Querido/a lector/a, creo que fue la noche del domingo cuando, como consecuencia de la llegada de inmigrantes desde Marruecos a Ceuta, tuve la oportunidad de escuchar en el programa El objetivo de Ana Pastor a Santiago Agrelo (el arzobispo emérito de Tánger) hablar de la inmigración. La cuestión es que, tanto me gustó e impresionó el sentimiento fraternal y el compromiso de Agrelo con los pobres en general y, con los inmigrantes en concreto, que terminada la entrevista me sumergí en las redes, en eso que ahora se conoce como la tecnosociabilidad o autocomunicación de masas o, si se prefiere, la comunicación directa que permite, sin monopolios de intermediación, conocer de primera mano la vida y obra de un buen hombre como este.

Así, por ejemplo, me enteré de que llegó a Tánger votando al PP y, años después y por razones de falta de humanidad, condenaba la política de ese partido y de Vox para con los inmigrantes. Incluso, más aún, cogía su coche y repartía comida por las carreteras y los bosques donde yacían lo inmigrantes escondidos, no toleraba que se uniera el concepto inmigración sin papeles con delincuencia, cedía sus iglesias para que pudiesen dormir y asearse, criticaba al programa Las mañanas de la Cope porque no lo encontraba coherente con la ética del evangelio, no aceptaba que con el dinero del presupuesto del Ayuntamiento de Ceuta no se reparará ninguna iglesia (según él esos fondos salían de recortar las partidas destinadas a los pobres y a los menores llegados de África)... Circunstancias de la vida de un cristiano que te obligan a preguntarte si también son cristianos los otros obispos y los ocho millones de personas que, según la propia iglesia, van todos los domingos a misa. Imagino que si, pero es evidente que en comparación con Agrelo no lo parecen. Dios sabrá.

Analista político