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SOCIEDAD

Los expertos denuncian la normalización del racismo en internet

Un informe del Proyecto Prism concluye que la red ha banalizado el discurso del odio

 

Inspección de restos del avión de Germanwings, un caso que desató el discurso del odio hacia los catalanes en internet. - GONZALO FUENTES

MAURICIO BERNAL / BARCELONA
22/07/2016

Una peligrosa normalización del racismo y la xenofobia está teniendo lugar en internet, y sus dos más preocupantes consecuencias son, por un lado, que los agredidos lo están asumiendo como algo rutinario, algo que es parte de su vida, y no lo denuncian, y por otro lado, que los agresores se acostumbran a que digan lo que digan, cualquier vileza o barbaridad, no pasa nada. Es lo que denuncia el estudio sobre el discurso del odio en la red que ha llevado a cabo el Proyecto Prism, un grupo de trabajo conformado por 10 instituciones europeas, entre ellas la Universitat de Barcelona (UB), puesto en marcha precisamente para diagnosticar qué ocurre.

De los racistas y xenófobos de siempre ya se sabe qué esperar, pero “el discurso más peligroso es el que se normaliza”, el que forma parte de la rutina, señaló la profesora e investigadora de Antropología de la UB, y coordinadora del estudio en España, Olga Jubany,durante la presentación del informe. Centrado en el racismo y la xenofobia –y en cuatro actitudes básicas: islamofobia, antisemitismo, discriminación de gitanos y discriminación de inmigrantes–, el estudio encontró que internet ha contribuido a la banalización de algo que está castigado por ley. “La legislación no ampara el discurso del odio”, afirmó tajantemente la investigadora.

FACEBOOK PATINA


“Internet ha supuesto un salto cualitativo en muchas cosas, incluida la difusión del discurso del odio”, declaró el antropólogo Miguel Pajares, participante en el proyecto. En las redes sociales, en el espacio que la prensa digital reserva para los comentarios de los lectores y en los foros de discusión, el Proyecto Prim advierte esta banalización, que no es combatida como se esperaría. Los expertos dicen que la prensa digital está “sensibilizada” al respecto, pero que carece de los recursos necesarios para controlar el desmadre de los comentarios, y además, no se coordina con las redes sociales, adonde saltan con frecuencia los debates iniciados en sus páginas. Es necesario, dice el informe, hacer seguimiento, marcar de cerca el discurso del odio.

Las redes sociales tampoco lo hacen especialmente bien. Los investigadores llevaron a cabo un experimento con Facebook y denunciaron ante la red social un centenar de mensajes de odio, claramente de odio –“mensajes flagrantes que incitaban a la violencia”–, y esperaron a ver qué pasaba. De 100 mensajes denunciados, solo 9 fueron retirados; los otros no violaban, según Facebook, “las normas de la comunidad”. “Pero luego, al analizar lo que retiran y lo que no retiran, ves que los unos son perfectamente intercambiables con los otros”, dijo Jubany.

RESIGNACIÓN DE LOS AGREDIDOS


Se ignora qué criterios aplica la red social. Se ignora por qué considera odio un mensaje que dice: “Vuelva a abrir los hornos", y no uno que dice: “Matarlos a todos sin piedad”. O por qué considera odio: “Los perros son más discretos que los musulmanes”, y no: “Dachau llama…” Se echa de menos algo de transparencia, señala el Proyecto Prism, sobre todo teniendo en cuenta que, al no existir casi denuncias ante el juez, tampoco hay estadísticas en torno al fenómeno. Facebook podría echar luz sobre el tema revelando, por ejemplo, cuántas denuncias recibe.

No hay denuncias. Entre los musulmanes con los que entraron en contacto los investigadores se había instalado la costumbre: el terrible hábito de darlo por sentado. Algo así como: soy musulmán y vivo en Europa, ergo me insultan. Son el colectivo más acostumbrado. “No denuncian porque forma parte de su día a día –explicó Jubany–. Y como no hay denuncias, parece que hay pocos casos, pero no es así”. Según la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, entre el 60% y el 90% de las víctimas de delitos de odio no denuncian ante la justicia, dice el informe. No denuncian ni judicialmente y tampoco lo hacen ante el proveedor del servicio, llámese Facebook, llámese Twitter, “porque hay desconfianza”: si de 100 mensajes incontestablemente violentos solo quitan nueve, ¿para qué molestarse?

MINORÍAS Y MAYORÍAS


El discurso del odio apunta en general a las minorías, que son minorías y carecen de los mismos medios para defenderse que tienen los grupos hegemónicos. Es ilustrativo que cuando tuvo lugar el accidente del avión de Germanwings y aparecieron en internetmensajes deseando que hubiera catalanes (muertos) a bordo, la respuesta masiva desencadenara incluso medidas judiciales. “Entonces sí hubo movilización –dice Jubany– porque afectaba no precisamente a una minoría. Cuando se trata de minoríasnos cuesta tener empatía, comprender que las minorías son nosotros y nosotros somos ellos”.

¿Quiere todo esto decir que internet es un nido de vileza? No exactamente: tan solo es el espejo –o el apéndice– de la sociedad en la que vivimos. “El problema está en que el discurso del odio se expande por todas las esferas de la sociedad”, lamentó Pajares. “Hay partidos políticos que tienen en su base este discurso del odio y por eso están creciendo”. En términos de racismo y xenofobia, el listón de lo intolerable no es lo que solía ser.