de estas instalaciones han quedado desiertas o infrautilizadas mientras las arcas públicas han sido las víctimas de esta mala praxis. Pero a pesar de la magnitud del despilfarro público, España no es el único país donde eso ha sucedido.

A poco menos de 2.000 kilómetros al noreste, la reverenciada Alemania presenta una larga lista de fiascos urbanísticos. El pasado diciembre, la ciudad de Hamburgo inauguró por todo lo alto la Filarmonía del Elba (Elbphilharmonie), uno de los proyectos arquitectónicos más ambiciosos y controvertidos de la ciudad. El flamante edificio apunta a convertirse en un icono arquitectónico de Hamburgo y en uno de los mejores centros musicales del mundo, pero detrás de tanta celebración hay un importante descalabro urbanístico.

Según los planes iniciales la Filarmonía debía haberse finalizado el 2010 tras una inversión pública de 77 millones de euros. Seis años más tarde, el coste final ascendió a 789 millones, 10 veces superior al presupuesto acordado, lo que la convierten en el edificio más caro de la historia de la ciudad. Ahora las autoridades sacan pecho de un proyecto cultural que se ha convertido en un escándalo presupuestario subvencionado por los ciudadanos.

Diseñado por los arquitectos suizos Herzog y De Meuron, la Filarmonía cuenta con un hotel, apartamentos y dos salas para conciertos. Los constantes retrasos tras casi 10 años de obras y polémicas como la compra de escobillas de casi 300 euros, tuvieron su factura política con la dimisión en el 2010 de Ole von Beust, el popular alcalde de la ciudad que gobernaba desde el 2001. Tras su dimisión los conservadores se hundieron un 20,7% en las elecciones y cedieron a los socialdemócratas el control de esta prestigiosa ciudad-estado reconocida por tener el segundo puerto más grande de Europa y por ser un centro cultural y ecológico de primer nivel.

UN AEROPUERTO FANTASMA EN BERLÍN

Pero hablar de despropósitos urbanísticos en Alemania es hacerlo del aeropuerto Willy Brandt (o Schönefeld) de Berlín, un desastre de proporciones calatrávicas y un escándalo administrativo sin precedentes. En 1996 se acordó la creación de esta infraestructura bajo manos privadas pero en el 2006 se cambió el plan para que fuese una propiedad pública con un presupuesto de 1.700 millones de euros. Once años más tarde la capital aún no tiene una fecha segura para su inauguración, que se fijó para el 2011.

Este megaproyecto, que se ha prorrogado por enésima vez hasta el 2018, ha demostrado que en Alemania también hay grandes fiascos urbanísticos plagados de casos de corrupción y sobrecostes multimillonarios. Quiebras de las principales empresas constructoras por presuntos delitos económicos, funcionarios aceptando sobornos, más de 60.000 fallos técnicos en los sistemas de seguridad denunciados en informes y un coste que se calcula que sobrepase los 5.000 millones de euros. Además de forzar la dimisión del alcalde Klaus Wowereit, impulsor del proyecto y uno de los políticos más valorados del país, este aeropuerto fantasma se ha convertido en una vergüenza nacional.

LARGA LISTA DE FRACASOS

Si hay una ciudad que parece estar en el centro del despilfarro esta es Berlín. Al aeropuerto vacío hay que sumarle el traspaso de una sede de los servicios de inteligencia, anteriormente en Múnich, en construcción desde el 2006 y que ha pasado de los 500 millones de euros a alrededor de 1,4 millones. Por otro lado, la reconversión del palacio destruido de Stadtschloss pactada en el 2007 aun está paralizada con un coste que superará los 590 millones de euros.

Más allá de la capital, en Stuttgart, la estación de trenes ha pasado de tener un coste de 2.500 millones de euros en el 2008 a hincharse hasta los 6.800 millones en el 2012, un aumento que ha abierto una lucha entre la administración federal, la estatal y la local para saber quien se hará cargo de los 1.200 millones calculados como “riesgos externos”. Tras múltiples protestas por el sobrecoste se espera que abra en el 2021.

En Colonia, la nueva línea del metro ha sido aún más accidentada. En el 2004 se empezaron las obras pero en el 2009 se hundió un túnel en el que murieron dos operarios y se perdieron 1.000 millones de euros en reparaciones de daño. El precio total ha pasado de 600 a 1.040 millones y, aunque algunas partes ya funcionan, la línea no operará al completo hasta el 2019 o el 2021. Alemania no está exenta de escándalos del ladrillo.