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El Periódico Mediterráneo

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Juego de tronos

Pedro Sánchez vuelve a la resistencia

El presidente del Gobierno presume de haber combatido una pandemia, un volcán y una guerra, pero esta épica no le resulta, por ahora, suficiente para remontar en las encuestas

Pedro Sánchez.

Hay equipos de fútbol que juegan mejor si no tienen la posesión de la pelota. Se dice del Atlético de Madrid de Simeone y algunos lo piensan del Real Madrid de Ancelotti. Sea como sea en política también hay líderes que están más a gusto con el viento de cara que de cola. Pedro Sánchez ha hecho gala de esta condición. Poco después de acceder a la presidencia del Gobierno publicó Manual de resistencia, un libro en el que se jactaba de ser el primer ganador de una moción de censura, el primer secretario general elegido en unas primarias contra el aparato del partido y el primer líder de la oposición que dimitió por coherencia con sus ideas. En esta legislatura presume de haber combatido una pandemia, un volcán y una guerra. Pero esta épica no le resulta, por ahora, suficiente para remontar en las encuestas. De manera que cuando falta menos de un mes para las elecciones andaluzas en las que se juega más que en las que perdió en Madrid, ha decidido ponerse obstáculos mayores y quedarse sin socios estables, ni en el Gobierno ni en el Parlamento. Y en algunos momentos parece que quiera quedarse sin el apoyo de una parte de su propio partido. Volver a la resistencia.

Pegasus, un juego de suma cero

La crisis de confianza abierta con Esquerra a raíz de las escuchas con el sotfware Pegasus que afectaron al actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, no se cerró el jueves. El movimiento más que peculiar de denunciar que el propio Sánchez también había sido víctima sirvió para ofrecer en bandeja la cabeza de la directora del CNI, Paz Esteban, pero en ningún caso para apaciguar las dudas independentistas. La operación Pegasus, vista en perspectiva, ha alejado a Esquerra, ha empoderado a Margarita Robles y ha incrementado los recelos de los aparatos del Estado con este presidente y con este Gobierno. Un mal negocio, un juego de suma cero del que alguien en el entorno del presidente debería hacerse responsable.

Aquí no hay nadie imprescindible

Volver a a la resistencia implica que nada ni nadie es imprescindible. Desde la fallida votación de la reforma laboral, Sánchez tenía ganas de demostrarle a Esquerra que no era imprescindible. El jueves remató la faena gracias a la votación de la ley audiovisual, una mera transposición de una directiva de la UE, que acabó aprobando con la abstención del PP, y ... de Podemos, su socio de Gobierno., más precariedad imposible. Bueno, precariedad política, porque lo que dejó claro esa votación es que Sánchez prefiere que le aplaudan en las televisiones privadas que en la gala de los Goya. Desde el jueves, Podemos en el Gobierno y Esquerra en el Congreso tienen menos que negociar porque Sánchez les ha dicho a las claras que puede seguir adelante sin ellos, aunque no se sepa exactamente en qué dirección. ¿Sueña con tener algún día mayoría absoluta? ¿Se ha convertido de repente a la teoría de la gran coalición? ¿O simplemente busca cambiar de socio cada semana hasta las elecciones andaluzas?

Los malabarismos no ayudan a la economía

Todos estos malabarismos se producen en un proceso lento y en algunos casos imperceptible de deterioro de los fundamentos de la economía española. La recuperación del PIB se ralentiza atenazada por una inflación estructural y un empleo mejor repartido pero de menor valor añadido, la deuda se incrementa aliviada por la prolongación de la suspensión de las reglas fiscales europeas, pero el horizonte de la subida de tipos es una losa que amenaza a los consumidores y a las empresas. A demasiados analistas y a más de un empresario, los fondos Next Generation le empiezan a recordar lo que ocurrió en el 2008 con el plan E de Zapatero que puso sobre la mesa una ingente cantidad de dinero público que no hubo manera de absorber y en algunos casos se invirtió más en carteles que en obras. La cuantía no tiene nada que ver y el gasto va, en buena parte, contra las garantías europeas y no contra la deuda española, pero está claro que hay algo peor que no gastar en tiempos de crisis, malgastar sin conseguir los objetivos estructurales que se pretenden. Los austericidas están al acecho de que eso ocurra. Por eso se prestan a los malabarismos del resistente Sánchez.

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